
A los que no estaban informados de los acontecimientos previos al show, cabe aclarar que Napalm Death iba a oficiar de show apertura para una de las bandas hardcore por excelencia: Hatebreed. El problema/desilusión sucedió 24 horas antes del recital se dio a conocer que Hatebreed no se presentaría en Argentina por asuntos familiares de Jamey Jasta, líder de los de Connecticut. Esto ocasionó varios cambios inesperados: Napalm Death pasó a ser el acto principal de la noche, teniendo que improvisar una lista de temas del doble de duración de lo previsto. El show en lugar de ser en el Vorterix se realizó en el Roxy. Todos los que nos habíamos quedado con ganas de más Hatebreed, luego del excelente show que dieron en el 2012 teloneando a Lamb of God, íbamos a tener que seguir esperando. También quiero aclarar que, si bien me gustan muchas de sus canciones, no soy ningún fanático/experto en Napalm Death, por si en la siguiente crónica confundo algún dato relacionado a la banda. Sí, yo también soy de los que esperaban mayormente a Hatebreed.
Con todas las contras mencionadas me esperaba un panorama muy diferente al que encontré. Donde creía que iba a encontrar rostros de desilusión y aire negativo, en la puerta del Roxy no había más que caras sonrientes y fanáticos de Napalm Death ansiosos por ingresar. Sabía de varios allegados que habían decidido devolver la entrada y desconozco si fue mayoría los que tomaron aquella decisión. Lo que sí sé es que en el Roxy abundaban las remeras de los ingleses extremos y de bandas del palo. Se podía ver a algún que otro fanático de Hatebreed, al fin y al cabo de seguro muchos deseaban ver a ambas bandas.
Cuando entré al recinto estaba comenzando el show de Nuevo Poder, un trío proveniente de San Juan que demostró que su trayectoria en el under del interior les dio la experiencia suficiente para dar un show demoledor sobre las tablas de Buenos Aires. Sus riff violentos y esa mezcla de metal a lo Sepultura con momentos dignos de Metallica dejaron con ganas de más a todos. Los aplausos con los que los despidieron lo decían todo.
Luego le tocó el turno a Turba Iracunda y a El Final. Ambos dieron un show conciso, pero el sonido no ayudó mucho. A los primeros no se les entendía una sola palabra (y tienen dos vocalistas) y a los segundos se les perdía la guitarra principal en el típico efecto “bola de ruido” que suele ocurrir cuando se toca muy alto en lugares chicos.
El show de Napalm Death no se hizo esperar mucho. Una nueva y rápida (haciéndole honor a su estilo) prueba de sonido y así como se apagaron las luces se abrió el telón. La banda ya estaba en el escenario y en cuestión de segundos comenzó a sonar el repertorio de técnica y violencia.
Napalm Death es una leyenda viviente y acá en Argentina estamos acostumbrados a recibir viejas glorias cuando su mejor momento ya pasó (Cradle of Filth, te llaman). Es por eso que ver a una banda que, aún entre idas y vueltas de integrantes, ya lleva más de 20 años tocando y siguen teniendo la misma energía que una banda que está en sus inicios, es realmente placentero.
Shane Embury sigue tocando el bajo como un desquiciado (su corte de pelo ayuda bastante a generar esa imagen), y canta cada canción como si fuera un fan más de la banda. Danny Herrera está totalmente concentrado en su instrumento pero su rostro está siempre calmo y sonriente, aun cuando tocar la batería a ese nivel de precisión dejaría exhausto al cuarto tema a la mayoría. Estaría bueno que le de algunas clases a Lars Ulrich antes de que vuelva Metallica. Barney es un loco lindo. Se mueve constantemente de un lado al otro y gira su cabeza de hombro a hombro al ritmo del bombo a una velocidad que deja mareado a todo aquel que lo mire fijo, durante algunos segundos. Presenta cada canción detallando los ideales de las letras más importantes (tal como cuando cantó sobre la libertad sexual, sobre la educación, sobre el libre pensamiento, o contra los Nazis y el fascismo en el excelente cover “Nazi Punks Fuck Off” de los Dead Kennedys). Detalla en más de una ocasión lo importante que es el arte independiente y pensar por uno mismo. Mis aplausos (y los de muchos más supongo) iban dirigidos tanto a sus canciones como a sus declaraciones.
Por último está Mitch Harris, el amo de los riffs. No queda más que decir que, tal como sus compañeros, posee una precisión que hacen dudar si es un humano o un robot. Sumado al hecho de que escuché riff como una máquina expendedora también se encarga de la segunda voz. Si lo quieren escuchar en canciones que duren más de dos minutos, les recomiendo el disco “Impact Velocity” de Menace, su nuevo (y sorpresivo) proyecto.
La sumatoria de Napalm Death es eso, es grindcore, es Death Metal, es técnica compactada a una velocidad inhumana y una voz punk escupiendo verdades universales para despertar a su público. Despertarlos de la opresión del sistema. Despertarlos de la opresión a la mente. Despertarlos de la opresión al arte.
Cada vez que suena un tema tranquilo (bueno, un poco menos extremo) el público responde pidiéndole más velocidad. Barney les contesta en un muy correcto español (aunque a veces deba recurrir al inglés) y aclara si la cancion que sigue es lo que pide el público o si es otro de esos híbridos experimentales con los que suele jugar la banda de tanto en tanto.
Habrá pasado más de hora y media de show cuando se cerró el telón. Perdí la cuenta de cuantas canciones iban al momento, luego de las primeras 15. Y les aseguro que hicieron muchas canciones más.
El Roxy se encontraba lleno y el aire estaba colapsado por el humo de los cigarrillos. Me quedé con la intriga de por qué tanta gente iban a llevar ambas bandas juntas, si un show de Hardcore/Grindcore podía colapsar el Teatro Vorterix, pero me saqué otra duda que tenía: qué tan brutal puede ser Napalm Death fuera del estudio y les digo que, sin ofender a los fanáticos acérrimos, ésta es una banda para ir a ver en vivo. La brutalidad no pasa sólo por el machaque o por lo riff. La brutalidad no pasa sobre qué tan Punk se puede ser al frente de una banda o en el pogo entre el público. La brutalidad de Napalm Death es el mensaje que avasalla mentes, que genera conciencia. Me encantaría contárselo a todas aquellas personas que suelen decir que el metal extremo es sólo ruido. Me encantaría hacerlas leer esas letras sociales de pocas estrofas y mensajes claros para hacerles entender que todo ese «ruido” te puede dar una libertad mental y espiritual como ningún otro género puede hacerlo.
Larga vida a Napalm Death. Su mensaje es eterno.
Cobertura: Sebastian Giardino
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