
Ir a ver una banda y que toquen casi toda su discografía es una rareza absoluta. Que hagan la lista entera más allá de un desperfecto eléctrico, es más raro todavía. Vivir las dos cosas en el mismo show, es de esos recitales que al otro día te despertás y a la primera persona que cruzás le decís: «Che. NO SABES lo que pasó anoche».
CHE. No saben lo que pasó el viernes…
Apenas 10′ después de la hora pactada, el trío moscovita empezó a tocar los primeros acordes de «Closer» y la gente ya empezó a tararear la melodía de la guitarra. Era el comienzo de la noche larga – no lo digo como queja, sino todo lo contrario – en la que el trío moscovita desplegó sobre el escenario canciones para saciar el paladar de toda la concurrencia. ¿Te gustan los temas con líneas de bajo que se te quedan pegadas toda la semana? Afortunadamente pudiste escuchar «Your laugh». ¿Preferís las canciones que te meten en un trance sonoro? Seguramente disfrutaste de «I follow you». ¿Lo tuyo es bailar mientras ves a la banda? «Warm memory» fueron tus minutos de gloria. Si sos fan de todo, escuchaste con incredulidad y éxtasis como esa banda que significa tanto para vos interpretó absolutamente todos los temas que grabaron desde su renacimiento en 2016.
Ahora quiero contarles 2 cosas que demuestran la versatilidad y profesionalismo de Human tetris.
- Una vez terminada la primera parte del show Arvid Kriger (guitarra/voz) y Tonia Minaeva (bajo) intercambiaron sus instrumentos y tocaron de esa manera varias canciones de su tercer disco – para luego volver a sus puestos originales -, demostrando que son igualmente hábiles con uno que con el otro.
- La parte confusa de la noche. Cuando promediaban los 50′ se cortó la luz repentinamente en la mitad de una canción, porque hubo un desperfecto eléctrico en toda la cuadra. No sabía que iba a pasar. Si se iba a solucionar pronto. Si todo iba a tener un final abrupto. Si me tenía que volver a mi cas…No dije nada. Volvió la energía. El baterista marcó 4. Y volvieron a tocar el tema que había quedado trunco sin caras largas ni insultos.
«Things i don’t need» coronó un recital en el que pasó de todo. Pero se disfrutó al máximo. Spasiva, Human tetris. Vuelvan cuando quieran.
Antes del banquete sónico servido por la banda rusa, la entrada estuvo servida por Juvenilia. Cuarteto nacido a fines del 2013, que al momento de escribir esta reseña cuenta con 1 E.P. y un larga duración. Tienen influencias del post punk, shoegaze, synthwave y demas géneros afines. Y de su presentación quiero destacar «Desorden», «Imagen rota» y «Solíamos reírnos más». Se rumorea que están por grabar nuevo material. Súmense a sus redes para no perderse ninguna novedad.
Por Ale Williams
PH: Ddaileyph (Gentileza Noiseground)
En 2004, en pleno augede la movida emo, apareció una banda que marcó un cambio en la creciente escena, Alesana. Estos muchachos lograron dejar una marca con trabajos que redefinieron el género, como The Emptiness (2010) un disco que se aleja de la temática sentimentalista directa de ese entonces, y se baso en la literatura victoriana y horror gótico. Ahora 20 años después Alesana decidió celebrar ese clásico de su carrera con una gira donde lo interpretan completo. La misma los trajo a nuestro país el pasado 26 de febrero, precisamente a Uniclub con los locales Portland como invitados. Había recuerdos volando por la noche y definitivamente se volvieron a encontrar.
Portland subió al escenario y deleito con su propuesta musical que va por el metal alternativo con tintes de screamo y climas relajantes, para un Uniclub bastante cargado de gente brindando su apoyo al acto local que cumplió con creces y dejó todo listo para lo principal.
Finalmente para las 21:10 hs aprox fue el momento de que Alesana tomará la posta y uno a uno aparecezcan en escena para. Con un breve saludo comenzarón con “The Curse Of The Virgin Canvas” y para cuando sonó “The Artist” los presentes comenzaron a saltar para demostrarle a la banda que el lugar estaba a su máxima capacidad y generar un momento único, recordando épocas y sensaciones. La lista de temas se basó por supuesto en el disco entero. Fueron poco comunicativos sin dar espacio a charla entre canciones, aunque demostraron en todo momento que estaban felices de estar ahí esbozando sonrisas y miradas con el público. Algo que debemos destacar es que aún tienen esa energía con la que empezaron su carrera, sobre todo en los dos cantantes Shawn Milke y Denis Lee, este último se encargó toda la noche de hacer sus locuras en el escenario además de subir cada tanto a algún fan que se acercaba, siempre sonriendo y abrazando entendiendo que le agradecían sin decirlo por todos.
