
Otro año más en el que pusimos el rumbo con dirección a Clisson para ser testigos de otra edición del Hellfest, esta leyenda de los festivales metaleros que en cada uno de sus cuatro días reúne a un público ocho veces mayor que el de esta pequeña comuna en el oeste de Francia, peleando mano a mano con el Wacken alemán con su mezcla de metal, rock, punk y todo lo que haya en el medio.
Día 1
El jueves 18 de junio de 2026 decidimos hacerle frente al calor, recorriendo el camino rodeado por los paisajes rurales del oeste francés para llegar a la entrada del festival. Cerca de ahí, se podía ver la entrada al sector VIP, caracterizado como si fuera un enorme amplificador Orange, como para darse una idea de lo que sería este evento. Este primer día sería una versión más condensada del resto, con las primeras bandas comenzando a tocar a las 16:00, seis horas más tarde que en el resto de los días, pero sirviendo perfectamente como aperitivo de lo que se venía en las siguientes jornadas.
En el Mainstage 02 una tonelada de gente se había acumulado para ver a la leyenda Mikkey Dee llevando a cabo su tributo a las canciones de Motörhead, la banda con la que estuviera detrás de los platillos por casi 25 años. La idea del autotributo puede estar un tanto quemada en estos días, pero considerando que el grecosueco hace también lo suyo junto a Scorpions entonces creo que hace rato se ganó el derecho a hacer giras tocando lo que se le cante.
Acompañado por el bajista Viktor Skatt (quien en las pantallas grandes a los lados se veía como una cruza de Lemmy con Dimebag Darrell) y el guitarrista William Dickborn, el power trío rindió tributo a la banda madre del baterista con una selección de clásicos: “Love Me Like A Reptile”, “Born To Raise Hell”, “Overkill”, “Ace of Spades”, todo más cantado que el Feliz Cumpleaños pero no por eso menos bienvenido. Un buen set para pasarla bien, como puede asegurar la multitud que se había reunido para verlos.
No todo es metal per se en el Hellfest, como vamos a estar viendo a lo largo de este repaso de los acontecimientos sucedidos en tierras francesas, y recorriendo un buen trecho desde el Altar llegamos al escenario Warzone, dedicado casi de manera exclusiva al punk y al hardcore. Ahí tendríamos el privilegio de ver a Shelter, las leyendas estadounidenses del krishnacore que salieron al escenario con la musicalización espiritual que da comienzo a su clásico “Message of the Bhagavat”. El ahora barbudo sesentón Ray Cappo sonó bastante complicado detrás del micrófono, con la voz quebrada en más de una ocasión, pero sus tres acompañantes dieron todo en la base, ofreciendo la energía necesaria para trasladar himnos hardcore punk, casi todos sacados de su clásico Mantra. Y a pesar de su garganta cansada, Cappo no tuvo problemas en alentar al público, incluso dándose un momento para bromear con la imagen straight edge de la banda y su propio interés en el yoga. Cerrando el recital con la homónima “Shelter” y su mantra hare krishna, donde al menos podemos decir que el vocalista no sonó mucho peor que al inicio y agradeció a todos los presentes y los organizadores, Shelter dejaron un buen sabor de boca, aunque siempre pensando en que el cantante pudiera mejorar su estado vocal.
Después de pasar tanto tiempo en los escenarios “chicos”, me di cuenta de que tendría que ir en algún momento a los escenarios grandes para evitar algún reclamo por parte de los jefes. Así que eché rumbo para el Mainstage 01 para ver a Breaking Benjamin, banda que si juzgo rápido diría que me parece parte de esa resaca medio infumable del post grunge yankee. Sin embargo, escuchando a todos a mi alrededor cantando a todo pulmón “I Will Not Bow” me quedó claro lo que le atrae a mucha gente, aunque no sea fan. Es la clase de banda que seguro te cambiaría la vida si eras un adolescente con hambre de música pesada pero melódica en 2006 / 2007, justo en una etapa donde escuchaba rock en español casi de manera exclusiva. ¿Me volvieron fan? Eh, para nada, pero al menos son mejores que Three Days Grace.
