HellFest, Día 3 – Francia (19-06-2016)

Hellfest-2016-Poster-200x3001¿Qué buen amante de la música pesada no ha soñado alguna vez con vivir en carne propia los festivales europeos, con más de un centenar de artistas de los cuáles muchos nunca pisaron (y probablemente nunca lo hagan) tierra argentina? Cada año al ver la espectacular grilla de Hellfest moría por tener la oportunidad de asistir y afortunadamente este 2016 pude cumplir ese sueño. Este texto, si bien pretende funcionar como reseñadel festival y su ambiente, muestra la experiencia subjetiva de un asistente más al evento que por razones lógicas escogió ver a las bandas que son de su mayor agrado.

Para aquellos que no saben, Hellfest es un multitudinario evento que se desarrolla anualmente el tercer fin de semana de Junio en la localidad francesa de Clisson, a pocos km de Nantes. La primera edición fue en el año 2006 y desde entonces no ha parado de crecer, llegando a disputarle al histórico Wacken alemán su posición como el festival más grande. Los abonos para los tres días se agotaron en tan solo quince días en Septiembre del año pasado, antes de anunciar los artistas que formarían parte del evento. Es el primer año que se manejaron con esta modalidad, demostrando el voto de confianza por parte de la gente acostumbrada a grillas que jamás decepcionan. Finalmente, los headliners anunciados fueron Rammstein, Twisted Sister y Black Sabbath, estos dos últimos en el marco de sus giras despedida.

El tercer y último día del festival lo comencé bien temprano desde las 10:30 hs con el show de los alemanes Stonebirds. Realmente muy intenso arrancar tan temprano pero pocas cosas vale tanto la pena. En los escenarios principales desde temprano desfilaron grandes bandas de muy diverso origen y sonido. Por ejemplo, los jóvenes rockeros Raveneye demostraron que aún se encuentra viva la llama de los años ’70 y a base de mucha actitud demuestran el potencial de ser una de las próximas grandes bandas. Lo mismo se aplica a Vintage Trouble, conjunto que si bien a priori su propuesta rhythm & blues no parecería encajar del todo en un festival de metal, su fuerte personalidad y el carisma del cantante Ty Taylor (quien por varios minutos desapareció entre la multitud y regresó “nadando” en un mar humano) lograron ponerse en el bolsillo a la audiencia y ser uno de los actos más aplaudidos. Entre medio, los thrashers Municipal Waste originaron enormes rondas de pogo bajo el sol del mediodía, a base de machaques descontrolados. Orphaned Land, conjunto israelita que interpreta una muy original fusión de metal progresivo con sonidos de medio oriente, fue otra de las grandes sorpresas de la primera parte de la jornada.

Posteriormente en el Altar tuve el enorme agrado de ver a The Skull, conformado por las leyendas del doom Eric Wagner y Ron Holzner, ex integrantes de Trouble. Varios temas de su disco For those which are asleep y clásicos de Trouble como “The Tempter” y “At the end of my gaze” deleitaron a los fanáticos del doom. Más tarde tocaron en el Valle los barbudos alemanes Kadavar, una de las bandas más representativas de la nueva corriente del  rock retro de sonido y estética setentosa. Por el costado black en el Templo, desfilaron los alemanes The Vision Bleak con una interesante propuesta de aires folk, y los oscuros polacos Mgła, quienes editaron en el 2015 el disco Exercises in futility, ampliamente aclamado como uno de los mejores discos del año por diversos medios. Su show en vivo es decididamente intenso y aplastante, y las caras de los músicos cubiertas por medias negras les otorgaban una mística mayor. Pero debo decir que los campeones del black metal de la jornada fueron los noruegos Taake. Si bien me perdí el principio de su show (no podía dejar de escuchar un par eternos clásicos de Slayer, veloces y agresivos como siempre), la cosa fue extremadamente brutal e inevitablemente me dejó con ganas de más (una lástima que luego del frustrado show en Argentina en agosto de 2015 parecería difícil que se concrete su llegada en el futuro). Fue un concierto basado mayormente en su disco Noregs Vaapen, destacándose la inclusión del banjo en “Myr”, instrumento muy poco común para los estándares del género. El final con un clásico de la talla de “Nattestid Ser Porten Vid I”.