Es difícil elegir un momento alto de la noche ya que todo el show, de 1 hora y media de duración, estuvo a la altura. Los temas más celebrados fueron “The Murderer” ,”The Thespian e “In Her Tomb By The Sounding Sea.» Después de interpretar “Annabel” pusieron un punto final a The Emptiness (2010). Hubo un breve descanso para reponer energías, y tras demando popular el turno de los bises vino con los clásicos “This Is Usually When People Scream” y “Beyond The Sacred Glass”. El cierre definitivo fue con “Apology” donde Milke y Lee, hablando un poco más con el público, recordaron esa época donde su música se podía encontrar en MySpace y demás sitios similares y la vida era un poco más sencilla para poner punto final a una nueva visita de Alesana en nuestro país.
Una vez más Alesana dejó en claro que su energía sigue siendo única y que las sensaciones se siguen generando cómo en un principio, que se puede encontrar la belleza en lo oscuro, pero más importante es que no se olvidan de donde vienen, quienes son y que están acá por esos que los apoyaron desde el inicio.
Por Fernando Gonzalez
PH: Emiliano Meza
Suicidal Tendencies, encabezados por el icónico Mike Muir, y Madball, los reyes del hardcore neoyorquino liderados por Freddy Cricien, prometen un show espectacular que recorrerá lo mejor de sus impresionantes trayectorias. se presentarán juntas el próximo 8 de marzo de 2026 en el Teatro Flores (Av. Rivadavia 7806, C.A.B.A.), para brindar una noche histórica llena de energía y clásicos.
Considerados una de las bandas más influyentes del crossover thrash, Suicidal Tendencies ha mantenido su actitud desafiante y su estilo explosivo durante más de cuatro décadas. Con un legado que ha dejado una huella profunda en el punk rock, el thrash metal y el hardcore, la banda regresa a Argentina con una alineación de lujo que promete un espectáculo inolvidable. En esta gira, Suicidal Tendencies cuenta con la colaboración de Tye Trujillo, hijo de Rob Trujillo (Metallica) en bajo, los guitarristas Dean Pleasants y Ben Weinman, conocido por su trabajo en The Dillinger Escape Plan.
La banda promete un setlist repleto de clásicos de su extensa discografía, incluyendo himnos como «Institutionalized», «War Inside My Head», «Possessed to Skate» y “How Will I Laugh Tomorrow”. Además, los fans podrán disfrutar de temas de discos esenciales como Join the Army (1987), Lights… Camera… Revolution! (1990) y su álbum debut homónimo de 1983.
«Estamos emocionados de regresar después de tanto tiempo. Agradecemos profundamente a nuestra familia ST por su apoyo continuo. ¡Nos vemos pronto!» compartió la banda en sus redes sociales.
Desde su icónico debut en 1983, que presentó el inmortal sencillo “Institutionalized”, Suicidal Tendencies ha evolucionado musicalmente a lo largo de 14 discos de estudio, siendo su más reciente entrega Still Cyco Punk After All These Years (2018). La banda sigue siendo un referente dentro del crossover thrash, y su legado como «padres fundadores» del género está más vigente que nunca.
Por su parte, Madball es, junto a Agnostic Front, una de las bandas pilares del hardcore neoyorquino. Formada a finales de los años 80 son consideradas como «bandas hermanas», Madball comparte con Agnostic Front no solo la influencia musical, sino también una historia familiar profunda: el vocalista Freddy Cricien es el hermano menor de Roger Miret, cantante de Agnostic Front.
La banda nació cuando Freddy comenzó a tomar el micrófono durante los shows de Agnostic Front, y tras la disolución temporal de la banda en 1992, Madball se consolidó como el proyecto principal para varios de sus miembros. A lo largo de los años, el grupo ha incendiado la escena hardcore con sus intensos y enérgicos conciertos, muchos de ellos realizados sin escenario, a la misma altura que el público, lo que ha fortalecido su conexión con los fans.
Madball se distingue por su sonido único, que fusiona el groove influenciado por el metal con breakdowns contundentes y letras de contenido social, principalmente basadas en las experiencias de vida de Freddy Cricien. Con una legión de fanáticos en Argentina, la banda ha dejado una huella imborrable en la escena del hardcore mundial.
Uno de los discos más representativos de su carrera es Set It Off, que presenta una explosión sonora tanto en lo musical como en lo lírico, con temas emblemáticos como “Face to Face”, “Never Had It”, “Friend or Foe” y “Across Your Face”, que se han convertido en auténticos clásicos del hardcore.
Las entradas para Suicidal Tendencies y Madball, las leyendas del crossover thrash y del hardcore, están disponible a través de sistema passline.
