Megadeth – Luna Park (23-08-2016)

unnamed-1Dave Mustaine es un distinto. Es un boludo bocón y un músico excepcional. Es el viejo cascarrabias que lame las botas del ejército, y es ese pendejo rabioso que escribió algunas de las mejores canciones de los 80s. Esos mundos colisionan en el instante en que Megadeth sale al escenario, cada noche una incógnita de cual hemisferio triunfara en esa guerra sin cuartel que el colorado nos describió en “Sweating Bullets”. Dystopia es un éxito como disco y como tour, después del  fiasco de Supercollider la incorporación de Kiko Loureiro pareciera haber sido fundamental para este buen momento musical. Eso sí, en vivo hay una suerte de azar: puede tocarte el Megadeth desecho del Hellfest o el ataque eléctrico de la noche del 23 de Agosto en el Luna Park.

Es imposible no manijearse un poco en la caravana rumbo al mítico Palacio de los Deportes. Confieso que tenía mis dudas, pero las palie matando neuronas escuchando So Far…So Good…So What en repetición constante. El 60 estaba repleto, en la rendija entre mis auriculares y mis oídos había una distancia de 28 años que se hacía diminuta al lado de los monumentales riffs de “Mary Jane” o “Hook in Mouth”. El metal es un género condenado a tener un pie en la melancolía. Casi como un tango eléctrico, recuerda siempre el pasado como un mundo perdido y perfecto como aquel que promete “In My Darkest Hour”. Claro, para alcanzarlo primero hay que morir, pequeño detalle.

Las puertas abrieron pisando las 19.30 hs y al poco tiempo Helker estaba sobre las tablas cumpliendo con la dura tarea de apaciguar a las fieras. Es una epopeya con la cual los muchachos ya están familiarizados. No es la primera vez que abren para Megadeth y, a juzgar por la calidez del público, no será la última. Los comandados por Diego Valdez armaron un set contundente que rozo los 40 minutos. En general la gente los conoce y se familiarizo con temas como “Basurero Nuclear” o “En Mis Sueños”. La banda, siempre entusiasta, agradeció una y mil veces a la organización y al muchacho de pelos rojos por invitarlos nuevamente a la fiesta.

Una vez que se apagaron los amplificadores comenzó la verdadera espera. La tensión que se vive en esos momentos es una de las experiencias más agradables que puede vivir un amante de la música. Mas allá del presente de las bandas, las canciones son perpetuas, no existen en el plano temporal, no envejecen. Una lástima que los muchachos del Luna Park no hayan tenido plata para pagar a un DJ que amenizara la noche con un picado de temas acorde a la situación. En cambio, la publicidad anti tabaco en repeat fue nuestra compañera.

Pasadas las 21 horas, la sinfónica salió a la cancha. Como en toda la gira, “Hangar 18” fue el tema apertura. Es una elección lógica, Dystopia se planta en el terreno fértil que dejo aquella obra monumental que sobrepasa el cuarto de siglo en edad. Las melodías de Marty y las de Kiko se hermanan perfectamente, “The Treat Is Real” (uno de mis favoritos de su último disco) da pie a la primera gran sorpresa de la noche: “Rattlehead”. Directo desde San Francisco, desde una era donde matar era el negocio, un himno para todos los maniacos que gustan del viejo y primitivo arte de hacerse mierda al ritmo de un machaque.

Entrelazando clásicos como “Wake up Dead” y la siempre poderosa “In My Darkest Hour” con “Poisonous Shadows” y el gran instrumental “Conquer or Die”  llegamos a otra secuencia inolvidable. El momento de girar en el tornado de las almas es siempre algo especial no importa cuántas veces veas a Megadeth. El sonido acompañaba y la performance afilada contrastaba con un Mustaine melancólico, agradecido, cariñoso y amigado con el mismo. Nos esperaba una seguidilla letal entre mujeres lobo, venenos, delirios esquizofrénicos y un estribillo ñoño en francés que no podemos evitar cantar con todo el pecho como si fuese la primera vez (tiene ese je ne sais quoi que no podemos describir).

Esta nueva visita se da en el marco de su gira Dystopia, un tour extenso para promocionar uno de sus albums más celebrados desde Endgame. Después de una pequeña humorada nos ofrecieron dos de sus cortes más intensos, “Post American World” y “Dystopia”. Luego del clásico inevitable y la siempre imponente marea de gritos que ofrece el público argentino, llego el momento de “Peace Sells”. Una versión especial no tanto por la performance (que fue muy buena) sino por lo que aconteció luego. Los músicos fueron a refrescarse al backstage y para mantener el Luna en llamas, la gente coreo a más no poder el nombre de la banda y su líder. Dave salió emocionado y entre besos y abrazos nos informo que no volverán a estas tierras por un buen rato. No aclaró si se trata de un tiempo de descanso total o simplemente evitar las giras mundiales, lo cierto es que fue un instante emotivo que dio un plus al ya muy buen recital.

Mustaine podrá votar a Trump, comerse un asado con Macri, sacarse fotos con marines del ejército, pero esta canción no se mancilla. Como leyeron más arriba, hay cosas que son ajenas al tiempo y las nimiedades humanas. Una de esas cosas es “Holy Wars”, el telón final perfecto para un show que ejemplifica el gran presente musical de los muchachos. La banda se despidió y uno a uno bajaron del escenario. Tirando besos, Dave nos juro como siempre “Ustedes han sido geniales, nosotros fuimos Megadeth”. Esta vez colorado, los geniales fueron ustedes.

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Cronista: Ian Undery
Fotógrafo: Julian Quinteros




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