VIEJOS, PESADOS Y PELIGROSAMENTE COOL. Pentagram – Uniclub (16/08/2026)

Es tremendamente injusto ver a Pentagram en vivo. Uno mira a Bobby Liebling, a sus 72 años, con el cigarrillo en la mano, tomando Jägermeister con sus compañeros y con esa pinta de tipo que podría estar perfectamente en la barra de un bar contando historias imposibles, y es inevitable pensar ¿acaso no es todo lo que queremos ser cuando seamos grandes?

Pentagram volvió a Buenos Aires por tercera vez, en esta ocasión con cartel de despedida incluido. Farewell Tour – Last Latin American Run 2026 anunciaba lo que sería la última vuelta de la banda por Latinoamérica y, según lo previsto, también su última visita a la Argentina. Hërpes y Sangre de Barro fueron los encargados de abrir la noche.

Apareció Bobby y Pentagram hizo Pentagram. “Live Again” abrió el set y rápidamente quedó claro que acá la duración iba a ser un detalle. Fueron alrededor de una hora y cuarto, con un pequeño intervalo en el medio, como se acostumbra, y trece canciones que recorrieron buena parte de la historia de la banda. 

La lista fue por distintas etapas, aunque esta vez el foco estuvo mucho más puesto en el catálogo histórico que en Lightning in a Bottle, el disco que había tenido bastante protagonismo en la visita anterior. Y quizás eso terminó funcionando mejor para una noche que venía con etiqueta de despedida. “Starlady”, “The Ghoul”, “I Spoke to Death”, “Sinister”, “When the Screams Come”, “Sign of the Wolf”, “Dull Pain”, “Review Your Choices”, “Thundercrest”, “Walk the Sociopath”, “Forever My Queen” y “20 Buck Spin”. Trece canciones. Una hora y pico. Y a otra cosa. Y está perfecto.

Con esta banda no hay una producción gigantesca, no hay veinte músicos arriba del escenario ni un despliegue pensado para convencerte de que estás viendo algo histórico. Los riffs están ahí, la banda suena pesada y Bobby aparece con su voz, su cigarrillo, sus gestos y esa actitud de tipo que parece haber salido de un antro de 1978. Fumó, tomó, habló con la gente, se rió y se movió por el escenario a su manera. Incluso hizo referencia al famoso meme que circula alrededor de su figura y se lo tomó con bastante humor. Nada de ponerse solemne porque «esta es la última vez». A los 72 años, con todo lo que eso implica, hay algo casi punk en verlo seguir haciendo exactamente esto con esa relación bastante particular con el público que mantiene. No hace falta estar de acuerdo con cada cosa que dice o representa para entender por qué resulta tan difícil dejar de mirarlo.

Tony Reed en guitarra, John “Scooter” Haslip en bajo y Henry Vasquez en batería fueron una pared durante todo el show. Reed y Haslip, compañeros también en Mos Generator, y Vasquez, que pasó por Saint Vitus, Spirit Caravan y The Skull, tienen el ADN de este sonido bastante incorporado. Entre los tres le dieron a Pentagram el peso necesario sin sobrecargar nada. Y cuando sonaron “The Ghoul”, “Review Your Choices” o “Walk the Sociopath”, quedó bastante claro que con eso alcanza. Sin demasiadas vueltas.

Se puede decir que Pentagram es una banda bastante despreocupada. Sus canciones tienen otra lógica. Son pesadas, oscuras, algo mugrientas y deliberadamente fuera de época. Y justamente por eso siguen funcionando y llenan dos fechas en un momento escaso de multitudes en los recitales más under.

Porque Pentagram lleva más de cincuenta años dando vueltas. Se formó en 1971, atravesó cambios de formación, períodos de actividad irregular, separaciones y una carrera durante muchísimo tiempo bastante más cerca del culto que del éxito. Bobby Liebling terminó quedando como el único miembro fundador y, con los años, aquella banda que durante los setenta parecía condenada al subsuelo terminó convertida en una referencia obligatoria para entender de dónde salió buena parte del doom.

Si realmente esta fue la última visita, Pentagram tuvo la cortesía de no convertirla en un velorio. No hubo exceso de solemnidad ni una necesidad permanente de recordarnos que estábamos asistiendo a un momento histórico. Simplemente tocaron. La verdad es que hay cosas que no necesitan demasiada explicación, se viven y ya. Y algunas, por suerte, siguen teniendo onda.

Por Sofia Alvarez
PH: Cuervo Deth

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