FUEGO NUEVO, MISMA CONVICCIÓN. Avernal – Uniclub (21/02/2026)

Sobre Avernal ya hay toneladas de adjetivos dando vueltas y otras crónicas que los enmarcan dentro de palabras como “Institución”, “referentes” o “históricos”. Todo eso existe y es probable que sea cierto. Lo interesante es que, después de tantos años, esas palabras ya no alcanzan. Se vuelven parte del fondo de pantalla. Lo que queda por mirar y escuchar es otra cosa. Cómo se habita esa permanencia, cómo se sigue tocando, cómo se sigue acompañando desde el campo sin que todo se vuelva reiterativo.

Porque seguir tocando no es lo mismo que mantenerse activo. Seguir implica tomar decisiones todo el tiempo, incluso cuando ya nadie te exige nada. Y ahí es donde la banda resulta curiosa. No parece estar defendiendo un legado ni actualizándose para encajar mejor con el pasar de los años. Sólo toca, y en ese gesto hay más elecciones de las que parecen.

Hay una identidad muy definida que no requiere explicarse cada cinco minutos. El arranque de este primer show del año en Uniclub fue directo, distintivamente pesado y no tuvo introducciones largas ni discursos que subrayaran trayectoria o que incentivaran al agite. Las canciones, por supuesto las nuevas de su último disco, entraron en el setlist como si siempre hubieran formado parte del repertorio. «Ekpyrosis» apareció temprano y se movió con naturalidad entre el resto del material. Después de ese bloque más reciente, el repaso por la discografía salió casi sin transición ni demasiadas explicaciones, y ahí la reacción fue inmediata. Tanto en cortes de su debut (1997) autotitulado como en El Sangriento (2006), Miss Mesías (2009) o Tzompantli (2020).

También resultó interesante ver cómo se continúan mezclando edades con naturaleza. Y a pesar de contar con público nuevo, nunca hay necesidad de remarla con apelaciones a la memoria colectiva ni guiños nostálgicos para activar coros fáciles y comunes a todo recital. La conexión se dio porque las canciones prenden. Lo simbólico quedó en segundo plano. El paso de un disco a otro no modificó la energía ni el clima. La cronología no tuvo lugar, lo que importó fue cómo cada tema encajaba en el flujo general. Funcionaban o no, y lo hicieron. La intensidad se mantuvo estable, arriba y abajo del escenario. Todo fue celebrado y aplaudido con ganas. 

Avernal tiene la particularidad de moverse en espacios que no dejan de llenarse y que convocan a cualquier hora. La confianza, en una banda con este recorrido, es un dato fuerte. Permanecer puede volverse una trampa al repetirse por comodidad, endurecerse por costumbre, tocar en piloto automático. Nada de eso se asomó en este show (ni lo ha hecho en anteriores). Lo que se percibe es una lógica interna que sigue cumpliendo, una manera de hacer death metal o metal extremo que no intenta agradar ni impresionar ni imitar a otras, por más que en este género es sencillo encontrar similitudes.

Quizás por eso escribir sobre Avernal obliga a correrse del elogio estándar. No se trata de celebrar que sigan ahí. Se trata de entender cómo siguen ahí. Y la respuesta no es épica ni dramática. Es más bien práctica. Es una banda que toma posturas claras, tiene un carácter firme, un sonido demoledor y una relación honesta con lo que hace. Y eso, se escucha.

Por Sofia Alvarez
PH: Cuervo Deth

Galeria Completa























logos_apoyo