CUANDO LO CHICO JUEGA A FAVOR. Seven Spires – Club Cultural Bula (21/04/2026)

Seven Spires tocó en una sala más chica de la prevista y, contra todo pronóstico, eso terminó jugando a favor. El pase de Uniclub a BULA achicó el escenario, la distancia y también el margen de error. Posiblemente por precios altos en un momento económico complicado, por la difusión o por una fecha incómoda, había menos gente de la esperada, pero lo que se generó tuvo otra densidad. Todo se sintió más directo, más cercano y más único en cierto modo.

El primero en el lineup fue Innerforce que abrió la noche con un power metal firme, sin rodeos, ideal para poner en marcha la fecha. Después, Intrascendence, llegados desde Chile, cambiaron el clima con temas más largos, estructuras más abiertas y un enfoque progresivo que amplió el rango. Dos propuestas muy distintas que terminaron funcionando bien en conjunto.

Y entonces, Seven Spires. La banda de Boston llegó con varios discos que la vienen empujando dentro del circuito como “Solveig”, “Emerald Seas”, “Gods of Debauchery” y una identidad difícil de encasillar. Hay base sinfónica, hay power, hay momentos extremos y cierto pulso teatral que aparece y se va. Lo destacable es que en vivo, todo eso encuentra una coherencia bastante natural.

El set recorrió distintas etapas del grupo sin sentirse fragmentado. “Songs Upon Wine-Stained Tongues”, “Almosttown” y “No Words Exchanged” marcaron un arranque sólido, con esa mezcla de melodía y cambios de intensidad que la banda maneja con soltura. En general, la sensación fue de continuidad más que de temas sueltos.

Adrienne Cowan concentra buena parte de la atención, pero no sólo por su presencia y estética. Lo que destaca es el control. Cambia de registro lírico a gutural con una naturalidad que, en un espacio chico, impacta mucho más. 

Al mismo tiempo, la banda funciona como bloque y ahí aparece uno de sus puntos fuertes. El manejo de los contrastes está integrado al armado del show. “Love’s Souvenir” y “The Old Hurt of Being Left Behind” bajaron la intensidad y generaron un momento más íntimo, sostenido por el silencio y la atención del público, algo que, sin dudas, en una sala más grande sería más difícil de lograr.

Entre temas, la conexión fue super perceptible. Cowan se tomó un momento para frenar y poner en palabras lo que estaba pasando, sorprendida por estar tocando tan lejos de donde nacieron esas canciones. Su emoción pareció sincera y para nada afectada por la baja concurrencia. Peter de Reyna, por su lado, se movió con otro tono. Cuando apareció el “olé olé”, se rió, trató de entenderlo y preguntó si tenía que ver con el fútbol. Después sumó un comentario simple, celebrando que la escena local del metal siga activa. En el contexto de la noche, ese tipo de cosas sumaron cercanía.

El cierre con “Gods of Debauchery” mantuvo la línea del resto del show. La intensidad se sostuvo sin necesidad de un pico final marcado. El formato más chico permitió ver detalles que muchas veces quedan diluidos, desde gestos mínimos hasta la interacción constante entre los músicos y quiénes estaban presentes.

Cuando terminó, la salida fue tranquila. Parte del público empezó a irse, pero Peter de Reyna se quedó en el escenario, avisando que podía firmar cosas, sacarse fotos y charlar con quien se acercara. Un gesto simple que encajó perfecto con el tono general de la fecha.

La primera visita de Seven Spires a Buenos Aires quedó lejos de cualquier lógica de masividad. Lo que se dio fue un encuentro cercano, con una banda en crecimiento y un público que respondió desde la entrega. Un gran recuerdo para todos.

Por Sofia Alvarez
PH: Mastermind (Cortesía Heresy Metal Media)























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