
Ante 40 mil personas, la banda liderada por Steve Harris regresó a Buenos Aires el martes pasado bajo el marco de la gira The Book Of Souls Tour para presentar su nuevo material e interpretar los clásicos de siempre frente a un Vélez repleto.
La noche cayó hace más de tres horas, un leve viento corre por las plateas del Estadio José Amalfitani donde la gran cantidad de asientos disponibles es evidente. El punteo inicial de Wasted Years se impone a través de los parlantes y define el clima que allí se vive, el campo desborda de gente y carga emotiva mientras el telón final reúne a una momia, un soldado, un demonio y demás criaturas grandes en dimensión. Amenazantes, poderosas, a punto de atacar, pero sumamente queribles al mismo tiempo. Todas poseen el mismo rostro. Es Eddie, la emblemática mascota ficticia que vuelve de la muerte en cada ilustración utilizada y logra traspasar la realidad para autoproclamarse el séptimo miembro. Mientras tanto, debajo de sus múltiples reencarnaciones, Iron Maiden está traspasando la eternidad.
La última visita de la Doncella de Hierro al país, la décima desde aquél legendario primer show en 1992, contaba con una presentación previa en la Provincia de Córdoba; algo sin precedentes teniendo en cuenta el paso por otra localidad que no fuera Buenos Aires. Al igual que en el debut en el Estadio Mario Alberto Kempes, The Raven Age -fundada en 2009 por George Harris, hijo de Steve- es la banda encargada de entretener al público presente en Vélez. Sin embargo, solo logra satisfacer desde lo visual por el mero hecho de estar sobre el escenario y pierde complacencia por ignota, incapaz de saciar a los presentes. Contrario es el caso de Anthrax que toma las tablas por asalto para presentar algunos cortes recientes del aclamado For All Kings (2016) y repasar los clásicos que hace décadas lo colocan entre los cuatro grandes del Thrash Metal junto a Metallica, Megadeth y Slayer. Tras un set corto para los más fanáticos pero adecuado dado el rol que vinieron a cumplir, el escenario comienza a ser acondicionado nuevamente y la ansiedad recrudece en un estadio casi lleno.
Ya no queda nadie en el escenario. Es costumbre previa a cada presentación del conjunto y Doctor Doctor, de UFO, deja de sonar, el público la celebra con un amplio conocimiento de causa. Ahora, el reloj marca las 21:15 hs, un cuarto de hora más de lo que indica la entrada. Completa oscuridad. Las pantallas laterales se encienden y muestran las profundidades de una jungla inhabitada donde el Ed Force One, el imponente Boeing 747-400 que transporta a la banda, se encuentra atrapado entre árboles. De repente, una enorme garra emerge y lanza al avión para hacerlo desaparecer en el cielo. Gritos festejan lo acontecido y la imagen desaparece. Una llama alumbra en lo alto del escenario. Bruce Dickinson, encapuchado, es el maestro de ceremonias frente a un altar de sacrificios donde, bajo un clima de suspenso, recita las estrofas introductorias de If Eternity Should Fail. Los sentidos se agudizan. Con una explosión sonora y lumínica, el escenario revela una escenografía que recrea un antiguo templo Maya y el resto de la banda hace su aparición. Euforia masiva; Iron Maiden está entre nosotros. Mientras Steve Harris dispara notas en la cara del público, el trío de guitarras conformado por Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers conforman una postal que deleita ojos y oídos, y cuando el rulo de batería de Nicko McBrain lo indica, el estribillo vociferado por 40 mil personas evidencia la calidad de la placa más reciente del conjunto.
Lo mismo ocurre con Speed Of Light, el primer corte de difusión de The Book Of Souls (2015) y la pieza más amigable para el oído de los menos acérrimos del nuevo material. Sin embargo, composiciones más auto indulgentes y complejas como Tears Of A Clown (dedicada al fallecido Robin Williams), Death Or Glory y las extensas The Red And The Black junto al tema homónimo proponen un descanso para quienes dejan el alma por estar lo más cerca del escenario en un campo colmado. El mismo que se torna abrasador frente a las llamas que realzan lo teatral durante el clásico demoledor que es Powerslave. A lo largo de la velada, la conveniente fórmula donde se intercalan distintas épocas continúa con joyas como Hallowed Be Thy Name y la infaltable Fear Of The Dark que muestran a Dickinson realizando su labor como pocas veces se lo había visto y ponen en duda la veracidad del cáncer de garganta que sufrió a fines de 2014.
Iron Maiden, aquella que le da cierre al disco homónimo y debut de 1980, es una reminiscencia al extenso camino recorrido por la banda y un canto directo a la nostalgia donde la enorme cabeza de un Eddie inflable se erige sobre el escenario para el deleite del ojo humano. Cuando la música cesa y la figura plástica cae tras una explosión, la banda deja los instrumentos saluda y abandona el escenario a oscuras. Tras un silencio lleno de expectativa que elimina la noción del tiempo pasado, una luz roja tiñe la escenografía y una enorme cabra con cuerpo humano, salida directamente del mismo infierno, emerge en una espesa capa de humo. The Number Of The Beast desencadena, una vez más, la euforia y el jolgorio entre las 40 mil almas rebosantes de adrenalina que se transforman en una para y con la banda cuando suenan las primeras notas de Blood Brothers, quizás uno de los últimos grandes clásicos del grupo, extraído de Brave New World (2000).
Un leve viento recorre las plateas. Wasted Years está sonando. Eddie multiplicado en el telón. Las últimas estrofas ya fueron coreadas al unísono y la canción está terminando. Todos aplauden, los que no lo hacen no salen de su asombro. Ahora la banda se despide, esta vez en serio, y la cuenta regresiva hasta su regreso comienza. Las luces se encienden y la gente empieza a retirarse. Sin embargo, luego de unos pasos, algunos se detienen y voltean sus espaldas para volver a mirar el escenario, tratando de inmortalizar lo más posible lo acontecido hace instantes. Iron Maiden había alcanzado la eternidad.
Galería de Fotos:
- Iron Maiden
- Iron Maiden
- Iron Maiden
- Iron Maiden
- Iron Maiden
- Anthrax
- Anthrax
- Anthrax
- Anthrax
- The Raven Age
- The Raven Age
- The Raven Age
Cobertura: Juan Salvador Valverde
Fotografías: Pablo Gándara
· Volver















