
No todas las noches se puede ver en un mismo escenario a 2 piezas claves del hardcore y post hardcore. Simplemente esa era razón fue más que suficiente para hacerse presente en Uniclub. Pero, lejos de escudarse en las glorias de su pasado, Rival schools y Fiddlehead brindaron dow recitales cargados de energía y emoción, dejando en claro que – más allá del currículum – tienen las canciones necesarias para brillar con luz propia.
Vení. Formemos parte de la historia.
Formada por integrantes de Gorilla Biscuits y Youth of today, Rival schools se mueve entre melodías pegadizas y guitarras abrasivas. Canciones en las que la melodía se choca de frente con la distorsión. «High acetate» suena como si hubiera salido en 1991 con su intro explosiva que desemboca en un estribillo ganchero, mientras que «A parts for B actors» muestra una faceta más cancionera en la que dejan de lado el ruido. Esa es la fórmula maestra de los oriundos de Nueva York. Equilibrar tensión y calma.
Las dos canciones que usaron para cerrar su set merecen su párrafo individual. «Undercovers on» es una clase magistral de como subir cada vez más la intensidad para que los últimos acordes lleguen al público hasta lo más profundo de su ser. Y «Hooligans for life» es una canción instrumental que pasa de un punteo de guitarra triunfal al caos total del noise rock. Gran manera de culminar su presentación.
Algo para destacar es la presencia escénica de Walter Schreifels. Sin grandes ademanes ni discursos grandilocuentes, se metió en el bolsillo a cada persona que estaba en el recinto solamente con sus expresiones faciales. Sonriente todo el show. La mirada maravillada por lo que estaba generaba por hacer música con sus compañeros. Cada tanto se acercaba al público mientras tocaba alguna parte coreable. La potencia en la sutileza.
Más allá de que Schreifels y Sammy Siegler – guitarra/voz y batería, respectivamente – son los más conocidos, todos merecen reconocimiento. Ian Love es el complemento perfecto para que «Wring it out» tenga su armonía de guitarras tan característica. Y «Everything has it’s point» tendría un hueco gigante sin la firmeza que le dá el bajo de Cache Tolman. Cada miembro hace su aporte fundamental para darle vida a cada tema.
En tan solo 50 minutos, este cuarteto se ganó nuestro corazón. Esperemos que la segunda cita sea pronto.
La banda anterior del cantante Pat Flynn y el baterista Shawn Costa se llama Have Heart. Y es precisamente lo que transmite Fiddlehead en vivo. Corazón. Pasión. Amor por su arte.
En poco menos de una hora, el quinteto bostoniano ofrendó una colección de canciones llenas de catarsis. Post hardcore en su máxima expresión.
Para quien no lo sepa, su discografía tiene un hilo conductor. Su primer trabajo relata como la madre de Flynn vive el duelo tras la muerte de su pareja, el segundo cuenta la dicotomía que siente el vocalista entre casarse y ser padre primerizo al momento de cumplirse una década del fallecimiento de su padre. Y el tercero habla de como el duelo afecta a la persona por el resto de su vida.
Teniendo todo esto en cuenta, escuchar en vivo «Spousal loss», «Get my mind right» y «The deathlife» es muy impactante. La intensidad de las interpretaciones es la necesaria para que las letras lleguen de manera certera a la gente. Los músicos dejaron cada gramo de su energía en todos los temas.
Un pequeño rayo de sol entre tanta tormenta fue «Eternal you». Hermosa canción de amor a ritmo de Post Hardcore que Patrick le dedicó al amor de su vida, diciendo que lo que más esperaba al término de la gira es reunirse volver a su casa para reunirse con ella.
Otros puntos altos de la noche fueron «Million times», «Fifteen to infinity» y el cierre con «Lay low» que hizo estallar a la audiencia. Final digno de una noche para recordar.
Gracias Rival Schools. Gracias Fiddlehead. Hasta la próxima.
