
Lucifer regresó al país para celebrar una nueva ceremonia de rock oscuro en el templo del Abasto. Y si bien para esta nueva visita (la tercera) Johanna Sadonis presentó un line up renovado, la energía de las canciones no distinguió de nombres propios y se sostienen por si solas.
Como antesala, los representantes nacionales que dijeron presentes fueron Vivenmueren y Martes Negro. Estos últimos fueron los encargados de romper el silencio con su stoner doom clásico, de riffs gordos pesados y lentos, dándole le bienvenida a un público tímido que muy de a poco se iba arrimando al ritual. Por su parte, con Vivenmueren el trance fue total, con una propuesta instrumental cargada de psicodelia. El viaje parecía no tener un suelo firme donde pisar, pero de alguna manera era algo de lo que podíamos prescindir. Una de las gratas sorpresas de la noche.
A la hora señalada, el telón nos dejó expuestos ante los maestros de ceremonia. «Anubis» (cualquier similitud con «Snowblind» de Black Sabbath no es pura coincidencia) se encargó de marcar el inicio y darle paso a «Ghost». En solo dos canciones, caímos ante el hechizo. El hitazo «Crucifix (I Burn For You)» dijo presente bastante temprano y se ganó los primeros vitoreos.
De aquí en adelante, un show sin mucho sobresaltos, con la interacción justa y necesaria, y un sonido que desconoció de imperfecciones. Intercalando canciones de casi todos sus discos (el debut brilló por su ausencia), sonaron «Wild Hearses», «Lucifer», «At The Mortuary» y por supuesto clásicos de la banda como «California Son» y la gran «Bring Me His Head».
Ya para el final, la banda de despachó con una hermosa versión «Goin’ Blind» de Kiss, y ahora si, el último tiro llegó de la mano de «Fallen Angel». Luficer regresó al país a renovar votos con el público argentino, celebró una nueva ceremonia y sumó nuevos feligreces al culto. El pánico satánico se apoderó de Buenos Aires.
Por Martin Tula



