Serpentor – Teatro Vorterix (21-05-2016)

12924605_10153656603141775_8564423186759406404_nHace quince años Serpentor, la que hoy es la banda más representativa del thrash nacional, estaba dando sus primeros pasos. La edición de su primer disco auto-titulado en el 2001 se podría decir que marcó un hito en la escena thrashera, coincidiendo con el revival del género a nivel mundial. Para ese entonces, las bandas icónicas del thrash de los ’90 (Lethal, Nepal, Militia, etc) habían cesado su actividad o se alejaron del género (Horcas). La apuesta del quinteto originado en Rafael Castillo por un estilo que muchos habían dejado de lado sentó las bases para el regreso del thrash a los primeros planos de la escena argentina y la buena salud de la que goza hoy en día.

Con motivo de la reedición de su primer álbum (con su arte original), el conjunto decidió celebrar su primer show en el Teatro Vorterix, con la formación que grabó aquel disco. Esto significó el regreso (provisorio) del baterista Sergio Gómez (Lethal), quién se había alejado de las filas de la serpiente luego de la edición de Final Sangriento (2007). Junto a otras grandes bandas de la escena como lo son Metralla, Osamenta, Manifiesto y Dark Warrior, la fiesta estaba  completa.

El principal atractivo del show, además del regreso de la formación original, era escuchar en vivo por completo el primer disco, incluyendo grandes canciones que no suelen tocar seguido en vivo.  A finales del 2012 ya lo habían ejecutado en su totalidad en un show en Vadenuevo (Morón), pero  sin dudas este evento tuvo una escala mucho mayor. Entonces, desde el brutal inicio con “Ángeles de la oscuridad” y “El juicio final”, la noche fue una seguidilla continúa de puras bombas del mejor thrash: machaques feroces, rugidos violentos y puro odio.

“Condenado al infierno”, “Tierra sucia” y sobretodo “Maldito punga” fueron otros de los temas que no suenan a menudo y despertaron las pasiones más violentas de los presentes en forma de fuertes pogos. Por supuesto, también viejos clásicos como “Vomitando odio”, “Eterna oscuridad” o “Militares criminales” contaron con la eficacia que los caracteriza. Para el final dejaron otras dos canciones infaltables e infalibles, que pertenecen a Poseído (2004): “Asesino” y “Mirar sin ver”. De esta forma, con una brutal dosis de thrash, Serpentor festejó su pasado, al tiempo que confirmaron su gran presente.

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Cronista: Sebastián De la Sierra
Fotógrafo: Martin Delgado




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