No quiero concluir la nota sin mencionar a Distante, banda encargada de abrir la velada. Hacen Hardcore Straight Edge. Tienen cinco EPs y un disco en vivo. Canciones rápidas y cortas, llenas de contenido que te dejan pensando. Sus presentaciones son un torbellino que llega, te deja patas para arriba y se va. Lo bueno si breve…
Si te gusta lo que escuchas, invito a que te acerques el próximo 28/2 a Acuña de Figueroa 1030 (El emergente) porque van a estar tocando junto a Dedicación, Cadenas y Columnas, que se va a reunir solamente esa noche. Otra fecha imperdible.
Por Ale Williams
Finalmente, luego de la cancelación, reprogramación y cambio de venue, Obituary volvió a pisar suelo nacional. Lo que iba a tener lugar en El Teatrito, tuvo que relocalizarse al Teatro Flores por entradas agotadas. La expectativa estaba por las nubes y no era para menos, la banda celebraba el 35° de Cause Of Death, un clásico del género en si.
Sorteando el tráfico de Buenos Aires, nos acercamos temprano al clásico de Flores para presenciar el acto apertura a cargo de Morferus. Con su death metal vieja escuela, sin concesiones, tuvieron la difícil tarea de ser el único soporte de la noche y calentar el ambiente ante un numeroso público. El sonido no acompañó, pero los muchachos se ganaron los aplausos con un set sólido, con canciones de Argentina Psicópata, su único disco a la fecha; un trabajo conceptual que recorre la historia y los hechos de varios asesinos seriales del país. Saludos finales y el plato principal de la noche estaba listo para ser servido.
Pocos días separaban al anuncio del cambio de venue al día del show, y la diferencia del Teatrito al Teatro es de 1000 personas aproximadamente. Por lo cual, se presentaba el interrogante «¿Llegarán a vender las suficientes entrada para que no queden huecos?». La respuesta fue un si contundente. A minutos del show el Teatro casi que colmaba su capacidad. Poca juventud y muchos que ya peinamos canas.
«Snorting’ Whiskey» de Pat Travers ofició de cortina para que una veze el escenario al descubierto veamos expuesta a la leyenda. El riff «Redneck Stomp» dio la bienvenida y el clamor popular no se hizo esperar. Pegada llegó «Sentence Day» y ya en dos canciones se pudo advertir que Obituary es una banda que resiste el paso del tiempo. Ajustadísima, con un John Tardy vocal y capilarmente intacto, no negocia un ápice de brutalidad. Sólo dos canciones para demostrar una vigencia que no cualquier banda puede ostentar.
«A Lesson in Vengeance» y su riff boludón no hizo más que sumar a la fiesta, mientras que «The Wrong Time» le dió un paso al comienzo de los festejos. La pantalla, que hasta el momento solo mostraba el logo de la banda, cambió y expuso la mítica tapa de Cause of Death y a partir de ese momento fuimos observados por aquel ojo.
«Infected» seteó el tono desde el arranque, el ambiente se volvió mas denso y el tiempo un ritmo cansino. «Body Bag» fue festejada y headbangeada por todos. «Dying» llegó de manera temprana y expuso que la banda no iba a seguir el orden del disco (más tarde nos damos cuenta que el disco tampoco iba a sonar en su totalidad). «Cause of Death» dijo presente y abrió paso a uno de los momentos clave de la noche. «Vamos a tocar una vieja canción de Celtic Frost», anunció Tardy previo a «Circle of Tyrants», de lo mas celebrado y pogueado de la noche. «Chopped in Half» tocada a una marcha menos habilitó «Turned Inside Out», que pusó fin a la celebración, que como se dijo antes, tuvo faltantes a «Memories Remains» y «Chopped In Half».
Luego de semejante paliza, la banda fue a boxes, tomó un respiro, y al cabo de unos minutos retomó el escenario para finalizar su tarea. «I’m in Pain», del gran The End Complete, fue la primera elegida, pero el momento más candente llegó de la mano de «Slowly We Rot»; éxtasis total y cierre perfecto para un show que fue breve, pero contudente.