Tras casi tres horas volvimos al Mainstage 02, justo al lado del principal, y ahí pudimos ver a unos auténticos dinosaurios del rock con los siempre queridos Deep Purple. Sé que sonará como una repetición de lo dicho en la sección de Shelter, pero está claro que Ian Gillan tiene un desgaste muy importante en su voz, algo a esperarse con un cantante de 81 años que ya ha hablado acerca de retirarse de la música, pero el resto de los músicos es una máquina bien aceitada que produce riffs y mantiene ritmos como si habláramos de gente de un tercio de su edad. Simplemente espectacular, con la gente pasándola bien tanto en los clásicos del rock de los setentas como en un par de adelantos de su próximo SPLAT!, el álbum número 24 del quinteto. No hay mucho que decir, con los largos solos de teclados, sus riffs imperecederos y la actitud de puro rock, con el guitarrista Simon McBride (47 años, un purrete comparado con los otros) demostrando ser otra gran elección en la lista de cambios de integrantes del grupo, dejando la vida en las cuerdas mientras de fondo podíamos ver las imágenes cambiando en las pantallas con distintos gráficos. Eso sí, el contexto del festival puede ser un tanto complicado para una banda como Deep Purple, con apenas hora y monedas de tiempo dándole poco espacio para repasar su vasta obra.
Sabía que Deep Purple iban a cerrar con “Smoke On The Water”, así que supe que poco antes era un buen momento para dirigirme: perdón, pero es una canción que ya la conozco demasiado de memoria. Sin embargo, la atmósfera de los setentas no se iba a terminar, porque desde ahí tuve mi primera incursión al escenario Valley para ver a nada menos que los ingleses Uncle Acid and The Deadbeats, una de las bandas más originales de toda la movida de clones de Black Sabbath que aparecieron en los últimos quince años y monedas. Riffs que recuerdan a cine de terror, exploitation, sacrificios con sangre falsa y mucho ácido, y aunque la voz de Kevin Starrs no sea para todo el mundo es indudable la personalidad que le da al grupo. Además de sus clásicos como “I’ll Cut You Down” y “Crystal Spiders” también tuvimos “Don’t Let It Control You”, adelanto de lo que vaya a ser su nuevo álbum que parece que los tendrá de vuelta en un formato más normal tras el experimento conceptual Nell’ Ora Blu (hey, a mí me gusto).
Ya acercándose la medianoche, fue momento de cerrar un minuto los escenarios para que todo el mundo pudiera asistir al homenaje al “Madman” Ozzy Osbourne, poco menos de un mes antes de que se cumpliera un año de su partida. Con la estatua enorme ubicada en la entrada del festival, el espectáculo de fuegos artificiales y la música de Ozzy sonando de fondo, fue un tributo sentido al legado del cantante, más allá de sus controversias y de que su familia parezca estar empecinada en destruir todo con sus maniobras comerciales con IA últimamente.
Para no dejar a Breaking Benjamin como único acto del escenario principal en la lista, fui al Mainstage 01 para ver a otro de los nombres importantes del Hellfest, con Bring Me The Horizon tomando control del escenario después del set de Papa Roach. ¿Qué puedo decir de los ingleses? De alguna manera han logrado capturar todo un nuevo público por fuera del mundo del deathcore de mediados de los 2000 y han sabido propulsarse con sonidos más rockeros y hasta electrónicos, y todo sin sonar forzados o como que están poniéndose un disfraz de algo que no son. Había una clara división entre el público que estaba ahí para escuchar algo de Count Your Blessings y el público más Tiktok / Instagram que estaba ahí para escuchar algo de los últimos discos, pero es indudable que Oli Sykes y compañía se pueden seguir poniendo brutales cuando tienen ganas, como en el largo grito del cantante en “Kingslayer”. Lo último no será muy para mí, pero es tremendo que hayan logrado mantener su relevancia después de tanto tiempo.
Y fue en ese momento, ya pasada la 1 de la mañana, que decidí retirarme, incluso teniendo todavía un par de set: el viernes las cosas se venían pesadísimas, y sabía que tendría que tomar algunas decisiones complicadas para poder disfrutar todo lo que se venía.
Día 2
El viernes 19 de junio de 2026 iba a ser un Día 2 extremadamente denso en el Hellfest, e indudablemente sería la mayor concentración de estrellas en todo el festival, fue tanto en los escenarios principales como incluso en los más chicos. Así que disculpen si a veces no dedico la misma cantidad de tiempo / texto a todas las bandas: es una cuestión de tener que decidir a quién ver, y en algunos casos por cuánto tiempo.
