
El heavy tradicional nacional nunca fue un género que intentara convencer a nadie, jamás estuvo en su carácter. En todo este tiempo tampoco fue una preocupación si volvió a estar de moda, si la prensa mira de costado o si las charlas musicales pasan por otro lado. Mientras el resto discute qué viene después, el heavy sigue haciendo recitales y la gente sigue yendo.
Bastaba con quedarse un rato mirando antes de que arrancara el show y prestar atención para darse cuenta que las conversaciones eran reconocibles y que el encuentro del público era repetido, como si este fuese el mejor de los planes y finalmente, también, la mejor definición posible de una escena.
La apertura quedó en manos de Abeydon y Moral, dos bandas que, desde lugares distintos, dialogaron bien con el espíritu de la noche y encontraron rápidamente una buena respuesta del público.
La excusa de Jeriko, esta vez, era presentar “Imposible Olvidar”, su nuevo disco en vivo. Pero la verdad es que nadie parecía demasiado preocupado por razones para estar. La banda salió a tocar y el público hizo lo que viene haciendo desde hace más de treinta años. La presentación de este álbum también tenía algo de espejo. El disco registra el recital del regreso de Juan Soto en ese mismo escenario, una noche especialmente significativa para la historia reciente de la banda. Volver un año después para presentarlo, mientras “Tierra Violada” cumple 28 años, reforzó una sensación de continuidad que atravesó todo el show.
En más de tres décadas de recorrido, Jerikó atravesó cambios de formación, distintas voces y etapas muy diferentes entre sí. Lo llamativo es que nunca intentó esconderlas. Por el contrario, parecen convivir con bastante naturalidad dentro de una misma historia.
Ese entusiasmo por el heavy nacional también tuvo uno de sus momentos más celebrados con la aparición de Daniel Medina, cantante de In Dios y Tren Loco, que se sumó al micrófono junto a Soto.
El repertorio fue y vino por distintas etapas sin hacer demasiado escándalo al respecto. «Recuerdos», «Arrastrados», «Libre Otra Vez», «Hasta el Final», «Tierra Violada», «Reventado», «Aunque Sangres», «Rendidos… a Nadie» y el cierre con «Bajo Mi Ley» fueron apareciendo con una gracia ganada de canciones que ya dejaron de pertenecer únicamente a la banda y pasaron a formar parte de la vida cotidiana de quienes las escuchan.
Como invitado también apareció Iván Sención y los aplausos llegaron antes que pudiera saludar. La efervescencia no fue solo para el ex-cantante de la banda, sino también hacia una etapa de Jeriko y para una manera bastante sana de entender el paso del tiempo. Es común encontrarse con que algunos grupos viven peleándose con su pasado; Jeriko, en cambio, lo invita al escenario sin ningún tipo de recaudo.
Luego del saludo final las conversaciones siguieron exactamente donde habían quedado antes del recital. Todo había terminado, pero a la vez seguía funcionando como siempre. El heavy nacional nunca tuvo demasiada preocupación por impresionar o verse bien para nadie. Le alcanzó, desde hace mucho tiempo, con seguir encontrándose. Con canas o sin ellas.
Por Sofia Alvarez



