
Dark Tranquillity volvió a Buenos Aires con The Character Gallery, una gira que funciona menos como un simple aniversario y más como la excusa ideal para volver a poner en primer plano dos discos que ayudaron a escribir buena parte de las reglas del death metal.
En esa línea de trazabilidad, antes del set principal, se presentaron dos bandas soporte locales. Desde Quilmes, Cloud of Shadows salió con un sonido directo y bien plantado, combinando death metal melódico y metalcore con riffs claros y un empuje constante que funcionó como apertura ideal. Luego fue el turno de Crown, llegado desde Rosario, con una propuesta más densa y compacta, donde el peso rítmico y los climas melódicos convivieron con una actitud más áspera y rockera. Sin vueltas ni gestos de más, ambas bandas dejaron en claro su afinidad natural con el linaje de Dark Tranquillity.
Con treinta años ya encima de The Gallery y veinte de Character, sería ingenuo negar que para muchos esta fecha se tiñe de nostalgia. Pero hay algo que sigue funcionando con una claridad difícil de esquivar; Dark Tranquillity es parte constitutiva del ADN del sonido de Gotemburgo. Junto a In Flames y At the Gates, la banda construyó una escena donde la música llamada extrema siempre fue tan violenta como melancólica, y esa combinación todavía es vigente.
Hablar de The Gallery, lanzado en 1995, y Character, lanzado en 2005, es referirse a dos momentos clave no sólo para la banda, sino para toda la escena. El primero fue una piedra fundacional, un disco que ayudó a definir el sonido de la región cuando todavía estaba tomando forma, combinando velocidad con una sensibilidad oscura que marcaría a generaciones enteras. Diez años después, Character funcionó como una reafirmación de ese camino, pero desde un lugar más directo y áspero. Con una identidad ya completamente asumida, mostró a una banda madura que no necesitaba reinventarse. Juntos, estos álbumes explican por qué Dark Tranquillity no es mera parte de la historia del género, sino uno de sus pilares más firmes, capaz de dialogar con el pasado sin quedar atrapado en él.
“Punish My Heaven” abrió el show con impacto inmediato. El clásico cayó de inmediato y la respuesta fue instantánea. A partir de ahí, temas como “Edenspring”, “Lethe”, “The Emptiness From Which I Fed” o “The Dividing Line” encontraron un público que los esperó durante años. La atmósfera oscura, pesada y emocionalmente cargada da cuenta de cómo The Gallery sigue siendo una referencia obligada. Aunque ese primer bloque ya se encaminaba al cierre, la sensación era de pura anticipación.
La transición hacia Character mantuvo la intensidad bien arriba. “The New Build” marcó el pulso, seguido por “One Thought”, “The Endless Feed”, “Through Smudged Lenses” y “My Negation”, que profundizaron ese costado más denso y sombrío. Otro de los grandes estallidos llegó con “Lost to Apathy”, coreada por un público completamente entregado desde el comienzo.
Lejos de quedarse en la consigna del tour, el grupo integró el material más reciente sin que desentonara. “The Last Imagination” y “Unforgivable” trajeron distintos contrastes, mientras que “Atoma”, por supuesto, se convirtió en uno de los puntos más altos de la noche, combinando toda su potencia melódica con una respuesta masiva desde abajo del escenario. En el tramo final no se escatimó. “Not Nothing” y “Terminus (Where Death Is Most Alive)” mantuvieron la tensión, y canciones como “Phantom Days” o “Misery’s Crown” también fueron celebradas.
Hacia el cierre se dio uno de los momentos más emotivos de la noche. Mikael Stanne se tomó un instante para recordar a Tomas “Tompa” Lindberg, figura clave del death metal sueco, y el homenaje se materializó en una versión de “Blinded by Fear”. El homenaje no fue un gesto aislado, Tompa es una figura clave en la construcción del sonido de Gotemburgo y en la forma en que el death metal melódico encontró su identidad. Su trabajo con At the Gates marcó a toda una generación y ayudó a establecer un lenguaje común dentro de la escena. Que Dark Tranquillity lo recuerde habla de algo más amplio que el respeto personal; es el reconocimiento de una historia compartida y de una territorio que se formó en diálogo constante y que todavía sigue activo.
Durante casi dos horas, el sonido fue sólido, hubo una ejecución impecable y se dio una conexión constante con el público. Stanne se movió con una sonrisa permanente, cercano y disfrutando cada respuesta, mientras el resto de la banda sostuvo un equilibrio preciso en todo momento.
Hay discos que siguen diciendo cosas con el paso del tiempo, y bandas que saben moverse en ese vaivén sin perder sentido. Dark Tranquillity pertenece a ese grupo. Se celebró el aniversario, sí, pero también algo más importante: la vigencia de una banda que todavía tiene mucho para decir. Y eso, en sí mismo, ya es motivo suficiente para esperar la próxima excusa para reencontrarse.
Por Sofia Alvarez
PH: Ce Principe