Arrancamos nuestro día con una lluvia de sangre de la mano de los noruegos Blood Red Throne, abanderados totales del death metal de su país. Con la intro diciéndole a todos los presentes que el narrador “desearía que estuvieran todos muertos, pudriéndose y siendo devorados por los gusanos”, el quinteto de Kristiansand comenzó a descargar su furia con “Unleashing Hell”, acompañados por un escenario sobrio, apenas decorado con una imagen en el fondo de su álbum homónimo… de 2013, pero me imagino que la ilustración con el trono era suficiente. De cualquier manera, lo de Blood Red Throne fue pura violencia y riffs carniceros, exactamente lo que se espera del death metal.
Ahora sí, en el Mainstage 01 comenzaba el primer plato fuerte del día con el concierto que dieron las leyendas progresivas Queensrÿche. Con un set un tanto limitado en tiempo, algo que mencioné que es un tema con el formato de festival, los de Seattle tuvieron a bastante gente viéndolos interpretar un listado de canciones casi completamente enfocado en los ochentas. Todd La Torre siempre tendrá gente dudando de su labor junto a la banda a pesar de ya llevar 15 años como cantante de Queensryche, algo obvio si consideramos que reemplazó a nada menos que Geoff Tate, pero en este Hellfest su interpretación estuvo más que aprobada de mi parte, y encima acompañado por una banda que fue un reloj suizo de precisión.
Buscando matar un poco el tiempo hasta ver a la próxima estrella que se subiría al Mainstage 01, me fui a ver a Sinsaenum, este particular rejunte de integrantes de bandas del metal europeo, impulsado por Frédéric Leclercq (ex Dragonforce, actual Kreator) que en su momento recibiera bastante publicidad por la inclusión entre sus filas del fallecido Joey Jordison. Creo que los nombres incluidos entre sus filas, con Attila Csihar (Mayhem) como otra inclusión llamativa, dan como resultado algo que es menor que la suma de sus partes: el material es bastante genérico, algo con lo que no tendría tanto problema si no fuera porque sintiera que estoy escuchando el material descartado de las respectivas bandas principales de sus miembros. Pero para pasar el rato puede funcionar, como mostraron los aplausos de la gente.
Ahora sí, era momento de que el Mainstage 01 se encendiera para la llegada de nada menos que Accept, que hacía su cuarta presentación en la historia festival frente a una multitud preparada para recibir con los brazos abiertos a las leyendas germanas del heavy metal. Bueno, decir “germanas” viene con un asterisco grande siendo que en estos días 60% de los integrantes son estadounidenses, pero hace casi dos décadas que la llegada del cantante Mark Tornillo ha demostrado que eso no es un problema. Con una selección de clásicos como “Metal Heart”, “Restless and Wild” y “Fast as a Shark”, esta última con Fredrik Åkesson de Opeth como invitado, fue un set corto pero con mucha y muy buena onda. Accept no es una banda complicada: te gusta o no, pero no hacen un concierto así nomás.
Ah, Carach Angren. Las figuras neerlandesas del black sinfónico son la clase de grupo que genera sensaciones encontradas, como pasa con cualquier grupo del black que encuentra un público por fuera del mismo. Con el grupo volviendo poco a poco a las presentaciones en vivo tras las cancelaciones en 2024 por la cirugía y recuperación de su cantante Seregor, y tener el sonido intrincado y recargado del grupo frente a un público dentro de todo receptivo pero un tanto estático, seguramente por el calor que se sentía afuera y las horas de espectáculo, puede que no fuera el mejor contexto. Pero incluso si los discos de Carach Angren no son lo mío, es indudable el profesionalismo y la teatralidad con la que presentan sus canciones en vivo. Esperemos que puedan volver con más fuerza y energías renovadas pronto, tanto en vivo como en su material de estudio.