Obituary regresó al país y celebró su pasado con el oficio que tienen unos pocos. Lejos de entregarse a la comodidad de una nostalgia casi tanguera, demostró una vigencia que explica porque ocupa el lugar que ocupa en la historia del metal extremo.
Por Martin Tula
PH: Cuervo Deth
Cuando un músico como David Ellefson, asociado a la etapa fundacional de uno de los cuatro grandes del thrash, decide salir a tocar repertorio histórico por su cuenta, lo que se activa no es simplemente una serie de canciones reconocibles. Se pone en primer plano una pregunta más interesante, tal como en qué lugar reside el legado de una banda y cómo sigue circulando cuando cambia su forma original.
La curaduría de las bandas soporte dejó algunas dudas. Mellowdeth fue la primera en abrir con una propuesta vinculada al universo de Megadeth, una relación lógica en términos conceptuales, pero quizás innecesaria en este contexto, considerando que el set principal ya revistaba ampliamente ese repertorio. Más que sumar una nueva capa, funcionó como anticipo redundante. Siguió la banda Ocio, desde zona oeste, que optó por un enfoque más cercano al hard rock con matices modernos y versiones de alto perfil como “Killing in the Name Of” y “Aerials”, decisiones ambiciosas que implican expectativas difíciles de satisfacer; hubo entrega y buena actitud, aunque la interpretación no logró capturar la intensidad original de esos clásicos. Viejo Blanco, por último, mostró una base instrumental firme con una batería muy destacada y energía sostenida, pero el conjunto se apoyó en un sonido menos pesado, con una voz que ocupó cada sección y terminó diluyendo la fuerza que aparecía cuando lo instrumental tomaba protagonismo. En conjunto, las tres propuestas evidenciaron compromiso y oficio, aunque quedaron algo desalineadas con el clima.
Ex miembro fundador de Megadeth, parte esencial del sonido que definió discos clave del género, el nombre David Ellefson quedó ligado a una etapa formativa que ayudó a consolidar una identidad propia. Su carrera atraviesa más de cuatro décadas y, en ese recorrido, su peso nunca dependió de la exhibición técnica sino del lugar que ocupó en la construcción de una historia específica.
A Argentina llegó con Basstory, show que presentó ya en Mendoza, ahora en Uniclub y seguirá viaje hacia Córdoba. Un formato que combina repertorio, recuerdos y relato, y que funciona como un laboratorio donde la tensión entre pasado y actualidad se explora sin luchas por las regalías. Entre tema y tema, Ellefson introduce contexto, comparte anécdotas y enmarca cada canción dentro de una cronología personal que también es colectiva. La propuesta no intenta congelar una época ni reapropiarse de ella, al contrario, la revisita desde otro ángulo.
“Dawn Patrol”, “Hangar 18”, “Tornado of Souls”, “Symphony of Destruction” y “Peace Sells” formaron parte del setlist y tuvieron un reconocimiento inmediato. Más que simples clásicos, son parte de la memoria de varias generaciones. En esa dinámica se produjo una validación mutua, hubo un contrato implícito en lo compartido. Argentina siempre tuvo una relación intensa con el thrash, y Ellefson volvió a mencionar esa conexión sostenida desde los años noventa, celebrando con risas cada coro.
La banda que lo acompañó se conformó por Andrew Freeman en voz, Andy Martongelli en guitarra, Adrián Espósito en batería y Emanuel López en segunda guitarra. La elección de músicos locales sumó una capa más a esa idea de circulación y comunidad; y en ningún momento pareció darse un intento por copiar modismos ni se cayó en fórmulas gastadas de covers intentando ser realistas.
