
Había una vez una banda llamada Sepultura. La formaron Max e Iggor Cavalera. Provenía de Brasil, de los barrios emergentes de Brasil conocidos como La Fabela. Mas tarde se sumarían Paulo Jr y Andreas Kisser tras la salida de Jairo Guedz. Cuando Sepultura alcanzó el pico mas alto de su carrera con Roots, a su vez contrajo problemas. Max se fue por la puerta grande. Al poco tiempo su hermano haría lo mismo. A veinte años del lanzamiento de Roots los hermanos Cavalera se aventuraron en revivir lo mas cercano posible aquellos niños.
La gira los trajo a Argentina. Al barrio porteño de Colegiales, el Teatro Vorterix. La euforia fue picante. Y el calor húmedo. Las altas temperaturas que avecinan el verano, la falta de aire, el sudor de mas de mil personas y el alcohol, abordaron el clima.
Tras varios coros populares el duo interpreto de princio a fin el disco en cuestion. El orden fue exactamente el disco. El comienzo con «Roots, Bloody, Roots», seguido por «Attitude», pasar por «Ratamahatta», enloquecer con «Spit», descansar con «Itsara» y volver a enloquecer con «Dictatorshir».
Max es uno de los grandes frontmen mas importantes del metal. Actualmente, su estado fisico no es el mismo quecuando grabo Roots. Su guitarra solo lleva cuatro cuerdas y mayormente toca al aire. Inclusive cuando acompaña en percusión a Igor, que dicho sea de paso él si mantiene su nivel intacto, los golpes quedan a mitad de camino. Su voz sigue siendo agresiva, capaz mas ronca que antes pero igual de violenta. Lo que Max perdió en lo ganó en actitud. El chico malo y enojado paso a ser un simpatico arengador. Y así es como sigue vigente.
Para cerrar el concierto los Cavalera ajusticiaron a su publico con un poco de Black Sabbath (War Pigs), su re versión de Procreation (of the wicked) de Celtic Frost y un popurri sepulturero que culmino con una versión aceleradisima de Roots, Bloody, Roots.
Cronista: Jonatan Dalinger
· Volver