Al mismo tiempo, en el Mainstage 01 teníamos a otras leyendas alemanas apostándose, con Helloween plantando bandera con todo su ejército de siete músicos para hacer un repaso de los clásicos que formaron el power metal como lo conocemos. Con la banda realizando su gira de 40° aniversario, Helloween se pusieron manos a la obra, aprovechando su tiempo para darle a la multitud exactamente lo que quería: riffs, doble bombo y melodías épicas. Con Andy Deris, Michael Kiske y Kai Hansen con chaquetas de cuero reglamentarias a pesar de que el sol pegara de lleno en el lugar, el septeto dedicó más de la mitad de su set a canciones de su duología legendaria Keeper of the Seven Keys, con el resto siendo selecciones de su otro clasicazo Walls of Jericho y algo de Giants & Monsters, su segundo álbum con esta formación renovada, además de un par de The Time of the Oath. Con un espectáculo maximalista con las pantallas del fondo yendo de la mano con la formación actual de tres cantantes y tres guitarras, Helloween hicieron lo suyo con soltura, más allá del segmento de solo de batería (¿A alguien le gusta cuando las bandas hacen eso?) y algún que otro detalle mínimo.
Después de Rotting Christ, nos fuimos derechito al Mainstage 01, donde ya había comenzado el set de Iron Maiden. La Doncella de Hierro es una garantía de espectáculo, e incluso tocando en un festival y con el sol todavía visible la atmósfera estaba óptima para que todo fuera una fiesta. Con un campo a reventar de gente, Iron Maiden dieron rienda suelta a su repaso de los clásicos, como parte de su gira Run For Your Lives, enfocada en los nueve primeros álbumes de la extensa obra de la banda y que ha dado la oportunidad de agregar más canciones de la etapa junto a Paul Di’Anno que hacía rato que no tocaban, con “Murders in the Rue Morgue” y “Phantom of the Opera” como los dos ejemplos más obvios.
Es de esperarse que Bruce Dickinson sea una bestia detrás del micrófono, nada nuevo ahí considerando su estatus como tal vez el cantante más legendario del heavy metal. Y lo mismo con respecto a la banda en sí: llevan tocando décadas juntos, no es esperable sino directamente obligatorio que sean una pieza de relojería en cada riff, cada solo, cada detalle de cada una de las canciones. Pero quiero destacar la labor de Simon Dawson, quien tuviera la titánica tarea de suplir la ausencia de Nicko McBrain, quien todavía es considerado el baterista oficial de Iron Maiden pero anunció su retiro de las giras, siendo esta Run For Your Lives la primera gira en más de 40 años que no tendría su presencia. Dawson demostró ser una persona más que indicada para tremenda tarea, con una pegada dura y precisión extrema.
Con la excepción de un problema con la pantalla de fondo, que se apagó a mitad del concierto y tardó varios minutos en volver a estar en funcionamiento, el concierto de Iron Maiden salió de manera perfecta, y eso también se pudo ver en la cantidad de pogo y circle pits que se podía ver entre el público, demostrando el cariño que se le tiene a estas leyendas.
Perfectamente podríamos haber terminado ahí, pero decidimos hacer un poco más de aguante e ir al escenario Altar, dispuestos a ver a los viajeros intergalácticos de Blood Incantation. Death metal y ciencia ficción es una combinación que no será nueva, pero la llegada que ha tenido este grupo estadounidense es mucho más grande de lo que uno podría llegar a pensar a la primera. Si a eso le sumamos los extremos a los que han ido con esta propuesta, sacando un sorpresivo álbum de música ambiental como tercer álbum, hablamos de gente que apunta bien alto.
Y si la idea de la música ambiental espacial no es lo tuyo, no te preocupes porque el set de Blood Incantation estuvo casi exclusivamente centrado en su álbum Absolute Elsewhere, el cual tocaron completo. Death metal, secciones medio doom, algún pasaje más espacial y arrancones de velocidad, Blood Incantation tiene para todos los gustos, seas un nerd del progresivo, un fundamentalista del death metal clásico o simplemente alguien que jugó demasiados juegos de ópera espacial. Buenos riffs, buen sonido y una propuesta extremadamente interesante.
Y así, terminamos este segundo día del Hellfest con nuestra propia incursión a la oscuridad del espacio… bueno, era el camino de vuelta a nuestra habitación, pero considerando que era más de la 1 de la mañana bien podría haber sido una aventura. Era momento de caer como un tronco en el colchón, que todavía nos quedaban dos días más de esto.
Día 3
Después de terminar tan tarde la noche anterior, decidí darme un descanso y permitirme llegar un poco más tarde el sábado 20. Comparado con el viernes, este día estaba menos plagado de bandas “sí o sí”, o sea imperdibles en mis planes, pero eso no quería decir que no hubiera muy buen material para ver.
