
Cuando supe de el regreso de NUM a los escenario pasaron por mi mente un montón de flashback. Más que de la banda, de la epoca. Ojo, que no se malinterprete. Paso una decada y mucha agua bajo el puente. La última vez que vi en vivo al grupo fue el 21 de septiembre de 2017 en la presentación oficial de Lo Que Sangra, cuarto y último disco de estudio. Ahora, nueve años después vuelvo al mismo lugar, a ver a la misma banda en un regreso, pausa temporal o viaje en el tiempo.
Por momentos, estoy confundido. Veo a las mismas personas que veía en aquella epoca: la curaduraria de Oro Negro; la gestión de Muere, Monstruo, Muere; bandas como Avernal, Undermine, Del Infierno, Dirty Room, Sobre Tus Cenizas. De repente, siento que viaje en el tiempo. Pero, no. Todos y todas estamos un poco más grandes, algunos con menos pelos, otros más gordos, algunos más flacos, pero todos estamos atrapados en el mismo espacio tiempo: celebrar música.
Desconozco, a esta altura del partido, si los horario que se anunciaron vía redes sociales eran reales o bien son parte de le eterna engaña y pichinga de la impuntualidad cultural emergente. Lo cierto es que fue por fuera de impaciente y más por curiosidad en ver la concurrencia estoy en el local desde hace varios minutos previos a lo pactado. Paso media hora y nada parece importar demasiado. Hay rondas, hay charla. Hay poca bebida en mano y poco humo. No es un sold out, pero The Roxy esta lleno y para un regreso especial, y quizas único, es más que más que destacable.
Así com dije la última vez, Num es una banda que no se desarrolla fácilmente. En vivo es una cosa y en estudio otra. En vivo,mantiene una prolijidad por encima del espectro generacional del underground porteño. Paso el tiempo, pero si la memoria no me falla creo que nunca habían sonado tan bien. El humor de Nacho Alvarez esta intacto al igual que los milimetricos arreglos de Luciano Guglielmo. Las guitarras Gonzalo Varela y Julian Iturrieta suenan afiladas y el bajo de Juan Ignacio de Abreu golpea fuerte y grave. Siento como la ropa que llevo puesta se mueve por el descomunal sonido que baja del escenario.
Quizas, no sea justo seleccionar solo algunos temas como «Desarreglos», «Espacio Tiempo» o «Dios es mujer». La trilogia oficial es la que domina. Pero hay algo que ocurre e indica que todo esta por terminar de nuevo, que el viaje solo va a durar una hora y un par de minutos. Espontaneamente «Xiop Ming Wein» pasa de ser el hit de la banda a un clásico de la escena emergente. Todos, y cuando digo todos, están cantando el estribillo. Sin dudas, es el climax de la noche con Alvarez sobre el vallado y el porque el regreso de NUM era necesario.
Por Jonatan Dalinger



