
La banda fundada por el alemán Tilo Wolff allá por 1990 volvía al país tras su última visita en abril de 2013. En esta ocasión venían a presentar su más reciente lanzamiento, titulado “Hoffnung”, y que vio la luz en noviembre de este año.
Nuevamente en Vorterix, los fanáticos esperaban la cita con Lacrimosa, que prometía otra noche inolvidable en Colegiales. En el marco de la gira titulada “Unterwelt Tour”, Tilo Wolff y su eterna compañera finlandesa Anne Nurmi, venían acompañados por los guitarristas Jan Peter Genkel y Henrik Flymann, el bajista Jens Voigt Arnsted y el baterista Julien Schmidt.
Al entrar al Teatro Vorterix nos encontrábamos con un escenario en donde todos los instrumentos estaban cubiertos con sábanas blancas y en el fondo un telón con el arlequín característico de las tapas de la banda representado como en la portada de su más reciente lanzamiento. El público llenaba en buena medida el lugar y la espera se hacía eterna. El público cantaba “Lacrimosa, Lacrimosa” exigiendo la salida al escenario de sus ídolos. Pero Lacrimosa cumplió con puntualidad los horarios. A las 21hs se apagaban las luces en Vorterix y comenzaba a sonar “Lacrimosa theme (Impressionen)”, la intro de su cuarto disco “Inferno” de 1995 (y el primero con Anne formando dueto con Tilo).
De a uno los integrantes de la banda se hicieron presentes sobre las tablas, para dejar paso a una calurosa bienvenida a Anne Nurmi y luego a Tilo Wolff, quien tras sufrir un accidente automovilístico hace un mes, salió al escenario con muletas y se sentó en una silla para cantar.
Arrancaron la noche con “Der Kelch der Hoffnung”, para seguir luego con “Kaleidoskop”, ambos temas pertenecientes a su nuevo disco. Lacrimosa dejó en claro que es una banda que está más viva que nunca ejecutando siete de las diez canciones que componen su nuevo disco “Hoffnung”.
Pero tampoco se olvidaron del material de sus primeros años, sonando “Schakal” y “Stolzes Herz”, de los discos “Inferno” (1995) y “Stille” (1997), respectivamente. Así como también material de su época jurásica, como “Crucifixio” y “Flamme Im Wind”. Timo tomó el lugar de Anne en los teclados y la bella finlandesa de 47 años de edad (si, 47 años) tomó la voz líder, para demostrar todos sus atributos de soprano, y llevarse más de una ovación cuando bailaba al compás de la música.
Para ese momento, cuando Lacrimosa estaba recordando en el escenario su etapa más electrónica, Jens Arnsted y Jan Genkel bajaron del escenario y para sorpresa de algunos fanáticos aparecieron en la barra del Vorterix para tomarse unos tragos. Pero ni bien fueron vistos por alguno que otro fanático ya se había formado una fila para sacarse fotos con ambos músicos, quienes rápidamente de esto regresaron por el oscuro laberinto a los camarines a la espera de su turno para salir al escenario.
“Alleine Zu Zweit” (Solos los dos), fue uno de los momentos más brillantes de la noche, en donde el dúo Wolff-Nurmi se lució. La sinfónica “Feuer” y la rockera “I Lost My Star In Krasnodar”, mostraron a la perfección las facetas de Lacrimosa, una banda que juega con el rock sinfónico, el metal gótico, elementos clásicos y la música electrónica, lo cual también refleja el largo camino y la evolución musical de la banda a lo largo de sus años de carrera. Y justamente refiriéndose a los años de existencia del grupo, en uno de los tantos agradecimientos al público, Tilo Wolff dijo que esta no era una gira más de Lacrimosa, que además de venir con un disco nuevo bajo el brazo, venían a festejar sus 25 años de existencia. Y la verdad que lo hicieron de forma magnífica, repasando lo viejo, lo más clásico y lo nuevo en una lista de 22 canciones con más de dos horas de duración.
Antes del cierre deleitaron a la audiencia con “Der Morgen Danach” y “Durch Nacht und Flut”, dos de las más grandiosas canciones que tiene el grupo. Y no es para menos, ambas son el plato fuerte de los dos discos más exitosos (comercialmente) de Lacrimosa, como son “Fassade” (2001) y “Echos” (2003).
Para el final nos dejaron un mix de “Ich bin der brennende Komet” y “Copycat”, completando un sólido recital, con un sonido casi impecable y dando todo arriba del escenario. No faltó pogo, no faltaron momentos para las lágrimas, no faltó la mezcla entre la oscuridad y el amor, entre la tristeza y la esperanza. Así es Lacrimosa, el cometa ardiente volvió a pasar sobre el barrio porteño de Colegiales, no se podía esperar menos y no defraudaron. Solo queda esperar un eventual (y pronto) regreso.
Galería de Fotos:
Cobertura: Román Gaydukov
Fotografías: Julian Quinteros
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