
Jezabel convirtió la noche del sábado en una celebración metalera al homenajear los 25 años del disco debut que marcó el inicio de su camino. Además, sumó temas pedidos por el público.
Pasadas las nueve y media, las luces se apagaron y un video proyectado en pantalla repasó distintas etapas del grupo, noches compartidas con su gente y escenarios que construyeron su historia. Fue la antesala de un show cargado de memoria y pertenencia que repasó A todo o nada (2001).
El clima en la sala de Palermo era de reunión entre afectos: hijos, hermanos, amigos, colegas de otras bandas y seguidores de siempre se mezclaban en un mismo ritual. No fue solo un recital, sino un reencuentro con 33 años de trayectoria.
Formada en Buenos Aires en 1993, Jezabel construyó su identidad a partir del heavy y el hard rock con impronta power. Sus letras, atravesadas por la superación y la esperanza, encontraron eco en un público que creció junto a la banda. En el escenario, la formación estuvo integrada por Leandro Coronel en voz, Diego Del Río y Néstor Rodríguez en guitarras, Juan Domínguez en bajo y Guillermo Saccomanno en batería.
Uno de los puntos destacados fue la participación de Mai Vera Kranevitter en teclados. Con apenas dos semanas para aprender el setlist, aportó una nueva dimensión sonora que enriqueció el repertorio y reafirmó la intención del grupo de expandir su propuesta.
Las influencias de Jezabel se hicieron sentir a lo largo del show: el power metal europeo de Helloween, Stratovarius y Gamma Ray convivió con la herencia clásica de Deep Purple, Rainbow, Iron Maiden y Judas Priest. Todo filtrado por una impronta propia, ya marca registrada.
“Séptimo Siglo” desató uno de los pasajes más intensos de la noche y Coronel se retiró del escenario para dar paso a un segmento instrumental que permitió a Domínguez ganar protagonismo. El clima cambió por completo: menos euforia, más introspección. La sala se dejó llevar. “Venimos a una fiesta y hay que actuar como tal”, lanzó entre risas el cantante con una remera estampada en su totalidad con la tapa del disco.
El espíritu del álbum también se filtró en su letra. “A todo o nada hay que apostar”, canta Coronel en el verso que le da nombre al disco, una frase que condensa la tensión entre el paso del tiempo y la decisión de seguir.
A mitad del recorrido del álbum se sumó al escenario Gustavo “El Rengo” Despalanque, aportando un plus de energía y complicidad. La noche cerró con sensación de misión cumplida: un festejo que reafirmó la vigencia de una banda que no se cansa de apostar.
Astral y Blacktorch fueron las encargadas de abrir la jornada, completando una grilla que celebró al metal local en uno de sus templos porteños.
Por Micaela Perez Carrizo
PH: Paula Andersen (Gentileza)