A partir de entonces, el nivel y la intensidad de las emociones en cada show irían en un crescendo constante. Katatonia salió a presentar su nuevo disco The fall of hearts (el mejor del 2016 en mi opinión), deleitando a los presentes en el Altar con sus melancólicas melodías. “Serac”, “Deliberation” y “My twin” fueron de lo más destacado de su show de impecable sonido. Promediando el set, corrí hacia el escenario principal donde Amon Amarth hacía de las suyas con “Runes for my memory” y “War of the gods”. Es la primera vez que tocaban en el escenario principal de Hellfest y lo tuvieron bien merecido. Con una imponente escenografía, el final a todo trapo fue con “Twilight of the thunder god”, mientras Johan Hegg daba martillazos que emanaban fuego. Con los alemanes Empyrium, reformados hace unos años, bajamos un poco las revoluciones en favor de bellas y tristes melodías. Pianos, violines y una impronta folk fueron los condimentos claves de un show épico. Y si de epicidad hablamos hay que aludir a los suecos Grand Magus, cuya propuesta es un heavy metal a puro huevo guerrero, una especie de encarnación vikinga de Manowar. Otra de las bandas que más esperaba ver era a Enslaved, íconos del black noruego que si bien, a lo largo de su carrera han incursionado por sendas progresivas, se encuentran realizando sus shows de celebración de sus 25 años como banda, focalizándose en su material más antiguo, sobre todo el clásico disco Frost de 1994 como “Jotunblod” y “Fenris”. Realmente lo suyo es espectacular, con una intensidad pocas veces vista. Con todo el pesar del mundo me tuve que retirar luego de media hora de show ya que Black Sabbath (la banda que más esperaba ver) iba a empezar inminentemente.

Ante una enormidad de público, los creadores del heavy metal encararon un nuevo show de su gira despedida bien encendidos. Ozzy tuvo una muy buena noche, con un gran estado vocal y sus características arengas que lo hacen tan querido por todos. Desde el inicio con “Black Sabbath” que estremeció a más de uno, pasando por himnos como “Faires wear boots”, “Snowblind” o “War pigs”, todo estuvo cargado de la emoción propia de saber que era una despedida. Es difícil imaginar un mundo sin Black Sabbath. Afortunadamente, hace muy poco trascendió la noticia de que el cáncer que le fuera diagnosticado a Tony Iommi en 2012 ha entrado en remisión, por lo que quizás éste no sea realmente el final después de todo. Si del Señor de los Riffs hablamos, no se puede no hacer referencia a “Into the void”, el que no dudaría de calificar como EL mejor riff de la historia. Hacia el final, los temas clásicos de la banda como “Iron man”, “Children of the grave” y “Paranoid” hicieron delirar a muchos, celebrando el legado eterno de una banda eterna.

Lo mejor de este tipo de festivales es la sumatoria de emociones que, en el calor del momento, no permiten ser plenamente consciente de la magnitud de lo vivido. Así, tan solo cinco minutos más tarde, en el escenario vecino salió a escena King Diamond. Los muchos que se retiraron después de Sabbath se perdieron el que fue, sin temor alguno, el mejor show del festival. Luego de repasar brevemente sus discos clásicos y las inevitables gemas de Mercyful fate como “Melissa” y “Come to the Sabbath”, ejecutaron en su totalidad la obra conceptual Abigail, acaso la obra más lograda del catálogo del danés. El espectáculo es verdaderamente una obra teatral, con escenografías cambiantes, una actriz que iba encarnando a los diferentes personajes de la historia junto al mismo Rey Diamante, quien se encuentra en un estado vocal envidiable. Así culminó de la mejor manera un festival que no se cansa de hacer historia. Me fui con la certeza de regresar. Muy pronto.

Galería de Fotos:

Cronista: Sebastián De la Sierra
Fotografías: Iñigo Malvido (Gentileza InfoRock.Net)




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