
Tras varios intentos fallidos de visita a nuestro país y a semanas de su primer show en Argentina, tuvimos la oportunidad de hablar con Dolk, el líder de Kampfar, banda de black metal nacida a principios de los noventa en Noruega. En lugar de caer en una conversación intercambiable sobre el tour y el setlist, quisimos charlar con él acerca de su trayectoria y su visión como artista, por qué seguir y qué queda de todo el legado cuando pasa el tiempo.
Las respuestas de Dolk se caracterizaron por una franqueza poco común en este tipo de encuentros organizados por la prensa, y ante la pregunta sobre qué lo sigue motivando, evita cualquier discurso armado: “Sigo haciendo esto porque todavía significa algo para mí. Es lo que soy”. Con esto Dolk dejó ver que hay un límite claro, cuando la música empieza a sentirse como un trabajo más, pierde propósito.
No hay estrategia comercial detrás de Kampfar. Esa idea atraviesa también su forma de pensar la producción musical. No hay intención de dialogar con tendencias, ni de adaptarse a lo que pasa en la escena: “Nunca estuve pendiente de lo que hacen otros. Lo hago porque tiene un significado personal”, dice. A la vez, cuando aparece el tema de las nuevas generaciones, el foco cambia. Ya no habla de influencia, sino de curiosidad. Y lo explica así: “Es interesante tal vez verlo desde otro lugar, lo que está pasando ahora. Por ejemplo, uno de mis hijos está empezando su propio camino en la música. Siguiendo mis pasos de alguna manera. Él está tomando algunas influencias de este mundo, del black metal de los 90s, pero transformándolo en algo propio. Y eso es muy interesante de ver. Cómo ese sonido evoluciona, cómo se adapta, cómo otra generación lo toma y lo lleva hacia otro lado”.
Ahí aparece una tensión clara, cómo un sonido tan marcado por su contexto puede seguir mutando y resonando sin perder identidad ni fuerza. Para Dolk, la clave no está en repetir formas, sino en mantener una relación honesta con lo que se hace. Esa misma lógica es la que, según él, explica la conexión de Kampfar con públicos lejanos como el sudamericano. No por una cuestión estética o sonora, sino por algo más difícil de definir y a la vez bastante sencillo de explicar: “Hay algo en nuestra música que es profundamente honesto, y también con un sentido político”, señala. Y aclara que esto se da no como una bajada explícita, sino como una consecuencia de su propia historia: “Mucha gente piensa en Noruega como un país donde todo funciona, pero yo vengo de un trasfondo bastante diferente, y eso se filtra en lo que hago”.
Esa dimensión, más ligada a la intención que al discurso, encuentra eco en escenas como la latinoamericana, donde el metal muchas veces mantiene un vínculo más directo con lo social. De acuerdo con esto, señala: “Cuando vamos a lugares como Sudamérica, siento que hay una comprensión real de eso. No es solo la música, es lo que hay detrás”.
Kampfar viene tomando decisiones a contramano de cierta lógica marketinera como volver a los espacios pequeños. Hablando del tipo de giras que hacen hoy, Dolk mencionó que en un punto la dinámica con la banda empezó a sentirse como una obligación más y cuando aparece esa rutina, algo se rompe. Desde ese lugar nace su necesidad de volver a lo básico, a espacios más chicos, menos distancia, otra forma más real de tocar. “En un escenario grande hay una distancia inevitable. En un club, la barrera desaparece, podés conectar con quién está ahí”, explica el musico. Y no lo destaca como una consigna romántica. Recuerda un show para unas 60 personas, sin promoción, casi accidental: “Hace un tiempo estábamos de gira con una banda y se nos ocurrió armar una fecha improvisada en un club pequeño y terminamos tocando en un lugar para unas 60 personas. No hubo prácticamente difusión, solo avisamos que íbamos a tocar, y se dio algo muy espontáneo. Fue un show completamente íntimo, sin distracciones, solo la música y la gente. Y lo interesante es que todavía hoy seguimos hablando de esa experiencia, incluso sigo en contacto con algunas de las personas que estuvieron ahí”.
Esa idea de cercanía no es menor en el contexto de su llegada a Buenos Aires. Después de años sin poder concretar la visita, la expectativa no parece estar puesta en el tamaño del evento, sino en lo que pueda pasar adentro. En esa relación directa, sin intermediarios. “Para mí, tocar en vivo siempre se trata de la conexión”, insiste. Y cuando se le pregunta qué espera que se lleve el público, vuelve a lo esencial: “Algo real. Algo crudo. Que puedan llevarse la esencia de lo que hacemos, sin filtros ni artificios. Para mí, lo importante es que haya una conexión genuina, que no sea solo otro show dentro de una lista, sino una experiencia que deje algo”.
No hay mucha épica en cómo lo plantea Dolk. Si sigue, es porque todavía le importa y porque la música le es significativa. Y si eso no fuera así, no estaríamos hablando de este show. “Ninguno de nosotros sigue en Kampfar porque lo necesita en términos prácticos. No hay una razón externa que me empuje a seguir, es algo completamente interno. Si sigo haciendo esto es porque la música sigue siendo una parte fundamental de quién soy. No podría ser de otra manera”.
Con todo eso dicho, la llegada de Kampfar a Buenos Aires corre por otro lado. La idea de conexión genuina ya está planteada. Falta lo más simple, ver si eso pasa en el escenario.
Por Sofia Alvarez.