El primer grupo al que vimos pisar las tablas, en este caso del Temple, fue a Non Est Deus, el proyecto encabezado por Noise, el músico anónimo que también comanda con puño de hierro a Kanonenfieber. Es raro pensar en Non Est Deus como “la otra banda” de Noise, considerando que la comenzó varios años antes que Kanonenfieber, pero podemos decir que la temática de Primera Guerra Mundial de los segundos es más “original” que la temática blasfema de estos. Pero Non Est Deus dio un buen espectáculo, especialmente los que quieran más bandas enmascaradas tocando riffs melódicos a lo Mgła, con el agregado de la teatralidad de Noise autoflagelándose en medio de una canción. Si no, pasen de largo.
Un rato largo después ya estaban apostados en sus puestos los soldados ucranianos de 1914. Los horrores de la guerra se expresan en cada una de las canciones del quinteto, e incluso cuando Dmytro Kumar simplemente habla con el público si consideramos las palabras poco amables dirigidas a Vladimir Putin. Siempre va a causar un tanto de gracia la manera en la que un rejunte de metaleros se emocione tanto al momento de comenzar a escuchar una grabación de una marcha de hace más de 100 años con sonido de vitrola, pero así funciona la temática de Primera Guerra Mundial de 1914, la cual logran fusionar extremadamente bien con sus riffs podridos y lentos. No tengo mucha referencia de cómo serán sus presentaciones en escenarios más grandes, pero tengo ansias de poder verlos en otro contexto si pudieron hacer algo tan convincente con las limitaciones de tiempo y espacio de un festival.
Después de ver un rato a los particulares stoners Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs (en parte para poder decir que vi a una banda llamada Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs y poder decir que de verdad se llaman Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs), fuimos a ver a los portugueses Gaerea. Esta se volvió la banda fetiche de muchos conocidos míos, así que tenía ganas de verlos en vivo, pero para ser sincero no le vi mucha gracia. No sé si fue el sonido, que dejó un tanto que desear en el Temple, o porque se centraron casi de manera exclusiva en Loss, su último disco y uno que dividió a su público con su cambio importante de estilo a algo más melódico y alejado del black metal. No sé, como que los elementos no me terminan de cuadrar tanto en disco como arriba del escenario, una pena.
Hablando de música hipster, los irlandeses God Is An Astronaut tuvieron un hermoso set en el Valley. Toda buena banda de post rock debe saber cómo llevar los ambientes cinematográficos de sus canciones al formato en vivo, y tener a la cellista es un detalle que aporta más de lo que uno pensaría. Combinando las dinámicas de ensueño con los subidos repentinos de intensidad y volumen que han hecho marca registrada en su música e inspiraron a miles de imitadores, los hermanos Torsten y Niels Kinsella se llevaron la aprobación de un público que seguramente quedó extasiado, incluso bajo la luz del sol que daba de lleno en el campo del escenario.
Pero claro, no vamos a dejar de lado el extremismo musical así como así, por lo que volvimos otra vez al escenario Altar para presenciar el set de los alemanes Obscura. El sonido de Obscura (o “el show del cantante y guitarrista Steffen Kummerer y quien esté dispuesto a acompañarlo en ese momento”) puede ser un hueso duro de roer si no te convence la idea de intercalar brutal death metal con momentos progresivos, pero Obscura hacen lo suyo con soltura, incluso con un setlist un tanto demasiado enfocado en su último A Sonication. Un pulgar para arriba de mi parte.
Y ahora sí, vayamos al Mainstage 02, donde estaban comenzando a hacer lo suyo los también neoyorquinos Anthrax. Con una imagen enorme de fondo mostrando el mago demoníaco de Cursum Perficio, el álbum que sacarán en septiembre próximo, el quinteto dio con concierto entretenido y con soltura, repasando sus clásicos como para quedar atrapados en el mosh. Joey Belladonna tendrá 65 años y se notará por momentos, pero es innegable que el cantante se mantiene muy en forma, con esa voz aguda que no será virtuosa pero hace bien al acompañar las guitarras de Scott Ian y Jonathan Donais, las líneas de bajo de Frank Bello y la batería poderosa de… ¿Darby Todd? Sí, este inglés está reemplazando de manera temporal al histórico Charlie Benante, quien se encuentra recuperándose de una lesión, con Todd demostrando que el puesto está en buenas manos.
