
Finalmente, Draconian visitó Argentina. Y como broche de oro llegó con el regreso Lisa Johansson y nuevo disco. Encima, se dieron el lujo de incorporar al tramo latinoamericano a Emma Ruth Rundle. Increíblemnete intimista e hipnotico evento que no tuvó el alcance popular por tratarse de dos debuts contundentes. Inazulina, con un leve retraso, hizo lo suyo temprano en el escenario del Teatro Flores.
La llegada de la banda sueca dejó a más de un gótico perplejo. Netamente se trataba de la primera visita de la banda y nada más ni nada meno que con el tandem original el frente Anders Jacobsson y Lisa Johansson. Obviamente, Draconian es mucho más que este dúo. Durante los años que Johansson decidió quedarse al margen, el grupo continuó con su recorrido, grabó y editó discos y eligió a Heike Langhans para ocupar el rol vacante. Dicho esto, escuchar a Johan Ericson jutno a Jacobsson y Johansson era imposible hasta el fin de semana pasado. Platón pusó al alma en la íntima relación entre las nociones de vida y el movimiento. Tuvieron que pasar varios años para que, sea lo que fuere, ponga la fleche en clave y las coordenadas de Draconian dieran con Argentina. Tal así el movimiento que este nuevo album salió tan solo unos días antes de la presentación en Flores y el público que se acerció lo recibió como si se tratarán de temas que ya tienen un vasto recorrido en los setlist de la banda.
Antes de hablar Draconian, hay que mencionar la antesala. Con al menos unos 10 minutos de retraso debido a la prueba de sonido, Inazulina pisó el escenario porteño. La banda comandada por Anílorac Bakos es una de las más lonvegas del gothic metal nacional y supieron calentar los motores con su estilo lleno parafernalia, luces, visuales, shock y estribillos gancheros.
Dificilmente, Emma Ruth Rundle hubiese llegado a la Argentina en otro contexto. Para un formato solista como con el que vino, debería haber sido en una pequeña de no más de 200 personas. La cercanía y calidez nostalgica que representó desde el centro del escenario con su guitarra electro acústica hubiese sido más aprovechada. Más allá de las nimiedades, Rundle conquistó Flores y logró a callar a la gran mayorías de las personas. Su tonalidad mezzosoprana y su estilo nasal fueron inquietantes, las pocas palabras de intercambio fueron las necesarias y el set corto que incluyo canciones como «Living With the Black Dog», «Darkhorse» y «¿Marked for Death», además de una nueva sobre corrupción (corporal e intangible) constituyeron una hipnosis entre los más cercanos a las vallas y la mujer de vestido rojo y pies descalzos.
Si para Platón, el cuerpo pertenece al mundo sensible, mientras que el alma pertenece al mundo inteligible y su unión es accidental; lo que ocurrió con Draconian es que el grupo es el cuerpo y el alma es la obra por lo que la unión es el efecto que produce en sus seguidores. La búsqueda de la verdad de Draconian yace en la poesía de Jacobson y decidió abrir esta historia con Argentina con «I welcome thy arrow», al igual que el flamante In Somnolent Ruin (2026), con Johansson al frente. Las ovaciones fueron inmediatas.
Draconian no atinó a dejar nada afuera. Si bien, la gira se da en el marco de la presentación del nuevo album, también hay tiempo para otras epocas. Pero no solo, para otras con Johanssen sino también para canciones por fuera de su etapa. «The Wretched Tide», de Sovran (2015) fue la segunda en lista y eventualmente poco tiempo después sonaría «Heavy Lies the Crown.» Las canciones de Langhans le queda bien a Johanssen así como viceversa. Son interpretaciones (por más que a una no la haya podidio ver en vivo) distintos y no por eso distantes, son otros recursos vocales, pero que conviven en el la misma orbitra. Draconian implica a sumergirse a un viaje, a un recorrido instropectivo, espiritual y terrenal. En el aquí y ahora del Teatro Flores el público gritó desaforadamente en cada intervención que dió lugar por más que esto opaque un poco el clima nostalgico de los suecos, pero así son las venas abiertas de america látina. Quizás, el único punto negativo fue que más allá de la efervencia el corte de ticket no acompaño, o al menos lo esperado, tratandose de dos debuts.
De In Somnolent Ruin (2026) sonaron cinco canciones: «Asteria Beneath the Tranquil Sea», «Cold Heavens», la ya mencionada «I Welcome Thy Arrow», «Misanthrope River» y «The Face of God». Mi favorita, «Misanthrope River», no solo del repertorio sino como corte de difusión sino tal album en si. Oscura, pesada e intima. De los puntos más altos fue el himno «Heaven Laid in Tears (Angels’ Lament)»
Siguiendo el razonamiento de Platón, el alma es inmortal. Esto quiere decir que aprender o tomar conocimiento no es adquirir nueva información, sino recordar (anamnesis) aquello que el alma ya conocía, pero olvidó al encarnarse. La obra de Draconian está más allá de tiempo y espacio independientente de la formación, y las canciones nuevas ya son parte de la historia. Quizas siempre estuvieron ahí, como tantas otras y ahora son parte del imaginario popular, del inconsciente colectivo gótico que espero más de 20 años a que llegase a la Argentina y pongan un común su discografia.
Por Jonatan Dalinger



