CANCIONES DE PUNK ROCK. Bad Religion, Eterna Inocencia y Shaila – Estadio Malvinas Argentinas (22/04/2026)

«Think four yourself» dice la pantalla al finalizar el concierto de Bad Religion en el Malvinas Argentinas de la Ciudad de Buenos Aires. Una premisa tan simple, tan contundente, tan obvi, pero tan dificil de establecer como parametro socio cultural. Dificilmente, este texto sea objetivo. ¿Objetividad? No existe tal cosa, y en un intento de acercame el periodismo gonzo que intrujo Hunter S. Thompson trate de hacer una sintesis de este espectaculo.

Hace varios años que se viene repitiendo una y otra vez, bah en verdad se lo viene repitiendo desde el día de su nacimiento, que el rock ha muerto. Claramente, eso incluye al punk rock. ¿Cómo puede estar muerto si aún es vigente? ¿Acaso por qué no es mainstrein? ¿No lo es? Todas estas preguntas tienen respuestas. Ocurre que el rock está vivo, el punk rock también y sigue siendo mainstrein. Alredededor de 7 mil personas estamos congregados para escuchar tres potencias y referentes del punk. Shaila y Eterna Inocencia del argentino y, obviamente, Bad Religion, de los Estados Unidos de Norteamerica.

Cuando el punk era puro nihilismo quien ponderaba al rock eran bandas con un background de destreza o de estudiosos. Primer punto disruptivo. En un segundo oleaje fue por la disconfirmidad de las modas y el consumo en su máxima expresión, pero dentro de un sistema del cual no puede escaparse. Bad Religion no piensa desde el apocalipsis, sino más bien desde un lugar de consciencia y búsqueda de un nuevo mañana. Sus colegas argentinos lo hacen desde esa misma corriente: mensjes claros, de critica social, de lucha, de resistencia y de búsqueda por un futuro mejor.

Shaila regreso a los escenarios hace relativamente poco tiempo y desde entonces no para en exponer nuevamente mensajes que incluyen reflexiones sobre la micro y macro economia, denuncias ante el sexismo y racismo, criticas al capitilismo y un fuerte anclaje en el anarquismo. En esa misma linea está Eterna Inocencia, otra referente del hard core punk local. Guille Marmol llama a la lucha popular y la acción directa, rememora a Maximiliano Kosteki y Dario Santillan, a los detenidos desaparecidos de la última dictadura civico militar empresarial clerical.

Bad Religion cuenta con más de cuatro décadas de trayectoria y es una de las bandas con mayor influencia en la escena punk internacional. Discos como Suffer (1988), No Control (1989), Recipe for Hate (1993), Stranger Than Fiction (1994) y The Process of Belief (2002) son piezas fundamentales del genero. «21st Century (Digitial Boy)» fue escrita en en al decada del 80, pero pareciera ser escrita hace unas pocas horas. La sociedad de consumo esta en su máximo esplendor, el exito como destino final, el posmodernismo como era y el progresismo como punta de lanza marca la cancha en una comunidad mundial que vive en al borde del colapso. Lo mismo ocurre con «I Want to Conquer the World» y la actualidad de nuevos cultos y propagandas religiosas, reformados cultos new age y mantras positivistas en convivencia con ventas de tierras, despojo de comunidades ancestrales, derogaciones de leyes de cuidado ambiental y guerras en varias latitudes.

Desde la platea veo a un publico que por momentos estalla y por momentos observa. Lo que no baja es la intención y la intensidad en acompañar con coros y cantos a Greg Graffin y cia. Veo, por lo menos, tres generaciones desparramadas entre campo y platea. Al frente, como siempre, los más jovenes armando rondas al compas de «Fuck you», «We’re only gonna Die», «No Control», «Suffer» y «You», entre otras. Por su parte, la banda está plena e integra. El show está pensado y ejecutado a la perfección. Sonido alto y prolijo, cortes justos y un tema tras otro como todo concierto de punk tiene que ser. Brian Baker cada vez que pasa al frente es iluminado por faroles destacando en su lugar mientras que Mike Dimkich mantiene un perfil bajo. Jamie Miller pega fuerte y hasta coquetea con algunos rulos y break pesados más cercanos al metal que al punk melodico que propulso la banda. Graffin, como de costumbre, de pocas palabras; pero con tan solo algunos gestos invita y festeja cada intervención de la gente.

Se apagaron las luces. Parece el final, pero todavía falta. El parate  es largo, pero todavía faltaba. La lista de temas es la misma en toda al gira. Hoy practicamente es imposible no saber la lista antes de ir a un recital. No anula sorpresa, no anula emocionalidad. La expectativa es personal y el golpe es propio. Empieza «Fuck Armageddon… This is hell» y el estadio se prende fuego. Llegó «Sorrow», llegó el tema que más quería escuchar. Sabía que era el anteúltimo de la lista. No me sorprende, pero el ‘Father, can you hear me?» me entremece como ninguna otra canción del set. Los recuerdos son invaluables porque la emocionalidad va por historia personal, por creencias, vivencias, recuerdos y memoria. Finalmente, el himno por el que todos estamos acá está por sonar «American Jesus».

Tres actos contundentes para dar cuenta que la distorsión y el punk sigue vigente a pesar de malarias sociales, culturales y coyunturales. Hay bandas relativamente nuevas (como Idles, Viagra Boys, Amyl and the sniffers, entre otras) y hay otras que siguen de antaño que siguen vigentes porque el mundo todavía sigue siendo una mierda, así como lo dice Jay Bentley sobre el final del show. Acá estamos después de todo son solo canciones de punk rock.

Por Jonatan Dalinger 























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