Scorpions – Estadio Malvinas Argentinas (15-09-2016)

14141754_1143077225738770_97644534862954884_nEs así, con tus artistas favoritos sentís que hay una conexión especial, una amistad tácita. La voz en walkman que te habla a vos (¡y solo a vos!) ordenándote rockear con una catarata de riffs en forma de ondas sonoras. Y uso la palabra amistad muy a conciencia. Tus bandas favoritas son esos amigos lejanos que ves, con suerte, muy cada tanto y en cada despedida recordas porque los amas en primer lugar y desde hace tanto tiempo. Scorpions es eso. A esta altura el aguijón teutón es un nombre tan grande que no puede contenerse a sí mismo; Es icono, símbolo, parche, remera, hit, “ahh si, los del tema del silbido” y mil cosas más que exceden a lo estrictamente musical. Si quieren en otro momento podemos pasar horas filosofando cual fisura sobre esto, eso sí, tienen que pagarse una birra. Vayamos a lo que nos compete.

Los escorpiones pisaron nuevamente nuestro país en el marco de su gira mundial de 50 aniversario.  En primera instancia el lugar elegido fue Tecnópolis pero finalmente el evento se trasladó a La Paternal. El Malvinas es un lugar que me agrada y donde tengo muy buenas memorias en vivo, lo único malo de todo esto fue ese octavo pecado capital llamado “campo vip”. Citando a Fenriz, el respetado concejal de Kolbotn, le dedico un F.O.A.D a dicho campo.

La fecha abrió con el hard rock neoclásico de Arpeghy, una banda con más de una década de rock encima que supo cargarse al lomo la tarea de abrir para Schenker y compañía. Un set ajustado que incluyo una colaboración con Danilo Moschen, tecladista de Rata Blanca, ex JAF y Barilari. Se noto el oficio para manejar a un público expectante y ofrecer un puñado de buenas canciones en el camino.

No creo en ningún ente sobrenatural, pero de existir, le agradezco que el encargado del sonido haya tomado nota del error de no poner temazos (Te estoy mirando a vos, musicalizador del Luna Park) así que con hits sonando, la espera se hizo ínfima. Cayó el telón con la portada de Return to Forever (2015) último lanzamiento de los alemanes, y comenzó la fiesta. Los muchachos abrieron con Going Out With a Bang, uno de los mejores temas de dicho disco. El primer aguijonazo del pasado llegó con Make it Real y The Zoo. Juro que no estaba preparado, fisiológicamente mi cuerpo no estaba listo para presenciar una versión tan hermosa de Coast to Coast, el instrumental de aquel hermoso disco del 79. Un paseo de amor.

Es  increíble que estos pibes que ayer nos hablaban de trances y magnetismo animal, hoy están pisando los 70 años. Hay cosas que uno lleva en la sangre, y rockear es una de ellas. El sonido claro, la energía arriba del escenario, el dominio del arte de entretener, todo a la octava potencia. El primer medley de la noche comenzó, un vistazo a los acalorados años 70 con una seguidilla inmejorable de Top of the Bill, Steamrock Fever, Speedy’s Coming y Catch Your Train. El único disco que quedó sin representar fue Lonesome Crow.

A modo de intermezzo ofrecieron su hitazo más reciente, la irresistible We Built This House. Matthias Jabs nos derritió la cara con su solo justo antes del segundo medley, el acústico. Si hay una banda que hizo gastar encendedores, esa es Scorpions. Tienen una maña irreproducible para las baladas sentidas y sinceras. Always Somewhere, Eye of the Storm y Send me an Angel arrancaron un lagrimon a más de uno. Cerraron la parte melosa con un hit para la posteridad, acá la palabra cambio está cooptada por seres aborrecibles, pero en 1990 el viento de cambio tenía otro significado.

La cosa se puso picante: Dynamite, un lindo homenaje a Lemmy con Overkill, un solo genial de Mikkey Dee (chabon, este tipo tocó en King Diamond, Motorhead, Scorpions, Dokken y Helloween) y la guitarra que lanza humo de Rudolf en Blackout. Unas ganas de atarse la cabeza con gasa, ponerse unos tenedores en los ojos y gritar ese estribillo infeccioso. Los teutones nos dicen a su manera (con temazos) que no hay nadie como nosotros y que esta es otra noche de gran ciudad. Incluso si el productor se equivoca y les pasa la bandera de Uruguay en vez de la de Argentina, los amamos con todo lo que podemos. El encore final nos guarda lo mejor de los dos mundos: una balada épica como Still Loving You y un número explosivo, un huracán de rock que hizo tambalear a todos los muertos del cementerio de la chacarita invitándolos a salir de sus tumbas a rockear un rato.

Cincuenta años, medio siglo. Nada. Los amigos no envejecen nunca y sus mañana siempre nos sacan una sonrisa. Gracias escorpiones por compartir otra noche  con nosotros.

Galería de Fotos:

Cronista: Ian Undery
Fotógrafo: Beto Landoni – T4F (Gentileza de T&T Group)




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