
Es sorprendente lo mucho que aconteció desde la primer visita de Ghost, allá por 2013, en aquel Monumental extasiado que aguardaba por Iron Maiden. Recuerdo vívidamente los gritos de la gente: “Eh, Darth Vader” o el poco original “¡Papa Francisco!”. También recuerdo a los que coreaban “¡Megadeth, Megadeth!” por encima del riff de Ritual. A modo de estadística irónica, sería interesante poder saber cuántas de esas personas sucumbieron ante la eucaristía sueca.
Ghost es ahora una de las bandas recientes más exitosas y camina por ese límite entre la repercusión moderada y los encantos del rock de estadio. Claro está, la banda no se encuentra en su mejor momento. Entre juicios y polémica, entre recambios y salidas, los enmascarados vienen tambaleando durante este 2017. Más allá de la presentación en el Maximus, todos sabemos que los Ghouls muestran su mejor faceta en un marco como el Vorterix. Un lugar mas intimo si se quiere, con luces rojas que bañen a la banda y al público, un verdadero ritual de incienso.
Las 2 cuadras de cola anunciaban un recinto repleto, así que para cuando Sick Porky salió a la cancha el teatro ya se encontraba ampliamente poblado. La banda ya está acostumbrada a los escenarios grandes, y tiene oficio para rockear en estos recintos. Este show formó parte de lo que será la gira de presentación de su último disco, Alucinatorio, con el cual estarán tocando duro y parejo durante lo que resta del año.
Ahora sí, mire por ultima vez mi celular un par de minutos antes de las nueve de la noche. Las luces se apagaron y, como en el mejor de los cines, la sensacion de inmersion fue inmediata. Claro, hablo en términos cinematográficos porque los muchachos eligen comenzar sus shows con Masked Ball, soundtrack de Eyes Wide Shut de Kubrick. La programación de la velada comenzó sin vueltas: Square Hammer nació siendo un hit y calzo perfecto para prender fuego el escenario de entrada. Siguieron en fila From The Pinnacle To The Pit, Con Clavi Con Dio y Per Aspera Ad Inferi. Una banda energética, un sonido mejorable y la falta de bajista fueron las primeras impresiones. Luego nuestro Sumo Pontífice explica que Water tuvo problemas en el hombro y por eso estaban “un hombre abajo”.
Tras un simpático – aunque demasiado extenso – monólogo de Emeritus, y con la compañía de las Sisters of Sin, llegó el momento de probar el cuerpo y la sangre. El sonido fue mejorando a medida que la noche avanzaba y los Ghouls se soltaban. Su actitud rockera y afectuosa realmente me agrado, suman al gran show que Papa pretende montar. Luego de un breve interludio Floydeano emergió el rejuvenecido Emeritus III (con un jopo engominado que no le envidia nada a Jared Leto) susurrandonos al oido que sin el romántico retumbar de Cirice, estamos perdidos. A esta altura el show iba en franca escalada y la gente hizo sentir su afecto con su coro atronador en Year Zero.
Cosas raras de la vida, estos fantasmas hacen mejor musica de devoción que la gran mayoría de las bandas cristianas. He Is fue un momento apoteósico, una carta de amor a esos trovadores folk de los 60s pero visto a través de la lente tan especial de Ghost. La bestia de muchos nombres debería sentirse halagada de contar con tan bella canción. Pero no termina acá la cosa, luego de Absolution y Mummy Dust (dos de los momentos más rockeros y pesados de la noche) llegó otra secuencia para el recuerdo. La reina zombie camino entre nosotros para coronarse como nuestro sucubo preferido. Vaya interpretación, vaya manera de hacernos cantar.
La procesión fue concluyendo con el clásico ineludible: un ritual sin Ritual, sería como el evangelismo sin diezmo. No funciona y la gente se iria enojada del lugar. Pese a que el sonido fue de menor a mayor, la falta de bajista (creanme, pese a la adición de algunas líneas de bajo, el hueco se sintio) los muchachos tras las máscaras dieron lo mejor de si para salvaguardar la mística. Tras un saludo y un amague, el Papa se despidió con un beso en las partes erógenas titulado Monstrance Clock. Acabar al mismo tiempo, acabar como uno, eso es lo maravilloso de la cuestión.
Parece que entramos en esa etapa donde la tribuna comienza a murmurar: Que el Ghost de hace 3 años era mejor, que los músicos actuales son – sin ánimo de ironizar – unos fantasmas, que en definitiva la banda perdió su esencia de antaño. Yo serviré de testigo, los suecos dan un show de rock de primer nivel de esos que nadie perderse. Aun con los contratiempos y la turbulencia interna, Ghost lleva al escenario una mística muy particular que de a momentos parece esfumarse de la música electrica mainstream. No hablo tan solo de oscuridad y sombras, para eso esta Evanescense (?). Hablo del genuino espectáculo, de los estribillos enormes que no se pueden contener, y la habilidad de poder hacer entonar a casi 1.500 personas esas canciones de zombies, sangre y orgasmos.
Galería de Fotos:
Cronista: Ian Undery
Fotógrafo: Ariel Flomenbaum
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