El set también incluyó versiones que hablan de formación e influencias: “Neon Knights”, “The Mob Rules” y “Paranoid” de Black Sabbath, “Over the Mountain” de Ozzy Osbourne, “Electric Eye” de Judas Priest e incluso “Nailed to the Gun” de Fight. Recordar esas referencias es reconocer la cadena que el propio Ellefson utiliza como anclaje conceptual para esta gira. Si bien es inevitable no mencionar cierta previsibilidad en la elección de temas, todo parecería indicar que tanto en el escenario como en la sala se encontró aquello que se venía a buscar.
Mientras la etapa más reciente de Megadeth puede parecer encaminarse hacia un cierre progresivo, uno de sus miembros fundacionales continúa poniendo en juego ese repertorio desde otro encuadre. Lo llamativo de este show es cómo la experiencia trashera desplaza el foco de lo individual hacia la pertenencia histórica de su producción.
En definitiva, el legado no permanece fijo en una estructura única, sino que encuentra nuevas formas de mantenerse vivo. Tal vez ahí radique el verdadero atractivo de la propuesta: observar cómo una parte constitutiva de un fenómeno musical se desplaza, se reinterpreta y se perpetúa frente a una audiencia que ya conoce cada riff, pero que todavía quiere volver a escucharlo.
Por Sofia Alvarez
PH: fedeeche.fotos.de.rock (Gentileza)
Jezabel convirtió la noche del sábado en una celebración metalera al homenajear los 25 años del disco debut que marcó el inicio de su camino. Además, sumó temas pedidos por el público.
Pasadas las nueve y media, las luces se apagaron y un video proyectado en pantalla repasó distintas etapas del grupo, noches compartidas con su gente y escenarios que construyeron su historia. Fue la antesala de un show cargado de memoria y pertenencia que repasó A todo o nada (2001).
El clima en la sala de Palermo era de reunión entre afectos: hijos, hermanos, amigos, colegas de otras bandas y seguidores de siempre se mezclaban en un mismo ritual. No fue solo un recital, sino un reencuentro con 33 años de trayectoria.
Formada en Buenos Aires en 1993, Jezabel construyó su identidad a partir del heavy y el hard rock con impronta power. Sus letras, atravesadas por la superación y la esperanza, encontraron eco en un público que creció junto a la banda. En el escenario, la formación estuvo integrada por Leandro Coronel en voz, Diego Del Río y Néstor Rodríguez en guitarras, Juan Domínguez en bajo y Guillermo Saccomanno en batería.
Uno de los puntos destacados fue la participación de Mai Vera Kranevitter en teclados. Con apenas dos semanas para aprender el setlist, aportó una nueva dimensión sonora que enriqueció el repertorio y reafirmó la intención del grupo de expandir su propuesta.
Las influencias de Jezabel se hicieron sentir a lo largo del show: el power metal europeo de Helloween, Stratovarius y Gamma Ray convivió con la herencia clásica de Deep Purple, Rainbow, Iron Maiden y Judas Priest. Todo filtrado por una impronta propia, ya marca registrada.
“Séptimo Siglo” desató uno de los pasajes más intensos de la noche y Coronel se retiró del escenario para dar paso a un segmento instrumental que permitió a Domínguez ganar protagonismo. El clima cambió por completo: menos euforia, más introspección. La sala se dejó llevar. “Venimos a una fiesta y hay que actuar como tal”, lanzó entre risas el cantante con una remera estampada en su totalidad con la tapa del disco.
El espíritu del álbum también se filtró en su letra. “A todo o nada hay que apostar”, canta Coronel en el verso que le da nombre al disco, una frase que condensa la tensión entre el paso del tiempo y la decisión de seguir.
A mitad del recorrido del álbum se sumó al escenario Gustavo “El Rengo” Despalanque, aportando un plus de energía y complicidad. La noche cerró con sensación de misión cumplida: un festejo que reafirmó la vigencia de una banda que no se cansa de apostar.
