REYES POR 40 AÑOS. Helloween – Movistar Arena (13/09/2026)

Admito que jamás fui fan de Helloween y quizás esto no le importe a nadie. Sin embargo, creo que es necesario cortarlo para eximir este texto de interpretaciones fanáticas y más bien orientar a una lectura simple de transmisión de percepción personal.

Celebrar 40 años de trayectoria a pleno vitalidad es algo que pocos pueden demostrar al menos en vivo y en directo. Los germanos muestran que a esta altura del partido pueden dar un show de casi dos horas y media, con una veintena de canciones. También, y lógicamente, con descanso entre segmentos mediante solos y placas animadas del Keeper a modo introductorio de las distintas partes del repertorio.

Antes de evaluar el peso teutonico es importante señalar a la presencia nacional. Azeroth, a su ritmo y las vicisitudes argentinas y latinoamericanas demostró que tiene la espalda suficiente para un show de semejante envergadura y dejar en evidencia que metal nacional es de calibre alto.

Si de puntualidad hay que hablar lo de Helloween fue ejemplar. Lo meticulo, medido y estudiado que es el tour por el 40 aniversario es milimétrico. A las nueve de la noche se abrió el telón y «March of time» inició un recorrido histórico. Pero apenas terminó The Keeper esa extraña figura sin rostro y de túnica violeta tomó el control y se dirigió al público. El personaje marcó el rumbo y pasó a ser el narrador de la banda. Presentó «King for a 1000 years» y el publicó se entrego a la locura.

Quizas, la primera parte fue la mas entusiasta. Con «Future world» llegó el primer coro, «This is Tokyo» introdujo las primeras animaciones grandilocuentes con referencia a la estética arcade y 8 bits mientras que en «We Burn», los primeros lanzallamas se apoderaron del escenario calentando hasta la mitad del campo del Movistar Arena. Después de «Twilight of the god» las aguas se calmaron un poco.

Como mencioné antes, el show esta estudiado milímetro por milímetro. Kai Hansen, que tomo la posta en los momentos más rápidos e intensos de la discografía como «Heavy metal is the Law», camino hasta la pequeña pasarela que adentraba al campo al igual que Michael Weikath. Markus Grosskopf, con un carisma superlativo, corrió recorrió todo el escenario y se posiciono cada vez que tuvo la posibilidad de enaltecer sus solos. Daniel Löble, por su parte, se despacho con un breve, pero correcto solo de bateria para el descanso de banda y público.

Punto y aparte para los labores de Andi Deris y Michael Kiske. Sin ánimos de egos, ambos cantantes dominan el escenario como pocos. Tienen un rango vocal altísimo, lo caminan de punta a punta y van de pasarela en pasarela parándose detrás del resto de la banda. Deris es un poco más dado con el español por lo que interactuo un poco más con el público. Kiske no sé quedó atrás, lo intentó y fue celebrado. Habló, pero en inglés y no fue un problema. Solos al borde del escenario, al límite del vallado cantaron «Let it be» de The Beatles, una de las canciones mejor escritas a palabras de Kiske. Pero como el argentino suele hacer lo que quiere y vive con la viveza criolla a flor de piel entonó Helloween al ritmo del estribillo del himno de los Big Four.

Ya para la recta final, sonó el hit «I want out», el homónimo «Helloween», el infalible «Eagle fly free», el poderío escénico con «Power» y el clásico de clásicos «Dr Stain» con el imbatible «Keeper of the faith».

Indudablemente, Helloween construyó ina relación especial con Argentino. Desde que la banda optó por esta formación con la celebración de Pumpking United, cada visita fue in increscendo y este fue el punto culmine por lista, estado, lugar y motivo. Hoy día el show ya es obvio y cada momento es pensado, los recursos, el orden de temas, el fuego, las luces, las salidas y entradas en escena y las visuales de pantalla. Todo es pensado para la experiencia y a 40 años del inicio es lo que uno espera de un concierto de rock porque el heavy metal sigue siendo la ley.

Por Jonatan Dalinger 























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