Seguimos con la onda extrema en el Temple, con Aura Noir comenzando a cortar cabezas. Los noruegos llevaron toda su furia thrashera a niveles apocalípticos, interpretando de principio a fin su álbum debut Black Thrash Attack, siendo la clase de álbum que puede llevar ese nombre sin parecer que está compensando algo. No hay mucho para decir acerca de la presentación más allá de lo divertida que fue: está claro hace rato que Aura Noir es la clase de banda donde la diversión descerebrada es lo primero, y que con ellos tenés garantizada una fiesta bien metalera.
Por suerte el sol ya se estaba escondiendo, y era momento de tener a nada menos que a las leyendas del death metal Carcass comenzando su espectáculo en el Altar. Bill Steer se habrá dejado atrás los dreadlocks de los inicios de su carrera y ahora se habrá cortado el pelo al punto de parecer un oficinista, pero tanto su voz podrida como sus habilidades con el bajo están inmaculadas, y lo mismo puede decirse de las guitarras de Bill Steer y Nippy Blackford, con el finlandés Waltteri Väyrynen haciendo un trabajo espectacular en el fondo supliendo a Daniel Wilding mientras resuelve unos problemas familiares. De las mejores presentaciones de todo este Hellfest, con unas “Carnal Forge” y “Dance of Ixtab” que deben rankear entre las mejores interpretaciones. Pura magia extrema.
Hablando de leyendas, a las 21:50 el Mainstage 02 dio la bienvenida a Megadeth, con Dave Mustaine decidiendo arrancar la tarde/noche con “Tipping Point” de Megadeth, el álbum que la banda anunció que será el último. Sí, no creo que haya sido una buena decisión considerando lo desigual y tirando a mediocre que es ese disco, pero al menos pudimos comprobar que la ruleta que suele ser el estado de la voz de Mustaine tiraría a “decente” en esta ocasión, siempre un punto complicado cada vez que Megadeth pisa las tablas. Un par de personas habrán agitado durante la canción, me imagino que más por respeto que por verdadero aprecio del track, pero las cosas de verdad se encendieron con “Hangar 18”, que comenzaron casi pegada y que desató los primeros pogos entre el público.
La seguidilla de “Hangar 18”, “Take No Prisoners” y “Sweating Bullets” fue casi malévola en lo perfecta que fue, aunque me imagino que esto fue para alivianar que después nos tuviéramos que fumar “I Don’t Care”, la que debe ser de las peores de este último álbum de Megadeth. Por suerte, más allá de las antes mencionadas y de “Let There Be Shred” no hubo que escuchar mucho de este nuevo esfuerzo de Mustaine y compañía, con el resto de la lista siendo clásico tras clásico. Buen paso de los estadounidenses por los escenarios franceses.
Ya que mencioné el Mainstage 02, ¿dónde está el Mainstage 01 en este anteúltimo día? Bueno, el día en el escenario más grande se cerró con la presentación de Limp Bizkit, que salieron a las 23:01. Viniendo desde el escenario de Megadeth, llegué al de Limp Bizkit… todavía escuchando Megadeth, siendo que antes de dar comienzo a “Break Stuff” teníamos a Wes Borland, viéndose como es costumbre como si fuera algún demonio sumerio, haciendo un medley con las intros de “Holy Wars” de Megadeth y “Master of Puppets” de Metallica. Ya centrándonos en Limp, que aparecieron tras el paso de A Perfect Circle por el mismo escenario (¿Qué tendrá que decir Maynard James Keenan sobre tener que tocar antes de Limp Bizkit?) y con una escenografía con cassettes gigantes mostrando algunos de los grupos favoritos de los integrantes, lo de los estadounidenses fue pura fiesta. Hace rato que Limp Bizkit aceptaron su puesto como medio un chiste que todos podemos aceptar, con Fred Durst demostrando tener toda la buena onda del mundo, dándole material a la gente para hacer unos pogos violentos e ir quemando sus últimos cartuchos de la noche en cuanto a energía.