Astral y Blacktorch fueron las encargadas de abrir la jornada, completando una grilla que celebró al metal local en uno de sus templos porteños.
Por Micaela Perez Carrizo
PH: Paula Andersen (Gentileza)
A pesar de una inflación montada, dolar de dudosa medición y salarios bajos, no paran anunciarse shows en Argentina. En lo que respecta al metal puntualmente, ya han pasado una decena de visitas de todas partes del mundo. Tribulation es la banda protagonista de esta nota dado que regreso al país el 13 de febrero para presentar Sub Rosa In Æternum (2024) y repasar temas de antaño como «Suspiria de Profundis» y «Melancholia» en Uniclub.
Adam Zaars contó a este medio que guarda un buen recuerdo de la primera visita a Buenos Aires. En ese entonces, Tribulation llegaba con Down Below (2018). Ocho largos años después, el grupo volvió al escenario del Uniclub con algunos cambios. El primero fue el motivo del show, la presentación de Sub Rosa In Æternum (2024). El segundo es que esta vez no sería un festival, sino un show propio que contó a Rhaug como banda nacional invitada. Una decisión acertada de la proeducción local: grupo oscuro, rapido y de pocas pulgas. Guitarras furiosas y con tremolos llenos de adrenalina y growsl visceral. El tercero es que el baterista Jakob Ljungberg no fue parte de esta gira y en su lugar Luana Dametto, baterista de Crypta, aprendió los temas increíblemente rápido. Para ella, esto ha sido una sorpresa. En sus redes sociales comentó que es «fan de la banda desde su primer» y que haber tenido «el placer de tocar estas increíbles canciones como «Nightbound», «Melancholia» y «The Lament» ha sido increíble. El labor de joven italiana fue superlativo. La gira latinoamericana contó con ochos shows con sets de 12 canciones, preferentemente del último album.
Así como había adelantado Zaars, la lista se baso en canciones de Sub Rosa por una cuestión obvía de coyuntura artistica, pero también por la suplencia de Dametto. Dicho esto, en clave gotica «The Unrelenting Choir» fue la encargada de abrir. El puñado de fanaticos que estuvo desde temprano en las inmediaciones del Abasto mantuvo la frente en alto. Por momentos, gritos y aplausos y por otros, canticos y coros de solos de guitarra. El público argentina tiene la facilidad de encender cualquier fiesta, sin importale cuantos sean los invitados. Esto fue clave para la interaccción de Johannes Andersson y Joseph Tholl. Tholl fue entusiaste por excelencia; acerco su guitarra a quiene estaban más cercano al escenrio y también se tiró y dió vueltas sobre el escenario. Sacando fuerzas de hasta donde no hay, pero no para impresionar sino más bien para contagiar y potenciar la reducida, pero intensa energia presente.
Algunos de las más festejas fueron «Suspiria de profundis», de The Formulas of Death (2013), «Nightbound» y «The Lament» – en donde Tholl arrojó su guitarra al piso lo que en consecuencia le valió algunos segundos de desperfectos tecnicos – de Down Below (2018) y «Saturn Coming Down», Sub Rosa. Pero ninguna fue tan festejado como el bis con «Melancholia», coro mediante y pogo in crecendo a medida que la canción avanzaba a su final. Finalmente, uan ligera intepretación de «Strange Gateways Beckon» dio por finalizado un show de casi una hora y media.
Por Jonatan Dalinger
PH: Cuervo Deth
El 24 de septiembre será una noche historica. Llega a Palermo Groove Old Man’s Child, uno de los cultores del sonido extremo: oscuridad, técnica y atmósfera nórdica en su máxima expresión.
Formados en 1993 en Oslo, se convirtió rápidamente en una de las entidades más refinadas y oscuras del black metal noruego. El proyecto liderado por Galder (Thomas Rune Andersen) supo combinar crudeza escandinava con una impronta melódica y sinfónica que marcó discos de culto como Born of the Flickering (1996) y Ill-Natured Spiritual Invasion (1998), elevando el estándar de producción y composición.
