
Reseñar lo ocurrido el domingo pasado en Uniclub simplemente como un recital de música sería una tremenda injusticia. En mi opinión, el componente visual tiene casi tanta importancia como la música. Se pueden disfrutar por separado, pero la experiencia completa solo se logra uniendo ambas partes. Desde ya les recomiendo que cuando terminen de leer vayan a ver videos de sus recitales para tener una experiencia más vívida de lo que representa Cult of fire en vivo para poder unirse a la próxima ceremonia cuando pasen cerca de donde están.
Antes de arrancar en el escenario prendieron sahumerios para purificar de malas vibras el recinto. El vocalista Vojtech Holub cantó toda la noche con una máscara de Yamaraja – el rey del infierno según la religión budista – y mientras cantaba hacía mudras con las manos para aumentar su fuerza interior y poder mental. Los tres músicos con máscaras negras y coronas que les daban un aura místico. Dos cobras – asociadas a la iluminación y el contacto divino – a cada costado del escenario protegían la energía. Eramos parte de un ritual.
La segunda recomendación que quiero hacerles es investigar más en profundidad el significado de su puesta en escena y como se conecta con sus letras. Esta fue solamente la punta del iceberg de un mundo muy interesante.
Pasando a lo estrictamente musical, el repertorio estuvo dividido en dps secciones. En la primera tocaron su disco más reciente – The one who is made of smoke. Album conceptual que relata el mito de la diosa Mahavidya Dhumavati tras ser maldecida por Shiva a vivir eternamente como viuda y como esto le permite redescubrirse y aceptarse tal cual es – de punta a punta y en la segunda un variadito de sus lanzamientos anteriores. De la primera parte, destaco particularmente «Mourning», «Blessing» y «There is more to lose», para que escuchen como la banda fusiona calma y caos en un mismo tema. De la segunda, sugiero que empiecen con «Závěť světu», «(ne)Čistý» y «Satan mentor» para que entiendan como fueron evolucionando desde un sonido más crudo hasta su identidad actual.
Otro elemento que diferencia a los checos es su presencia escénica. Los músicos tocan sentados. No hablaron más que para agradecernos entre temas y al final. Holub se mantuvo siempre en el centro del escenario (aunque me pregunto cuan fácil será moverse con semejante máscara.). Sin embargo, era muy difícil quitarles la mirada, como si ese halo de misterio tuviese poderes magnéticos.
Cuando terminó de retumbar en nuestros oídos el último acorde de «Buddha 5» fue como si nos hubiésemos despertado de un estado hipnótico. Lentamente fuimos saliendo del trance para volver a nuestros hogares.
Noches como la vivida el domingo son como los cometas. Brillantes y ocurren cada tanto. Agradezco haber visto pasar este cometa.
Namasté.
Antes de los chechos, quien estuvo a cargo de empezar la ceremonia fue Dios serpiente. Proyecto unipersonal de Leandro Buceta en el que combina doom, industrial, noise y metal extremo. Hasta el momento tiene 5 lanzamientos. Y de su fugaz pero impactante set, «Arde por dentro», «Eco del vacío» y «Laso: Nacimiento» son los temas que les propongo como puntapie inicial para adentrarse en su discografía.
Por Ale Williams
PH: Ce Principe
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