
El sábado 16 de mayo, KVM se presentó, en lo que fue su mayor apuesta al día de la fecha, en el Marquee Session Live. Con un trabajo meramente independiente y autogestionado, la banda viene anunciando desde hace tiempo, que elevarían la vara en tanto producción, sonido e intensidad. Para eso, y también para que la jornada se vea completa, se sumaron Orco y Mvdras.
Ya desde temprano se podía ver a los primeros en agruparse sobre la avenida Scalabrini Ortiz al 666. Público joven en su mayoría, con una clara línea estética, previando en lo que sería una verdadera liturgia de deathcore, beatdown y slam.
Los primeros en salir al escenario fueron los chicos de Orco. Con las luces y el humo ambientando el clima del Marquee, una enorme ronda se armo, para aquellos que desde los primeros y graves acordes comenzaron la danza violenta y frenética del mosh, del beatdown e incluso alguno que otro con la nefasta costumbre de llevar a cabo el denominado crowdkill. Aún así, el clima era el ideal y Orco desplegó toda su pesadumbre plagada de riffs densos, breakdowns y growls de ultratumba.
Para el momento de Mvdras, con el círculo gigante ya formado desde la previa, se pudo escuchar un simpático y clásico canto entre el público que rezaba «que se mvdra, que se mvdra», por lo que la expectativa era alta. Mvdras salió para darle una faceta mas beatdown a la noche, con voces mas limpias que los growls de ultratumba, aunque no por eso del todo ausentes, con breakdowns asesinos y con mucho two-step entre la gente. La banda viene de lanzar un nuevo adelanto de su próximo trabajo, una canción titulada «Falsa Bondad». En palabras de su vocalista, Matías, agradeció a los presentes y a KVM, también a Orco, y recalcó la importancia de que se le de espacio a estos estilos en lugares como el Marquee, con buena iluminación, buen sonido y buena producción.
Ya para el momento final de la noche, es decir el momento de KVM, se podía notar una mayor cantidad de personas presente. El círculo esta vez se hizo presente pero en menor tamaño, dado justamente por la cantidad de personas en el establecimiento. Nada de esto implicó que el agite, la manija y las patadas y piñas voladores estén ausentes. Todo lo contrario.
La banda salió a escena con todo su arsenal, lo primero en sonar fue «El Mal que Acecha» y ya desde ese inicio entendimos que lo que la banda venía anunciando se estaba materializando. A la imagen escénica conocida de los músicos, con sus caras tapadas, se le sumó una buena dosis de luces, el humo y unas visuales que acompañaron a la perfección cada momento de la noche. El orden de los temas siguió el mismo orden del disco debut publicado a fines del año pasado Dies Irae. Por lo que la fugaz e instrumental «Æ» y luego la blackmetalera «Krvsio» dieron continuidad al show. Si hay algo narcótico e hipnótico en KVM es su versatilidad para hacer convivir géneros y estilos que pueden estar mas o menos ligados entre sí. Digamos que la base de la banda es el deathcore, pero es inevitable no estar de acuerdo en que hay una buena dosis de black metal, a veces en la música, otra en ambientes. Esto le da una sensación a sus presentaciones, de culto, de ritual. Ni hablar los pasajes instrumentales en donde, saliéndose por completo del metal, incursionan en ritmos relativos a la cumbia, al candombe, y si además se le suma la gente, gritando cual danza africana, el resultado es cuanto menos, peculiar e interesante.
Además de interpretar el disco en su completud, la banda tocó tres temas más, «Kvmdombe», «Invasión» y «Apoteosis», y cada tramo de la noche fue muy bien recibido por el público, que no perdió ocasión de corear «KVM KVM». Ya para el final, y luego de la homónima «KVM» la banda se despidió del escenario.
KVM prometió su mayor apuesta y cumplió con creces. Una noche brutal, pesada y con aires lisérgicos de ritual oscuro. Cierren los ojos y empiecen a rezar, abracen al fuego y déjense quemar, no se arrepentirán.
Por Juan Cordiviola



