
En el mismo escenario el domingo pasado coincidieron Madball y Suicidal Tendencies, dos nombres que vienen de tradiciones distintas, pero que comparten la idea de que un show es un punto de encuentro para la escena. En nuestro país, además, el hardcore nunca fue solamente una música importada que llega de gira cada tanto. Desde los años noventa existe un circuito propio que fue creciendo entre centros culturales, clubes y espacios autogestionados, con bandas que tomaron ese código y lo adaptaron a su propio contexto. Por eso, cada visita internacional no ocurre en el vacío, sino dentro de un territorio que ya tiene memoria, fieles y una manera muy particular de entender esta música.
La apertura del día quedó en manos de Hueso, cuarteto porteño activo desde 2016 que combina thrash, hardcore y death metal. La formación actual con Enzo Cardozo en voz, Santiago Cichero en bajo, Fabio Palmariello en guitarra y Gustavo Ruiz en batería mostró desde el arranque un sonido compacto y sin demasiadas vueltas, apoyado en riffs veloces, bases pesadas y un enfoque bien crudo que conecta más con la tradición hardcore que con cualquier pretensión técnica. El set funcionó como una descarga breve, pero efectiva de temas rápidos, ataques frontales y una intensidad que bien adelantaba lo que venía.
Luego fue el momento de Madball, la banda liderada por Freddy Cricien que arrastra una historia que está profundamente ligada al desarrollo del hardcore neoyorquino y que a fines de los ochenta empezó casi como una extensión del universo de Agnostic Front. Ese origen explica bastante el carácter presente en cada uno de sus shows. Su esencia siempre tuvo algo de barrio, de esquina, construido a fuerza de recitales chicos y una relación estrecha con quienes los van a ver. En vivo esa identidad se mantiene intacta. Las canciones aparecen una detrás de otra con un ritmo constante, sin demasiadas pausas, y la respuesta es inmediata. Freddy condujo buena parte del show hablando en un español fluido, dirigiéndose al público con una naturalidad que reforzó esa relación que la banda siempre construyó con el circuito local. En uno de los momentos más celebrados incluso se acercó a cantar entre la gente, rodeado por el mismo pogo que minutos antes agitaba desde arriba.
El repertorio recorrió buena parte de su discografía y volvió a poner en primer plano ese estilo compacto de la banda con riffs directos, breakdowns pesados y letras que siempre se movieron alrededor de la experiencia personal y la vida en la movida hardcore. A esta altura su vínculo ya está bastante consolidado, cosa que se nota en la manera en que se les recibe sin necesidad de demasiada invitación. Temas como “Set It Off”, “Hold It Down” o “Look My Way” aparecieron como detonadores inmediatos del pit y también hubo lugar para canciones más recientes y para clásicos inevitables como “100%” o “Hardcore Lives”.
Si Madball representa una de las columnas del hardcore de Nueva York, Suicidal Tendencies ocupa un lugar distinto dentro del género. Desde comienzos de los ochenta, fue una de las formaciones que rompió la frontera entre el hardcore punk y el thrash metal, mezclando ambas tradiciones con la cultura skate de California; un cruce que terminó dando forma a lo que hoy se conoce como crossover thrash. La figura de Mike Muir sigue siendo el eje, aunque la formación actual combina a Tye Trujillo, hijo de Robert Trujillo, Xavier Ware en batería, en guitarras Dean Pleasants y Ben Weinman, conocido por su trabajo en The Dillinger Escape Plan. Si bien en vivo se sostiene el espíritu clásico de Suicidal, hay una energía renovada que se nota por más que sigan presentes la intensidad y actitud callejera, las bandanas en la cabeza, la gorra levantada y los movimientos casi bailes propios del hardcore. Tal vez por curiosidad generacional y cariño por su padre, la presencia de Tye fue uno de los detalles más celebrados, recibiendo una ovación particular cada vez que se acercaba al frente.
Entre tema y tema, Muir se tomó varios momentos para hablar desde el costado más ideológico de la banda, sobre la importancia de la autonomía, la actitud contestataria y la idea de que el hardcore sigue siendo, ante todo, un modo de cuestionar las cosas y buscar cierta libertad personal. El repertorio se apoyó en varias de las canciones que definieron su trayectoria. Temas que nacieron en los primeros años de la banda y que todavía funcionan como piezas centrales por combinar velocidad y riffs más cercanos al metal. “You Can’t Bring Me Down” fue el primero y prendió desde el primer minuto, y a partir de ahí fueron apareciendo otros temas como “Send Me Your Money”, “War Inside My Head” y “Possessed to Skate”. También aparecieron momentos más coreables, como “How Will I Laugh Tomorrow” y “Cyco Vision”. El centro de todo para Suicidal Tendencies es la música como un medio para canalizar frustraciones, conflictos y energía acumulada. Cuestión que se vuelve bastante evidente cuando el público toma el micrófono o se lo sube al escenario, o cuando el pogo no deja de dar vueltas en inacabables remolinos.
Lo interesante de esta fecha fue justamente ese cruce entre dos escenas históricas del hardcore. Son trayectorias distintas, por supuesto, pero comparten una misma lógica de shows intensos, una identidad clara y una relación muy directa con la gente que sigue a estas bandas desde hace años. El hardcore sigue funcionando como un espacio bastante particular. Hay algo en su criterio de organizar recitales, en la cercanía y en la manera en que las canciones se convierten en consignas que mantienen viva una comunidad. La noche en Flores funcionó como un buen ejemplo de eso. Dos bandas con historias largas, provenientes de ámbitos distintos, compartiendo espacio frente a personas que entienden perfectamente ese lenguaje y que compran la entrada teniendo muy en claro de qué quieren ser parte.
Por Sofía Alvarez
PH: Cuervo Deth



