
La décima visita de Iron Maiden a la Argentina los llevó por primera vez a la ciudad de Córdoba, en otro caso del incipiente pero creciente federalismo en materia de recitales internacionales. Con motivo de presentar su unánimemente aclamado decimoquinto álbum de estudio The Book of Souls (2015), la doncella de hierro emprendió vuelo a Sudamérica a bordo del Ed Force One, piloteado nada más y nada menos que por el mismísimo Bruce Dickinson.
El día anterior al show, el avión que transporta a la banda sufrió importantes daños en el Aeropuerto de Santiago de Chile, hecho que dio lugar a diversas especulaciones acerca de sus recitales en nuestro país. Afortunadamente, en una clara muestra de profesionalismo, lograron traer todo su show completo a la ciudad de Córdoba, donde aproximadamente 25.000 almas los esperaban en el Estadio Mario Kempes.
Con el escenario ubicado horizontalmente en el medio del estadio, el campo se fue llenando desde temprano logrando que una gran cantidad de personas presenciara el breve show de los cordobeses Pésame. The Raven Age, donde oficia de guitarrista el hijo de Steve Harris, fue elegida para acompañar a la banda a lo largo de su gira. Con un excelente sonido y un estilo que podría encasillarse como Groove melódico, lograron en su mayor parte una buena recepción por los presentes, y sobre todo el respeto que no tuvo Lauren, la otra hija de Steve, cuando acompañó a la banda años atrás.
Los invitados de lujo en esta gira fueron Anthrax, el conjunto liderado por Scott Ian que se presentó por segunda vez en Córdoba. Clásicos thrasheros de la talla de “Caught in a mosh”, “Antisocial”, “Medusa” o “Indians” enloquecieron a los más fanáticos de la banda congregados en las cercanías al escenario. Su reciente disco For All Kings (2016) tuvo como representantes a “Evil twin” y “Breathing Lightning”, mostrando el gran presente de la banda, revitalizada desde el regreso del frontman Joey Belladona en 2010. La banda brindó un corto pero excelente show, aunque era evidente gran parte de los presentes asistieron exclusivamente por el plato principal.
Eran las 21 hs cuando comenzó a sonar por los parlantes “Doctor, Doctor” de UFO, indicando que pronto comenzaría el show. Una vez desvelada la escenografía reminiscente de la cultura maya y distintos fondos de escenario según la canción, tuvimos una primera muestra de por qué Iron Maiden brinda uno de los mejores, sino el mejor show de heavy metal en la actualidad. La primera parte del show estuvo ampliamente basada en la presentación del nuevo material, con temas como “If eternify should fail”, “Speed of light”, “Tears of a clown”, “The red and the black”, “Death or glory” y “The book of souls”. La gente recibió con mayor entusiasmo el tema inicial y la tribunera “The Red and the black”, pero en líneas generales los temas nuevos encajaron perfectamente en la lista, dando muestra de la enorme vigencia de la banda que sigue editando discos excelentes a esta altura de su carrera, muy lejos de vivir de su pasado. Por supuesto viejos clásicos como “Children of the damned”, “The trooper” y “Powerslave” fueron intercalados entre las canciones de The Book of Souls, ocasionando la euforia popular. Afortunadamente, a excepción de un aislado hecho por parte de un desubicado que arrojó un proyectil al escenario durante The Trooper, parece que hemos superado la vieja controversia por la bandera británica durante dicha canción.
De la performance de la banda, no se puede decir nada salvo alabanzas. Con todos los músicos promediando los 60 años, es increíble el estado en que se mantienen y se nota que disfrutan lo que hacen sobre el escenario. Bruce Dickinson, quien recientemente superó un cáncer de lengua, mantiene intacto su caudal vocal y se lleva todas las miradas con sus cambios de vestuario acorde la canción. El show tuvo momentos álgidos con la aparición de Eddie en el escenario durante “The book of souls” (incluyendo un blooper con resbalo hacia el final) y los enormes inflables de Eddie en “Iron Maiden” y de Satán durante “The number of the beast”. Clásicos infalibles como “Hallowed be Thy name” y “Fear of the dark” despertaron las pasiones más profundas de los fans, mientras que hacia el final “Blood brothers” (única post-1992, exceptuando los temas nuevos) logró tocar las fibras más sensibles con un ejemplar discurso del frontman y el cántico de cumpleaños a Steve Harris. Hacia el final con “Wasted years” todo explotó una vez más para redondear un show perfecto. En Buenos Aires lo repetirían nuevamente dos días más tarde, y dejaron firmemente asentado por qué tienen bien merecido su status de ser la banda de heavy metal más grande del mundo.
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Cobertura: Sebastián De la Sierra
Fotografías: Pablo Gándara (Imágenes tomadas en su show de Buenos Aires, Estadio Velez Sarsfield)
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