
Alejado de los puntos corrientes que frecuenta la comunidad de la música pesada nacional, el Argentina Metal Fest volvió al Golden Center Eventos en Parque Norte para su segunda edición. Una que, desde su organización, tomó todo lo hecho por la edición anterior, y lo retrucó. Donde antes había un solo escenario con una banda detrás de la otra, está vez hubo dos, y donde antes tocaron 11 bandas de corrido, este año el público pudo sacarse las ganas del mosh con 25 diferentes propuestas.
Por si era poco, el evento comenzaba fuerte con bandas como Malinche y Bardo, quienes habían sido noticia el pasado febrero tras empatar en la AMF Battle, la competencia que otorga a su ganador, una plaza para el festival.
Tocando en horarios contiguos y prácticamente recién comenzada la que sería una larga jornada, su presencia no fue menor a otras bandas para nada. Donde Malinche conseguía que el público salte con una energía explosiva, Bardo encontraba al público con las manos en alto debido a su sonido más lúgubre. La energía que ambas traían al escenario sin duda alguna las hace merecedoras de ese empate y lugar, el cual espero que se repita en próximas ediciones.
Bastaba con ver estar parado entre los escenarios Gran Malvina e Isla Soledad, para notar desde ya esas horas que el público no daría brazo a torcer durante todo el día, un público que fue bombardeado con bandas de slam Dead Breed, thrash como Fures, o hasta un sonido más moderno como con Groover, quienes tuvieron un aguante destacable en la jornada, al punto de hasta un Transformer formó parte del pogo (esto es totalmente verídico).
Alas de Abril llegó al escenario para cambiar un poco el sonido al que tantos estamos acostumbrados, sin negar gran capacidad de Popi Tass en la voz, o la puesta en escena que incluyo un par de bailarinas quienes interactuaban con la música, el sonido con una presencia notable de sintetizadores puede alejar al fanático más tradicional. Para mí fortuna pude discutirlo con Popi en persona, quien comentó que está totalmente al tanto, pero que el sonido de la agrupación es uno, y, en resumidas cuentas, todos son más que bienvenidos a dejar de escuchar lo que no disfruten…una respuesta acertada.
Pero para esos fans de la violencia y las piñas, Fuego Interior salió a escena, dando una demostración de energía cruda frente al público, que se merece todos los reconocimientos. Así se logró formar el primer Mosh Pit oficial de la velada, con su respectiva ronda y un sequito de gente que le da la forma tanto corriendola, como ejerciendo su derecho a la violencia dentro de ella. El show jamas decayo, todo lo contrario, Darío Diaz, vocalista, se abalanzó sobre el público cruzando la valla de seguridad, dándole cierre a una media hora brutal.
Para este punto del día, era menester considerar tener por lo menos una comida para poder seguir, una hamburguesa clásica y una buena cerveza fueron mí motor para poder volver al ruedo, pero no sin antes dedicarle una exploración necesaria al salón. Al mencionar anteriormente que Golden Center es un sitio alejado de los puntos frecuentes, no es una distinción solo visible en el mapa, sino también, de alguna forma, es un sitio que espiritualmente me encuentra muy lejano a casa. Con esto me refiero al impecable staff y como se las arregló para controlar al público metalero… ¿Vomito en el piso? Se limpia de inmediato, ¿Robo de teléfonos? Todos deben desbloquear el suyo en la entrada por verificación ¿Baños? En 13 horas de evento no tuvieron ni un solo inconveniente.
Todos estos aspectos suman a la experiencia del festival un orden tan particular que no recuerdo haber vivido en otro concierto. Una cualidad única que vale la pena mencionar.
Hablando aspectos destacables, la feria Somos Medievales se hizo presente durante la jornada, ofreciendo junto a todos los puestos de mercancía oficial, peculiaridades como aceites para grandes barbas, piezas de ropa enteramente hechas de cadena, anillos, pulseras, y demás artesanías que los mercaderes enteramente caracterizados le vendían al público.
Y si bien despejar un poco la cabeza con cerveza y artilugios medievales siempre es bueno, me sentía listo para volver al ruedo cuando Chowy Fernández se encontraba ya tocando. Amado por el público como pocos, el musico tocó ininterrumpidamente, logrando que su música se adueñe de todo el recinto. Un subidón de energía que más allá de necesario, era emocionante, logrando que la guitarra retumbe entre todos los huesos de uno. Para fortuna de todos quienes nos quedamos con ganas de más, Chowy se ocupó de recordarnos que el próximo 20 de junio, estará presentando su nuevo y mejor disco (sus palabras), llamado Octopus.
