Cuando se cumplieron dos años del fallecimiento de Pato Larralde me acerque a Groove por motus propio. Nos encontramos con parte del Staff de esta redacción en Club V y salimos para Palarmo. Allí más amigos y amigas se fueron congregando en lo que sería la primera, y no última, celebración de quien fuera una de las voces del undeground del metal nacional. El fin de semana pasado fue algo similar. Parte del equipo se reunión en el barrio de San Telmo y emprendió viaje a la Ceremonia Sureña.
Si mi memoria no falla desde que empece a ir a conciertos de Sauron, y luego de Los Antiguos, varios de ellos fueron festejo de cumpleaños de Pato. También de JB, de hecho. En este nuevo homenaje, el viejo cumpliría 60 años. Major Fuertes, su compañera de vida, convocó a Sangre de Barro, Los Abismales y Avernal. en conmemoración al 60 aniversario del natalicio de Pato Larralde. A ellos se sumaron Santiago Rua de Poseidotica, Temo Romero de Serpentor, Guille Marmol de Eterna Inocencia, entre otros.
El vocalista de Sauron y Los Antiguos se encontraba internado cuando falleció a causa de complicaciones derivadas del Covid-19. La conmoción en la escena fue total. No solo desde el rock llegaron los mensajes de aliento a familia y allegados, el mundo de folklore dió también su tributo. También desde otras discplinas artisticas. Hoy, a cinco años, elegir un puñado de canciones de una de las plumas más afiladas e interesantes pareciera ser una tarea titanica. Sin embargo, Sangre de Barro, trío armado por Juan Marcos (ex-Sutrah) en guitarra y voz, Seba Romani (ex-Narcoiris/Mondo Dromo) en batería y Cobra Rod (Poseidotica) en bajo se las ingenió pare hacer hincapie en su novedosa, pero potente historia y homenajear a Larralde con «Niño Lobo» (Sauron) y «Te lo vengo diciedno» (Los Antiguos).
Todos los set que pasaron por la noche del domingo fueron una palera de temas propios y ajenos. Algunos de las bandas en cuestión y otras de las bandas del hombre que no se puede y absolutamente todas del público. Avernal subió al escenario para mover el avispero con un de sus últimas dos placas Tzompantli (2020) y Ekpyrosis (2025). Luego, Avernal mutaría y viajaría en el tiempo. Por un rato, volvió a la formación que grabó Requiem para los rebeldes / Necrología Pt.1 (2011). Cristian Rodriguez, Federico Ramos, Sergio Conforti, Mow Houdin y German Rodriguez se unieron para interpretar integramente Simple, el primer EP de Los Antiguos. Me tomo el atrevimiento de utilizar el mismo recurso narrativo que use en Groove para potenciar uno de los climax de la noche. Las palabras eran dificiles de pronunciar, pero no así las canciones. Llego un punto en el que Cristian quebró, y muchos lo hicimos con él, quizás por primera vez en la noche. Abrazos de Conforti mediante, el show debió continuar. En una entrevista Larralde me dijo lo lindo de las composiciones es que sean trascendentes. Vaya que los son, así como lo es su persona. El segundo momento del set fue la participación de Guillermo Marmol, cantante de la banda hard core punk Eterna Inocencia, para uno de los himnos mejores guardados de Avernal y que contó en su versión original al Pato: «Solo ante la muerte.» Versiones similares, voces distintas; pero ambas con contundentes y claras, viscerales y poeticas.
Para el momento de Los Abismales, las canciones viraron al proyecto inicial y familiar. Era el momento de invocar a Sauron. Como invitados pasaron Danielo en el citar, a Wata de MATAN S.A, a El Tano de Demoledor para cantar «A la distancia» y a Temo Romero para interpretar «Cruces», uno de los puntos artisticos más imponentes de la noche. Además, como antesala algunos temas propios de esta incipiente agrupación de JB, Hernan Zicarelli y Dante Bustamante.
Punto y aparte para la persona a cargo de este event Majo Fuertes, pero más que persona a cargo, la compañera de vida del Pato. Ella entre lagrimas y sonrisas agradeció (y agradezco la invitación) a quienes se acercaron, a quienes participaron y primordialmente a Juan Marcos, a Cristian Rodriguez y al Pablo «Pollo» Ternavasio, los tres hermanos que le dejo el vieji. Entre más palabras, lagrimas y sonrisas, porque de eso se trata el recuerdo del llanto, del duelo; pero también de rerir y sonreír por los momentos compartidos, recordó al amor de su vida, dijo que lo extraña y puso en evidencia la placa que hizo Emiliano Mariani en conmemoración a la figura del músico de Huanguelén porque ahora el escenario de Club Tucaman se llama escenario Pato Larralde. Una vez más, todos llorando. Este staff, entre otros grupos de amigos que llenaron el lugar, fundidos en abrazos fraternales.
A veces, parafrasear sirve para sincerar. En casos como este, la mente se nubla. Las palabras saben a poco. A Pato Larralde lo conocí primero por su obra y luego en vivo. Finalmente, a través de este medio en modo de entrevistas. No fuimos amigos, pero lo quise mucho. Cuando nos enteramos de su partida, sentimos que perdimos a alguien cercano porque como dijo JB, Pato era como el hermano de todos. Lejos de su a figura de rockstars o de idolo, Pato Larralde se conviertó un un distinto; una pluma única y autentica, original y sin tapujos. Había poesia y convivían la influencia de su tio el Pampa Larralde como la de Tolkien, Poe y el rock duro de argentina de los años 70, de aquellos primeros discos grabados en los estudis ION. Pato fue una figura entrañable. «El que acepta, es», dice la placa del escenario que lleva su nombre. Él tenía una carpeta de tapa negra que llevaba a todos lados, que la veíamos en cada recital. Majo subió hace varias semanas un poema perteneciente a esa carpeta. «El final llega sin avisar, duele en el alma esos recuerdos (…) No se lo llevo la tierra, se lo llevo el olvido.» Tranquilo viejo, estes donde estes, no te llevo la tierra; ni el olvido. Estas presente en la obra, en el recuerdo y de haciendo cita una vez más, de algún modo, sos el hombre que no se puede ir.
Por Jonatan Dalinger
PH: Cecilia Principe
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