En su comienzo por el año 1989, la banda deambulaba entre el death y thrash metal y llevaba el nombre Requiem. Recién en 1993, el grupo paso a llamarse Old Man’s Child y se mantiene activo con multiples cambios integrantes a excepción Galder (antes llamado Grusom) quien ha permanecido desde que la banda se fundó. A lo largo de su historia pasaron músicos clave de la escena noruega, incluyendo a Tjodalv (Dimmu Borgir) en batería y colaboraciones estrechas con figuras del círculo de Dimmu Borgir, banda donde Galder sería guitarrista y compositor desde Puritanical Euphoric Misanthropia (2001) hasta Eonian (2018) dejando el grupo en 2024.
Old Man’s Child siempre funcionó como una entidad artística comandada por Galder, quien hoy continúa siendo el núcleo creativo y ejecutor principal del proyecto en vivo, acompañado por músicos de sesión seleccionados para mantener la fidelidad técnica y sonora que caracteriza su obra. Con riffs filosos, estructuras armónicas complejas, capas orquestales y una ejecución quirúrgica que mezcla agresión y elegancia, Old Man’s Child llega por primera vez en la historia a la Argentina para saldar una deuda largamente esperada por los seguidores del black metal melódico. El último album de estudio es Slaves of the World (2009). Tras varios años enfocado en Dimmu Borgir, Galderreactivo el proyecto y publicó un video en la página de Facebook de la banda que lo mostraba trabajando en el nuevo material de Old Man’s Child, el primer trabajo de este tipo en más de una década.
Ahora, el culto finalmente cruza el Atlántico. Old Man’s Child llega a la Argentina y las entradas ya están a la venta por sistema passline.
En el año 1965 se publico Lo Bello y lo Triste, del ganador del Premio Nobel, Yasunari Kawabata. La novela muestra cómo aquello que fue bello en su momento se vuelve triste al mirarlo desde la distancia temporal. Así, el título condensa su sentido profundo: lo bello y lo triste no son opuestos, sino dos caras del mismo recuerdo, la belleza inseparable de la tristeza. Y de esta manera, el dolor adquiere forma estética. Si tomamos esta última oración y la aplicamos a Psychonaut 4, no resta mucho que decir. La banda oriunda de Georgia, visitó nuestro país por vez primera, para deleitarnos por casi dos horas con su post black metal depresivo, en donde su música expresa lo bello y donde sus líricas y voces expresan lo triste. La cita fue en Uniclub y se sumaron a la fecha los locales Psicósfera.
Luego de una intro instrumental, Psicósfera dio inicio a su presentación. La banda se encargó de dar los primeros acordes de la noche, frente a un buen número de personas, que se amontonaban pegados al escenario, cosa curiosa de ver al inicio de una fecha. Esto daba muestras de la expectativa que había para con los georgianos. Su black metal hipnótico, ritualístico se me permite la expresión, fue ideal para abrir la noche. Además, adelantaron temas nuevos, que serán parte de su próximo trabajo de estudio.
Si bien no hubo una asistencia superlativa, Uniclub presentaba un público heterogéneo en tanto estilos y edades. Muchos de los presentes eran jóvenes, y otros tantos presentaban gran producción en sus vestimentas y maquillajes.
La banda hizo un verdadero repaso por todos sus discos, tocando trece temas, que aunque pocos, suman casi dos horas de música. Arremetieron con el dúo perteneciente al disco … of Mourning (2024), «Mzeo Amodi» y «Fiqrebi Mtsukhrisa». Y casi al instante, otro dúo de temas pero esta vez perteneciente al disco debut Have a Nice Trip (2012), «Lethargic Dialogue» y «Parasite».