Y menos mal que la energía estaba en ese punto, porque Azeroth se ocupó de transformarla hacia el terreno épico y fantástico. Una banda que ya está más que establecida dentro de la comunidad power metalera del país, y que no hace más que crecer. Habiendo ya encontrado un sonido claro dentro del subgénero, apreciable cuando se escucha cualquier canción moderna de la banda junto a temas como «La Salida», que interpretaron de su primer y homónimo disco.
Continuando así con las bandas esperadas de la noche, llegó el turno de DARLOTODO. Lucas Aguirre, voz de la banda, emerge en el escenario de un salto y levanta por los aires la energía de, quizás, la demografía más joven del festival, quienes hacían girar sus remeras de la banda en el aire al cantar sus canciones. Al igual que todos quienes vinieron antes de ellos, su presencia fue de media hora, lo que significo todos los temas esperados por el público, incluido el ya clásico cover de «Fallin Away From Me», de Korn, para el cual invitaron a Nazareno Antolini, voz de ELNUEVEONCE, quienes el pasado 2025 representaron al país en el Wacken Festival.
Cabe mencionar uno de los proyectos más curiosos del festival, Plantera, que en muy resumidas cuentas es Plan 4…interpretando a Pantera. Y lo que demuestran experimentos así, es que lo clásico siempre sirve, me atrevo a decir que aún más para un género tan nostálgico como lo es el metal. «Five Minutes Alone» y «Walk» fueron solo algunos de los megas-clásicos que publico pudo enloquecerse al escuchar hace quien sabe exactamente cuánto tiempo. Y sí bien el proyecto no ofrece más que lo ya dicho, no se puede no felicitar a toda la agrupación por tan memorable actuación.
Hablando de memorable, el show de Asspera, no pasó por debajo del radar, llevando su famoso Metal Bizarro al máximo de potencia. Trajes de dinosaurios, muñecos inflables, miembros de la banda que forman parte del pogo, martillazos gigantes, y por supuesto el célebre jingle de Marolio. Más difícil es explicar lo divertido que puede ser un concierto que lo que realmente es ir a disfrutar de Asspera en vivo, quienes el 6 de junio se presentaran en el Teatro Flores para celebrar los 20 años de su disco debut Bizarra Actitud de un Científico Mutante.
Cerca del final, Vitico salió a escena con un público llanamente enamorado de él, que lo adora y genuinamente lo quiere, su convocatoria puede no haber sido la más amplia, pero fue sin dudarlo una llena de honestidad. Por cada clásico que sonaba, como «Susy Cadillac», «No Detenga su Motor», numerosas parejas (ahora parte de la demografía más mayor) se juntaban a bailar Rock n’ Roll en el medio de la pista, o algunos que simplemente cerraban los ojos y balbuceaban tenuemente las canciones de su pasado. Sí antes había mencionado lo bien que la nostalgia le hace al género, Vitico, en toda su experiencia, pone esa misma idea sobre la mesa para hacernos emocionar.
Sin alejarse mucho de las emociones fuertes, quien más podría haber cerrado esta edición sino Claudio ‘Tano’ Marciello. Teniendo para sí el único show de la noche de aproximadamente una hora y media, tocó no solo temas propios «Nobleza Obliga» u «Ojos de Aguila», sino también, y claro está, clásicos imperdibles de Almafuerte. Debo hacer un breve hincapié acá, porque el horario estaba próximo a las 2AM para este punto, pero con cada mención a Iorio durante la jornada, el público se emocionaba en una locura compartida. Fueron varios los artistas que rindieron algunas palabras al vocalista, pero cuando Claudio Marciello sacó temas como «Ceibo», «Almafuerte», o el imprescindible «Toro y Pampa», ya el horario de madrugada no era un factor determinante, ya la gente estaba engullida por la escénica del metal nacional, por el poder del recuerdo y por la emoción de una vez más poder escucharlo en vivo.
Entré al Argentina Metal Fest esperando tener una experiencia brutal con un cierre emotivo, pero me encontré con una noche repleta de emociones y talento que rinden tributo a la nostalgia nacional. El metal se continúa probando vivo y resistente al paso del tiempo, por muchos años más de la escénica nacional.
Por Uriel Matusevich
PH: Pierina Cervi