Quería mencionar que parece que Dave Mustaine ya dejó de tener problemas con compartir escenario con bandas satánicas (¿Se acuerdan de la polémica con Rotting Christ? Eso fue hace más de 20 años), porque después del paso de Megadeth el Mainstage 02 cerró nuestra noche con la presentación de los polacos Behemoth. Con un telón blanco enorme que cayó apenas terminó la intro, revelando la decoración con un popurrí de símbolos ocultistas, un Cristo invertido a un lado y dos plataformas a los lados de la batería para el bajista Orion y el guitarrista y “eterno cuarto miembro no oficial” Seth, Behemoth dieron un concierto a la altura de su estatus.
No seré muy fan de la última década de lanzamientos de los oriundos de Gdańsk, pero es innegable que saben montar un espectáculo como para comenzar a sacrificar cabras o vírgenes. Con un setlist dentro de todo balanceado y un sonido a la altura de las circunstancias, el black / death de los polacos fue un cierre perfecto para este tercer día de nuestro Hellfest, pudiendo sentirnos satisfechos para ya irnos a nuestros aposentos y prepararnos para el cierre definitivo del festival francés el domingo 21.
Día 4
A pesar de ser un domingo soleado en el oeste francés, rodeado de la vegetación y el aire fresco, no tenía ganas de comenzar mi día de la mejor manera en cuanto a ánimos. No sé, tal vez esa fue la razón por la que decidí dar comienzo a este cuarto día del Hellfest con una visita al escenario Temple, donde los brasileños Thy Light estaban teniendo a todos “pum para abajo”.
Paolo Bruno sacará material con este proyecto cada muerte de obispo, pero desde 2022 decidió sacar a Thy Light a la ruta y dar sus primeros recitales, algo que no creo que muchos se esperaran que fuera posible allá a principios de los 2000 cuando su demo Suici.De.pression fuera la entrada de muchos exploradores de blogs metaleros a la idea del “black metal depresivo”. Con corpse paint y capuchas, Bruno y sus colaboradores en vivo llevaron de manera sorpresivamente efectiva estas canciones al contexto en vivo, con su dinámica de calma melancólica y gritos de dolor intercalados. Viendo esto, me quedé pensando que la posibilidad de tener un nuevo lanzamiento de Thy Light en el futuro cercano no sería algo descabellado.
Tras las odas al suicidio por parte de Thy Light, en el escenario Altar fuimos a ver a los italianos Fulci. El quinteto rinde tributo al cine exploitation de terror gore clásico a ritmo de brutal death metal, y no creo que haya una combinación más acertada que esa, con los guturales y los riffs carniceros siendo el mejor traspaso que se puede hacer de los litros de sangre falsa, la carne podrida y los ojos saliendo volando de sus órbitas al terreno de la música, con el público haciendo headbanging al ritmo de “Voodoo Gore Ritual” o “Matul Tribal Cult”. Todo el material de la banda está muy recomendado de mi parte.
Soilent Green dieron su concierto en el Valley, aunque la furia mostrada por los estadounidenses seguramente los pondría más para algo como el Warzone. Pero el estilo ecléctico del quinteto cubre muchos públicos, y esto se pudo ver en lo mostrado por el grupo de Nueva Orleans, con una furia y unos riffs brutales que muchas bandas de metal más “extremo” seguro deben envidiar. Viendo la energía mostrada por Soilent Green en este concierto y considerando que el grupo en los últimos años haya vuelto a los escenarios tras una década de otros proyectos ocupando su tiempo, ¿podremos tener nuevo material de estas leyendas del sludge?
Pero si hay un grupo al que de verdad estaba ansioso de ver en este Hellfest era a Eyehategod, otra de las leyendas del sludge que tendríamos en este día. Mike IX Williams y Jimmy Bower son un dúo infalible al momento de mezclar gritos brutales con riffs con mucho groove sureño, con más de un par de personas en el público moviéndose como si no estuviéramos en un concierto de metal sino en algo más bailable. Incluso con el sol pegando fuerte sobre la gente, fue un buen set.
Teniendo algo de curiosidad, me pasé un segundo por el espacio Altar, donde estaba Six Feet Under. Tengo un estómago bastante fuerte para muchos estilos vocales, pero incluso así la voz de Chris Barnes es algo que nunca jamás pude soportar, y no ayuda que las canciones de Six Feet Under parezcan hechas en el tiempo que duran y en piloto automático. No aguanté mucho tiempo.
