
La banda alemana Powerwolf tuvo su segunda cruzada por el país, esta vez de la mano de la gira mundial War & Wolves, que compartió junto a Sabaton y que concluyó el pasado 7 de mayo en el Teatro Flores. Asimismo, Powerwolf vino con la intención de presentar su más reciente disco Wake Up The Wicked, que publicaron el pasado 2024, por lo que el setlist estuvo cargado no solo de los clásicos infaltables como “Army of the Night” o “Sanctified With Dynamite”, sino también de las esperadas nuevas canciones como “Heretic Hunters” y “We Don’t Wanna Be Saints”, entre otras.
La noche reunió una gran diversidad de personas que ondeaban la bandera del power metal; desde fanáticos de todas las edades que ya cargaban la noche anterior de Sabaton con ellos, un grupo que homenajeó con su vestimenta a la banda Dogma, que se presentó el pasado 29 de abril, y hasta un admirador que llevó parte de su fursuit al concierto. Todos presentes desde el inicio del show, que fue de la mano de las bandas teloneras Helios y Azeroth, quienes de principio a fin de su set, lograron conectar perfectamente con el público, creando sus propias hinchadas y pogos durante todo el set.
Para cuando ambas bandas terminaron, la impaciencia del público ante lo inminente, se hacía notar con aplausos y gritos durante la preparación del escenario.
Finalmente sucedió, Powerwolf se hizo presente en el escenario, y “Bless ‘Em With The Blade” comenzó a sonar, provocando rondas y algún que otro vaso volando sobre las cabezas del público. Un par más de canciones sonaron hasta que la voz de la banda, Attila Dorn, le concedió un descanso al público para presentarse con tal calidez y alegría que logra disfrutar la intimidad que puede generar un espacio como Teatro Flores. Y sí bien toda la banda desborda ese carisma que el público adora, la dinámica que Attila mantiene durante el show con el pianista Falk Maria Schlegel se roba el show.
Cada tema fue presentado con un nivel de español que probó no solo entendimiento real de la lengua, sino del público que tenían enfrente, un público al que la banda hizo cantar a todo pulmón, el favorito de muchos: “Armata Strigoi”. A pedido del grupo, primero cantaron los del campo, luego los de los balcones izquierdo y derecho, y finalmente Attila logró hacer cantar a los miembros de seguridad que cubren la valla del escenario, recibiendo ovaciones de todo mundo.
La estética y letras de la banda, que ahondan en temas de la inquisición, guerra e historias de varios periodos de tiempo, se mezcla tan bien con la armonía y potencia que caracteriza el sonido de la banda y al power metal como subgénero, como lo hace con la belleza del Teatro Flores que acompaña con sus propios detalles brillantes y dorados que solo genera más sentimientos de inmersión y hasta epicidad para una banda a la que ambos atributos le sobran.
Luego de “Blood For Blood”, el show comenzó a dar fin. Durante las últimas tres canciones restantes, Powerwolf entero estaba extasiado con el público argentino que continuaba pidiendo más, hinchando y vitoreandolos a uno por uno de los miembros que se fueron presentando en el escenario para lentamente afirmar la despedida. Nadie que haya estado en aquella noche llena de power metal, alegría e historia podrá negar la fuerte conexión que se sintió entre el público y los músicos, que para fortuna de los fanáticos, prometieron volver al país.
Por Uriel Hernandez Matusevich