HellFest, Día 1 – Francia (17-06-2016)

Hellfest-2016-Poster¿Qué buen amante de la música pesada no ha soñado alguna vez con vivir en carne propia los festivales europeos, con más de un centenar de artistas de los cuáles muchos nunca pisaron (y probablemente nunca lo hagan) tierra argentina? Cada año al ver la espectacular grilla de Hellfest moría por tener la oportunidad de asistir y afortunadamente este 2016 pude cumplir ese sueño. Este texto, si bien pretende funcionar como reseña del festival y su ambiente, muestra la experiencia subjetiva de un asistente más al evento que por razones lógicas escogió ver a las bandas que son de su mayor agrado.

Para aquellos que no saben, Hellfest es un multitudinario evento que se desarrolla anualmente el tercer fin de semana de Junio en la localidad francesa de Clisson, a pocos km de Nantes. La primera edición fue en el año 2006 y desde entonces no ha parado de crecer, llegando a disputarle al histórico Wacken alemán su posición como el festival más grande. Los abonos para los tres días se agotaron en tan solo quince días en Septiembre del año pasado, antes de anunciar los artistas que formarían parte del evento. Es el primer año que se manejaron con esta modalidad, demostrando el voto de confianza por parte de la gente acostumbrada a grillas que jamás decepcionan. Finalmente, los headliners anunciados fueron Rammstein, Twisted Sister y Black Sabbath, estos dos últimos en el marco de sus giras despedida.

Desde el día jueves, las huestes metaleras se fueron congregando en el predio, instalando sus carpas y dando lugar a una incesante maratón etílica. Inicialmente iba a arribar el día viernes por la mañana, pero un infortunio con el tren demoró el asunto hasta el mediodía. La emoción al arribar es enorme.  En la zona de «Hellcity square» y «The Metal Corner» se encuentra de todo: diversos stands de comida y marcas patrocinadoras (Gibson, Dr Martens, etc), el «Extreme Market» donde se consigue todo tipo de cds, vinilos, ropa y accesorios, numerosos baños, urinales y canillas, zona de duchas, lockers, máquinas para retirar efectivo, entre muchos otros.  En esta zona y en el camping, se puede consumir todo tipo de productos adquiridos fuera del predio. Estos no son permitidos en el área del festival, por lo que los controles generan un lento ingreso a la misma, formándose largas colas dada la cantidad de personas. De todas formas, esto se puede evitar ingresando a primera hora (10:00), y el personal de control en todo momento mostró buena predisposición.

El festival cuenta con dos escenarios principales y otros cuatro temáticos: The Temple (black y folk metal), the Altar (death y thrash metal), the Valley (stoner, sludge, drone y doom metal) y the Warzone (hardcore y punk). Frente a cada carpa (según mi estimación del tamaño del campo del viejo Obras) una pantalla mostraba lo que sucedía dentro para aquellos que observaban descansando en el pasto fuera de las mismas. La zona es enorme y tiene una distribución estratégica de diversos baños, bares, stands de merchandising oficial del festival y puntos de recarga de la Cashless card. Esta tarjeta reemplaza al dinero en efectivo en los puestos oficiales de comida («Hell snack») y en los bares. Allí la cerveza era la reina: las canillas de Kronenbourg y Grimbergen llenaban los vasos plásticos recargables de 2,8 y 6,0 cl (3,5 y 7€ aprox) y la jarra de 1,5 lt. (15€ aprox) También se podía obtener sidra, red bull y gaseosas. Otro stand estaba dedicado exclusivamente al vino. Como se ve, el alcohol circulaba libremente, lejos de las zonas restringidas para su consumo que suelen implementar en Argentina. Con los vasos reutilizables y coleccionables se evita el gasto innecesario de plástico. La conciencia ambiental está mucho más desarrollada, por ejemplo en la separación de la basura. Con la cashless card se agiliza enormemente la dinámica de las barras.

Por otra parte están los diversos puestos independientes en el patio de comidas, que se abonaban en efectivo (un promedio de 10€ cada plato). Habían stands de comidas regionales tales como francesa, mexicana, libanesa, india, argentina, tailandesa o húngara, incluyendo variadas  opciones para veganos y vegetarianos.  Otro stand vendía té, café y jugo. Depende el momento había más o menos fila, pero nunca más de dos minutos ya que avanzaban rápido.  Por otro lado están los clásicos monumentos del festival como el árbol metálico cuyas ramas forman la palabra Hellfest o la enorme mano cornuta. Atravesando la zona boscosa que lleva a la Warzone y a la enorme Vuelta al mundo, encontramos un nuevo monumento de varios metros de altura dedicado al eterno Lemmy Kilmister. Por esa zona se realizaban además shows de skate varias veces al día.