Psychonaut 4 se encuentra girando con Irakli Kirtkitadze en voces, dado que el vocalista original David Graf tiene sus problemas personales que solucionar. Seguramente los seguidores de la banda habrán preferido su presencia, pero la realidad es que la performance de Irakli fue excepcional. Realmente hipnótico, tanto por sus caras al momento de cantar o en sus silencios, como sus movimientos espasmódicos y las contorsiones de su mano. Demostró gran capacidad para vivir en carne propia lo que la música y letras de la banda expresan, resultando por momentos impactante e inquietante de ver.
Por otro lado, quien actúa como verdadero frontman o lider, su guitarrista y segunda voz, Shota Darakhvelidze, fue quién mas interactuó con la gente. Se mostró muy agradecido y hasta impactado por los cánticos de la gente y por la recepción que les fue dada. En mas de una oportunidad sacó su teléfono para filmar al público y así guardarse un recuerdo. Además ofreció extensos solos, algunos coreados, lo cual, no sólo a él sino también al resto de la banda, agradó notablemente.
En cuanto los temas más esperado y eventualmente mas festejados, sin dudas «Personal Forest», del disco del año 2015 Dipsomania, y la que aparentemente daba fin al show, «Too Late to Call an Ambulance», del Neurasthenia, disco del 2016. Y posterior a abandonar el escenario, para volver a los segundos (¿es necesaria esa pantomima?) la banda finalmente se despidió con «Sweet Decadance», siendo la más esperada y cantada de la noche.
Un show que en la previa se esperaba mas depresivo y oscuro, terminó siendo una noche equilibrada entre lo bello y lo triste. Psychonaut 4 tuvo su gran noche en Argentina, demostrando que, música mediante, el dolor puede adquirir forma estética y a su vez, lo que suena lindo y dulce, puede ser triste y doloroso.
Por Juan Cordiviola
El debut de Weather Systems en Buenos Aires va a quedar marcado como un reencuentro inolvidable entre Daniel Cavanagh y sus seguidores argentinos. Para comenzar hablar sobre Weather Systems hay que hablar sobre Anathema. Obviamente, Cavanagh es quien está al frente de este nuevo proyecto que no busca ser como el antecesor, no busca una comparativa; si no más bien una extensión del mismo, una continuidad en tiempo presente que vive del pasado, se basa en él.
Sobre esta nueva etapa Cavanah dijo que “Se siente como el 80% de un disco de Anathema que habríamos hecho. Definitivamente es una continuación de lo que yo hacía. Es parte del mismo universo, pero es una nueva historia.” Claro está en que musicalmente hablando, Weather Systems (2012) más allá de llevar su nombre como insignia, es donde hace incapie esté grupo.
Anathema dió ocho conciertos en Argetina. Comenzó en 2006 y cerró en 2019. A eso, Cavanagh brindó un acústico en 2018. Simplificando el fomato intimo, los shows de Anathema fueron creciendo en convocatoria. Del primer ND Ateneo para 700 butacas al Teatro Flores que alberga a 1900. Dicho esto, los últimos años fueron dificiles para Daniel. Anathema terminó en pandemia tras quedar en bancarrota y él entró en depresión que lo llevo a intentar terminar con su vida. Como Ave Fénix surgido de sus cenizas, hambriento y despierto, fue al cien por ciento con Ocean Without A Shore (2024), un nuevo album que sugiere ser una continuación del climax con Weather Systems (2012). El album debut pudo llevarse a cabo a través de distintas campañas comandadas por Cavanagh como GFM y la plataforma Gofundmeen lo que tuvo como objetivo 50.000 libras esterlinas. Finalmente, el disco salió a través del sello Mascot con la producción de Tony Duke. Todo cuesta arriba, pero nada es imposible.
Personalmente, la segunda etapa de Anathema, y principalmente el album que da nombre a esta nueva etapa, es uno de esos que sin importar el contexto, se proyecta en lagrimas, sonrisas, calores y angustias. La primera vez que vi a los hermanos Cavanagh en vivo fue hace 11 años durante el Distant Satellites Tour en el Teatro Vorterix. Los cambios son obvios, esta vez solo sería Daniel y Cardozo; habría temas nuevos además de algunos clásicos y mucha menos público. Sin embargo, más de allá de los números, cuando rige la emoción, el logro es innegable.