Hablando de cantantes estadounidenses con dreadlocks larguísimos, en el Warzone teníamos a los Circle Jerks. Como es costumbre con la banda, tuvimos más de una veintena de canciones en los 45 minutos y monedas del set, una detrás de la otra a un ritmo y velocidad de ametralladora, pocas veces dejando pausas entre una y otra. Keith Morris tendrá ya 70 años pero grita cada canción con la misma furia de hace 45 años, y a pesar de la adrenalina del momento aprovecha para hablar un poco de la historia detrás de las canciones, dedicar unas palabras amables al público y otras mucho menos amables a los políticos estadounidenses, mientras el histórico Greg Hetson, el casi omnipresente Zander Schloss y el llegado hace poco Joey Castillo daban una clase de punk rock sucio pero con la técnica que da la experiencia, dando como resultado un grandísimo set.
Más tarde en el Temple tuvimos a los también estadounidenses Wolves In The Throne Room. Considerando los paisajes fríos y arbolados que han inspirado sus canciones, es interesante lo bien que se pudieran sentir en un contexto, tanto climático como de ambiente, del Hellfest, con unos riffs que cortaban como cuchillo recién afilado y una batería imparable. No seré muy fan del estilo vocal de Nathan Weaver, pero la atmósfera de las canciones es suficiente para que no piense mucho en ello.
Llegando a las últimas horas del festival, aprovechamos para ir al Warzone para otra inyección de hardcore punk, en este caso de parte de los neoyorquinos Agnostic Front. Con la bandana en la cabeza y actitud pandillera, el grupo salió al escenario dispuesto a romper todo, y lo lograron… excepto por un par de detalles. El más importante para muchos era la voz de Roger Miret, que parecía quedarse sin aire y donde no ayudaba que pareciera haber algún problema con la mezcla, con Miret haciendo gestos a los encargados de la mezcla y disculpándose con la gente, sumado a que los mismos problemas se podían sentir con la guitarra de Vinnie Stigma. Es una lástima, porque el resto de la banda sonó espectacular, y dando lugar a muchos circle pits de tamaños apocalípticos.
Después de estar todo el día bajo el sol sentía que necesitaba darme un buen baño, y esa es mi manera estúpida de decir que me fui a ver a los estadounidenses Acid Bath. Apenas escuché en 2024 que habían anunciado su vuelta, me di cuenta de que no podía pasar por alto la oportunidad de verlos, así que me encaminé de inmediato al Valley apenas tuve la oportunidad. Y no decepcionaron, porque a pesar de no haber tocado estas canciones en décadas hasta su reunión Acid Bath fueron un espectáculo, con un Dax Riggs que sonaba impecable tanto en las voces extremas como en ese estilo más suave y rockero tan característicos, y unos riffs en “Paegan Love Song” y “Venus Blue” como para relamerse los dedos. Así sí que da placer cuando una banda vuelve, y esperemos que no se queden sólo en unos conciertos. Encima, este es un nuevo logro en la historia de la banda, siendo el primer recital que hicieron en Europa.
Y sí, para cerrar no sólo el cuarto día sino todo el festival vimos arriba del escenario a Napalm Death. Si me dijeran que los ingleses iban a estar en esta clase de festival me esperaría que fuera en el escenario principal, pero en vez de eso los tuvimos en el Altar. Bueno, ellos se lo pierden, porque los de Birmingham dieron un concierto espectacular. La ausencia de Shane Embury en el bajo, causada por sus problemas con la pancreatitis, es algo que duele más allá de que el mismo cantante Barney Greenway dijera que es algo temporal y que volverá a estar con ellos lo antes posible, y la salida de Mitch Harris en 2020 es algo que puede llegar a doler, pero después de ver lo hecho por Adam Clarkson y John Cooke respectivamente, ambos también integrantes de Corrupt Moral Altar, puedo decir que todo está en buenas manos. Ruidoso, enojado, brutal, no hay suficientes palabras para expresar todo lo hecho por Napalm Death arriba del escenario del Hellfest, simplemente una gran muestra de extremismo musical, lo que se espera de semejantes leyendas del grindcore y la música extrema en general.
Así que, ese fue nuestro punto final para nuestra estadía en Clisson y en el Hellfest de este 2026. Esperemos tener la oportunidad de regresar el año que viene, merci beaucoup!
Por Paul Bouaziz



