
En el marco de su gira despedida “ADIÓS AMIGOS TOUR”, la banda británica brindó un concierto punk nuevamente para su público argentino tras 50 años de carrera.
La Naranja Mecánica definió el universo estético que atravesó la identidad de The Adicts, y el inicio del espectáculo pareció rendirle homenaje con la proyección de visuales y recortes de la banda sonora del film. Tras un Hey Ho Let’s Go camuflado, salieron Monkey Warren a escena. En una entrada tan teatral como magnética saludó al público como un maestro de ceremonias, con el rostro maquillado en blanco y negro y una sonrisa que rozaba lo místico. Su capa se abría y se cerraba constantemente, como si desplegara alas rojas y negras con destellos eléctricos. También parecía un guasón con su de naipes de poker, digno de una figura significativa, con glam, brillo y lentejuelas.
La base rítmica histórica, liderada por Kid Dee en la batería, y el pulso filoso de Pete Dee en la guitarra, dos miembros originales y guardianes del sonido clásico, salieron a escena con una contundencia intacta, como si se conservaran en formol. A su lado, Highko Strom en guitarra rítmica y Kiki Kabel en el bajo completaron una formación capaz de hacer convivir la energía del presente con el ADN del punk británico de principios de los 80. Desde lo visual, todos reforzaron esa identidad que los caracteriza con la estética de drugos: camisa, pantalón y tiradores blancos, combinados con sombreros bombín negros.
Las luces resaltaban al conjunto que generaba un efecto hipnótico en el público. Monkey rápidamente tomó el control de la escena y el repertorio desplegó una seguidilla de clásicos: «Joker in the Pack» marcó uno de los primeros estallidos colectivos, seguido por «Horrorshow», «Tango» y «Don’t Exploit Me», que sostuvieron la intensidad del ambiente, vibrante y caótico. Por momentos, entre el público se abrían rondas para el pogo y el smash, sumando otra capa de energía al campo.
El recorrido continuó con canciones que profundizaron ese vínculo, como «Johnny Was a Soldier», «How Sad», «4321», «Numbers» y «Troubadour», donde los coros se volvieron protagonistas. Además, hubo lugar para momentos más melódicos, con «I Am Yours», «Angel», «Telepathic People» y «Daydreamer ‘s Night». Hacia el cierre, la energía volvió a escalar con «You’re All Fools», «Rockin’ Wrecker», «The Odd Couple» y «My Baby Got Run Over by a Steamroller», preparando el terreno para un tramo final desbordado.
Durante «Who Spilt My Beer?», el frontman llevó al escenario un chop inflable, lo llenó de cerveza y después lo lanzó al público, que eufórico empezó a pasárselo de mano en mano. Luego llegaron los clásicos: «Fuck It Up Crazy», «Chinese Takeaway» y «Bad Boy» que empujaron al público a un estado de euforia total, hasta desembocar en «Viva la Revolution», que funcionó como consigna de despedida.
La noche se sostuvo entre papelitos, burbujas y una alegría que circularon de un lado a otro. Confeti, naipes, serpentinas y globos no fueron un detalle, sino parte del pulso del show. El final evitó cualquier gesto solemne y se resolvió como una celebración compartida,
más cerca del exceso que de la despedida. Si alguien sabe construir una revolución desde el carnaval, son The Adicts.
Los ingleses estuvieron acompañados por dos exponentes del punk local: Secuaces, con 22 años consolidándose como referentes del género, y DosMilDos, que sigue presentando su disco debut Resaca Emocional, un trabajo que tuvo una fuerte repercusión en el under porteño.
Por Micaela Perez Carrizo
PH: Cuervo Deth






