
E
n una noche llena de invitados – y una invitada ilustre – en la que sacaron de arcón temas que no sonaban hace tiempo, Lörihen celebró 30 años de trayectoria junto a su legión de fans que hicieron sentir su localía en el recinto de la Avenida Rivadavia.
Mientras estoy escribiendo esto, recordando el recital del pasado domingo, intento imaginarme lo que debió sentir Emiliano Obregón cuando se abrió el telón y vió a cientos de personas coreando un tema la banda que armó junto a sus amigos de la infancia del barrio de Liniers cuando era un adolescente. Viendo algunas caras conocidas. Otras no tanto. Algunas quizás ni siquiera habían nacido cuando el grupo empezó. Dos de las mejores cualidades que tiene la música es que invoca recuerdos y une generaciones.
Contradiciendo el cliché rockero de no llevarte bien con tus ex compañeros, afortunadamente existe una gran armonía entre la formación actual e integrantes anteriores de Lorihen. Es por esto que pudimos ver y escuchar a Javier Barrozo y Damián Janczur -cantante y bajista de los primeros discos, respectivamente – haciendo temas de la primera época. Y a Nicolás Ciancio – sucesor de Janzcur – tocando canciones del tercer y cuarto disco, solidificando la premisa de que cuando entrás a La Familia es para siempre.
Además de amigos dentro de la banda, las décadas de ruta te dá amigos con los que compartís recitales a través del tiempo. Y como los festejos sin amigos se disfrutan menos, fueron parte de la celebración Ariel Ranieri (Jason), Knario Compiano (Plan 4), Miguel Oropeza (Kamikaze) y Fernando Scarcella (ex Rata Blanca) dándole su impronta personal a cuatro temazos.
Pero, si hablamos de presencias que elevaron la canción, vamos al que sin duda alguna fue el momento más especial de la noche. Empezando solo con guitarra y voces, con la banda y Lucas Gerardo sumándose después, Lucía y Emiliano Obregón – padre e hija – hicieron una versión de «El secreto más perverso»que derramó varias lágrimas. No me puedo imaginar lo que habrá sido para ella cantar en vivo un tema que escucha desde que a su papá se le ocurrió la intro y le empezó a dar forma con la guitarra acústica.
Cuando terminaron «Gritos de libertad», Obregón se acercó al micrófono para intentar poner en palabras lo que sentía, agradecernos por haber ido y para anunciar que iban a tocar el último tema («todo tiene un final. Todo termina», diría Ricardo Soulé; que en paz descanse.). Con dos cañones tirando papel picado, el show concluía como corresponde. «Vida eterna» sonando y la gente viviendo cada acorde, cada palabra.
Se habrán dado cuenta que casi no nombré canciones. Fue absolutamente intencional, porque creo que merecen su párrafo aparte. Es por esto que a continuación les cuento algunos de los momentos más destacados. Javier Barrozo dió el presente en «Bajo la cruz», el combo de «Presa fácil/Paradigma», «Esa gran mujer» – versión desenchufada, dedicado a todas las madres. Que manera de lagrimear, che. -. Nicolás Ciancio estuvo en «Extraños signos» y «Animal». Ariel Ranieri sumó su guitarra a «Muro del silencio». Knario Compiano le puso su rugido a «Fantasmas del ayer». Miguel Oropeza hizo dupla con Obregon cuando llegó el turno de «Cadenas de la perversión», Fernando Scarcella se sentó en la baqueta de la batería para tocar «El viaje» – presentado por Adrián Barilari a través de un video proyectado en la pantalla al fondo del escenario – y Damián Janczur nos hizo volver al pasado un ratito tocando un medley de «Utopía», «Corazón de acero» y «Traidor». De los que tocó la banda estable me quedó con «Aún sigo latiendo», «Cuando tus brazos caen» y el cover de «Bohemian rhapsody» con las luces de los celulares iluminando el lugar.
A lo largo de la noche fueron apareciendo afiches viejos con recitales que hicieron en sus inicios, telonenado a bandas que ya estaban dejando su huella en la escena argentina. En el afiche del domingo, estuvieron Cobre y Against. La segunda es una de las más renombradas del ambiente, con una ética de laburo admirable y un show en vivo apabullante. La primera dió su primer recital hace unos meses. Pero con su heavy groove metal y su poderoso espectáculo estoy seguro de que en algunas décadas serán ellos quienes vean este afiche y digan «Que zarpado cuando tocamos con Lorihen«.
Mirá hasta donde llegó ese chico de Liniers que un día se juntó con sus amigos para hacer un poco de ruido…
Por Ale Williams
PH: Martin Darksoul (Gentileza)



