
El martes 22 de septiembre, Landmvrks tocó por primera vez en Argentina. Fue la cuarta parada de su gira latinoamericana y, a juzgar por lo que pasó adentro de El Teatrito, no debería ser la última visita.
Elnueveonce abrió la noche y no se guardó nada. La banda porteña se formó en 2019 y está integrada por Nazareno Antolini en voz, Gonzalo Gallo en guitarra, Franco Barroso en bajo y Nikko Taranto en batería, moviéndose entre el metal alternativo, el metalcore y el post-hardcore. El proyecto se piensa a sí mismo como una señal de emergencia, un cruce entre causas solidarias y arte donde cada tema convierte la incomodidad personal en algo colectivo. Esa tensión entre catarsis y compromiso se sintió arriba del escenario, con Antolini recorriéndolo de punta a punta y terminando entre la gente durante «Los Miedos», mientras el Teatrito empezaba a llenarse y se ajustaba el ánimo para lo que seguía.
Landmvrks se formó en Marsella en 2014 bajo el nombre Coldsight, de la mano de Florent Salfati y Nicolas Soriano. Salfati iba a ser guitarrista, pero terminó atrás del micrófono cuando no encontraron cantante; ahí Nicolas Exposito pasó a la guitarra líder y el grupo cambió de nombre a Landmarks, que un año después mutó a la grafía actual. Con Rudy Purkart en bajo y Kévin D’Agostino en batería, el quinteto quedó armado tal como se lo conoce hoy con Paul Cordebard sumado en guitarra.
Este show fue parte del primer desembarco de Landmvrks en la región, cinco fechas con las que la banda terminó de expandir el mapa que empezó a dibujar en Europa y Estados Unidos. A las 21:30 hs puntual se apagaron las luces y «Creature» fue la patada inicial. «Death», «Blistering» y «A Line in the Dust» mantuvieron la maquinaria a fondo. «Sulfur» mostró la cara más reciente del grupo, mientras «Say No Word» y «Scars» encontraron respuesta inmediata entre quienes llegaron con los discos viejos bien estudiados.
El quiebre llegó con «Suffocate», Salfati agarró la guitarra y la arrancó en formato acústico, un respiro calculado en medio del quilombo que funcionó justamente por el contraste. De ahí en más, «La valse du temps», «Lost in a Wave» y «Rainfall» devolvieron el show a su cauce natural, «Blood Red» trajo lo nuevo del disco, y «Requiem» junto al tema título de The Darkest Place I’ve Ever Been dejaron todo listo para el cierre con «Self-Made Black Hole».
Durante todo el show y un venue casi lleno hubo pogos, rondas y fiesta. La banda no tuvo que insistir demasiado para conseguir esa respuesta, alcanzó con que Salfati levantara un brazo o pidiera una ronda para que la sala entera se ordenara sola. Es una dinámica que se nota entrenada en festivales grandes y giras largas, pero que en una sala chica se siente más cerca, casi personal.
Etiquetarlos como «metalcore» es correcto, pero incompleto. La base es metalcore, sí, con riffs pesados, breakdowns y estribillos que buscan pogo, pero la banda mete de todo adentro de esa base. Hardcore punk, pasajes que dialogan con el nu metal y tramos enteros de hip hop rapeados en francés. La voz de Salfati es el corazón de esa mezcla, que una misma canción pase del rapeo al gutural y de ahí a un estribillo casi pop no es un accidente sino que ya es la firma de la banda.
El debut porteño de la banda duró poco más de una hora. En números, no es mucho, no obstante alcanzó y sobró. Landmvrks llegó con la ascendente de un año y medio brutal y decidió gastarla en una sala chica de Buenos Aires, apostando a construir algo desde cero en una región que recién empieza a conocerlos.
Por Sofia Alvarez
PH: RTS
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