Quizas, la única o una de las pocas bandas que podía ser la encargada de abrir el evento es Presto Vivace, eminencia del metal progresivo nacional. El grupo viene con una fuerte impronta tras la salida Inmanencia. La formación con Brunella Bolocco Boye en voces y Luciano Pérez Schneider en guitarra, acompañando a los ya conocidos Marcelo Pérez Schneider y Martin de Pas en bajo y batería respectivamente es solida, correcta y agradable. Cuando tiene que ir al frente, lo hace; pero no duda en bajar un cambio en cuanto es necesario. Como ya se dijo en este medio, el compromiso y la calidad es algo que Presto Vivace no se negocia.
El show de Weather Systems en El Teatrito fue una demostración de que hay canciones que son parte de la historia tanto personal como de quien la ejecuta, que a veces menos es más y que cuando la emoción desborda, no hay mal que por bien no venga; que pueden ser 200 almas cantando como si fuesen 2000.
Por Jonatan Dalinger
PH: Martin Darksoul (Cortesía Icarus Music)
Debido a la alta demanda de entradas, el show de Obituary en Argentina se trasladó de El Teatrito a una nueva locación: El Teatro Flores (Av. Rivadavia 7806, C.A.B.A.). La legendaria banda estadounidense de death metal se presentará en el marco de la celebración de los 35 años de su icónico álbum Cause of Death, considerado uno de los discos fundamentales del metal extremo mundial. Obituary ofrecerá un show único donde repasará su carrera, centrándose en reinterpretar uno de los trabajos más influyentes del death metal y todos sus clásicos. La cita será el miércoles 18 de febrero.
La leyenda estadounidense del death metal, Obituary, se presentará en Argentina en el marco de la celebración de los 35 años de su icónico álbum Cause of Death, considerado uno de los discos fundamentales del metal extremo mundial. La banda ofrecerá un show único donde repasará su carrera, centrándose en reinterpretar uno de los trabajos más influyentes del death metal y todos sus clásicos. La cita será el miércoles 18 de febrero en El Teatrito (Sarmiento 1752, C.A.B.A.) con Morferus como artista nacional invitado.
Formada en 1984 bajo el nombre Executioner, Obituary adoptó su nombre definitivo en 1988, convirtiéndose en una de las bandas más influyentes y representativas del subgénero. Con 11 álbumes de estudio en su haber, la banda prepara para esta gira un show completo y visceral, fiel a su legado y reafirmando por qué sigue siendo una de las formaciones más sólidas e importantes del death metal contemporáneo.
La alineación actual de Obituary está formada por los hermanos fundadores John (voz) y Donald Tardy (batería), quienes siguen al frente del grupo, acompañados de Trevor Peres (guitarra rítmica), Terry Butler (bajo) y Kenny Andrews (guitarra líder). Obituary promete un recorrido devastador por la historia del género, dejando en claro su lugar en la cima del metal mundial.
Cause of Death ha sido citado por numerosos músicos del metal extremo como una gran influencia y sigue siendo un pilar fundamental del death metal. Con su atmósfera oscura, riffs memorables y una producción que marcó un hito en la escena mundial, el álbum se mantiene como una lección de cómo debe sonar el death metal en su forma más pura.
Las entradas fisicas para al festejo de Cause of Death en Argentina están a la venta por Fade To Black (Bond Street), Metalmania (Centro), Liverpool (Belgrano), Mala Difusión (Almagro), Tienda Noiseground (Almagro), XElcambio Rec. (Parque Patricios), Locuras (Morón), Engendro Tienda (Wilde) y Xennon (Quilmes/La Plata). También están disponibles a través de sistema passline.