El público estaba formado principalmente por franceses, aunque se estima que un tercio de los asistentes son extranjeros (muchos europeos y también de otros  continentes). En general muy respetuoso y tranquilo, sin generar conflicto alguno. En algunos shows (Municipal Waste, Moonsorrow, Heidevolk) el stage-diving era casi constante. No obstante, el personal de prevención siempre se mostró amable y con buena onda, contrastando con la frecuente prepotencia con la que se suelen manejar en Argentina. La diversidad de personajes bizarros que crucé a lo largo de los tres días fue sorprendente: gordos barbudos con chaleco rosa con parches de Hello Kitty o con elegantes vestidos de mujer, otros con trajes de peluche o máscaras de animales que vendían en el festival, guerreros vikingos o cruzados, algunos semidesnudos, entre otros tantos.

En total llegué a ver 15 bandas el primer día, 19 el segundo y 20 el último. Algunos shows los vi de manera parcial ya que se superponían bandas que no podía dejar de ver, y en otros casos por ir a comprar víveres. Hay cinco minutos de diferencia entre cada show, más que suficiente para trasladarse de un escenario a otro. Inclusive en menos de cinco minutos es posible trasladarse desde las carpas hacia una buena posición frente al escenario principal durante un show o en el momento inmediatamente previo al mismo. Esto es posible ya que, si bien es una enorme masa de gente, no hay amontonamiento. Sinceramente no sabía si iba a poder aguantar físicamente 15 horas diarias parado, con el constante ir y venir de un escenario a otro, y con breves descansos. Al final por supuesto me mantuve de pie hasta el final, gracias a la adrenalina de la música y la ayuda del café matutino, el Red Bull promediando la tarde y algunos pares de vasos de cerveza.

El viernes no alcancé a ver a Stoned Jesus, Monolord y Wo Fat, las tres primeras bandas en presentarse en el Valle. Por los ucranianos no lo lamenté tanto ya que los vi en su visita a Buenos Aires hace poco más de un mes. Ojalá pueda ver a los otros dos en algún futuro. Entonces, luego de acampar, alimentarme y comprar la primera cerveza, llegué a ver a los italianos Sadist, death progresivo técnico de gran virtuosismo. Como mejor exponente del death de la jornada, los polacos Vader sacudieron el Altar a fuerza de blast beats y riffs cargados de brutalidad.

El viernes también tuvo gran representación del thrash. Havok demostró a pura rabia que son el futuro del género. Unos históricos como Sacred Reich sonaron de excelencia y sorprendieron con un cover de War Pigs muy similar al original. Overkill fue pura agresividad: la versión acelerada de Elimination no dejó cabeza sin sacudir. Un momento llamativo fue el stage-diving de un hombre en silla de ruedas. Anthrax se presentó en el escenario principal, pero decidí quedarme en el Templo. Finalmente Testament cerró el Altar, aunque fallaron en lo mismo que en cada vez que los vi: el sonido está tan fuerte que se transforma en una bola de ruido casi ininteligible.

En el Valle pude ver parte del show de Earth (simultáneo con Vader), bajando así mil revoluciones para entrar en un trance. Los surcoreanos Jambinai fueron indudablemente una de las bandas más interesantes del festival gracias al uso de instrumentos milenarios autóctonos como el geomungo, haegum o piri. El resultado final es de índole experimental, bastante influenciado por el post rock pero absolutamente original. A la medianoche cerrando el escenario, Sunn O))) destrozó todo a su alcance. El drone no es un estilo para cualquiera, completamente opuesto al formato tradicional de música. Pero en vivo es una experiencia que vale la pena vivir: los densos y tenebrosos acordes repetitivos y la hipnótica vocalización te atrapan, te sumergen y te aplastan. Luego de veinte minutos fui al escenario donde estaba presentándose Testament (banda que en los papeles me gusta más) pero luego de un par de temas, me sedujo más la abrasadora pared de sonido del grupo de Greg Anderson.

En el campo Black pude ver los shows de los fineses Behexen y los noruegos Kampfar, los primeros abordan el género desde el lado más oscuro y satanista mientras que los últimos lo hacen desde lo pagano e incorporan elementos folk. Más tarde, el dúo colombiano Inquisition estremeció el Templo con su sonido hipnotizante. Aura Noir explotó con un enérgico ataque de black thrash. El cierre de la noche con Abbath fue lo mejor del viernes. Tan solo con verlo con un cuerno en una mano y una antorcha en la otra bastó para brindar un carácter épico al show. Black metal congelado desde el corazón del invierno, con varias canciones de su primer disco como solista, un cover de I y varias de Immortal como “One by one” o “In my kingdom cold”.

Galería de Fotos:
 

Cronista: Sebastián De la Sierra
Fotografías: Iñigo Malvido (Gentileza InfoRock.Net)




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