Sobre Avernal ya hay toneladas de adjetivos dando vueltas y otras crónicas que los enmarcan dentro de palabras como “Institución”, “referentes” o “históricos”. Todo eso existe y es probable que sea cierto. Lo interesante es que, después de tantos años, esas palabras ya no alcanzan. Se vuelven parte del fondo de pantalla. Lo que queda por mirar y escuchar es otra cosa. Cómo se habita esa permanencia, cómo se sigue tocando, cómo se sigue acompañando desde el campo sin que todo se vuelva reiterativo.
Porque seguir tocando no es lo mismo que mantenerse activo. Seguir implica tomar decisiones todo el tiempo, incluso cuando ya nadie te exige nada. Y ahí es donde la banda resulta curiosa. No parece estar defendiendo un legado ni actualizándose para encajar mejor con el pasar de los años. Sólo toca, y en ese gesto hay más elecciones de las que parecen.
Hay una identidad muy definida que no requiere explicarse cada cinco minutos. El arranque de este primer show del año en Uniclub fue directo, distintivamente pesado y no tuvo introducciones largas ni discursos que subrayaran trayectoria o que incentivaran al agite. Las canciones, por supuesto las nuevas de su último disco, entraron en el setlist como si siempre hubieran formado parte del repertorio. «Ekpyrosis» apareció temprano y se movió con naturalidad entre el resto del material. Después de ese bloque más reciente, el repaso por la discografía salió casi sin transición ni demasiadas explicaciones, y ahí la reacción fue inmediata. Tanto en cortes de su debut (1997) autotitulado como en El Sangriento (2006), Miss Mesías (2009) o Tzompantli (2020).
También resultó interesante ver cómo se continúan mezclando edades con naturaleza. Y a pesar de contar con público nuevo, nunca hay necesidad de remarla con apelaciones a la memoria colectiva ni guiños nostálgicos para activar coros fáciles y comunes a todo recital. La conexión se dio porque las canciones prenden. Lo simbólico quedó en segundo plano. El paso de un disco a otro no modificó la energía ni el clima. La cronología no tuvo lugar, lo que importó fue cómo cada tema encajaba en el flujo general. Funcionaban o no, y lo hicieron. La intensidad se mantuvo estable, arriba y abajo del escenario. Todo fue celebrado y aplaudido con ganas.
Avernal tiene la particularidad de moverse en espacios que no dejan de llenarse y que convocan a cualquier hora. La confianza, en una banda con este recorrido, es un dato fuerte. Permanecer puede volverse una trampa al repetirse por comodidad, endurecerse por costumbre, tocar en piloto automático. Nada de eso se asomó en este show (ni lo ha hecho en anteriores). Lo que se percibe es una lógica interna que sigue cumpliendo, una manera de hacer death metal o metal extremo que no intenta agradar ni impresionar ni imitar a otras, por más que en este género es sencillo encontrar similitudes.
Quizás por eso escribir sobre Avernal obliga a correrse del elogio estándar. No se trata de celebrar que sigan ahí. Se trata de entender cómo siguen ahí. Y la respuesta no es épica ni dramática. Es más bien práctica. Es una banda que toma posturas claras, tiene un carácter firme, un sonido demoledor y una relación honesta con lo que hace. Y eso, se escucha.
Por Sofia Alvarez
PH: Cuervo Deth
Una vez más, y para darle impulso al 2026, volvimos a tener a Living Colour en nuestro país para festejar 40 años de carrera. Desde sus inicios en 1984, y a pesar de su disolución en 1995 y el regreso en 2001, los oriundos de Nueva York supieron demostrar que aman el oficio y que lo van a hacer igual de bien como en su primer día. El lugar para esta celebración fue el C Art Media y tuvo como invitados a Renzo Leali en el plano nacional y Madzilla en el internacional.
El primero en abrir la noche fue Renzo Leali, quien con su rock canción lleno de acordes potentes empezó a calentar la noche para un lugar que se llenaba de a poco. El segundo acto de la noche fue por parte de Madzilla, una banda oriunda de Las Vegas con una propuesta orientada al thrash melódico y que aprovecho para adelantar algo de su próximo trabajo de estudio titulado “Angel Genocide” del álbum homónimo. Dando el toque variado a la noche fue disfrutada y amenizó la espera del acto principal.
La salida de Living Colour estaba pactada para 21:30 horas, pero ante un público impaciente diez minutos antes las luces se apagaron. Entre las vueltas y prueba de sonido para que el escenario finalmente la Marcha Imperial de Star Wars para que uno a uno aparecieran los músicos en escena. Sin mediar palabra, la fiesta inició con “Leave It Alone” y pegada “Middle Man” lo que activó los saltos en el público. Hay dos cosas que caracterizan a Living Colour, la primera es su público variado: desde fans del metal y punk hasta el reggae. La otra es que ningún integrante es más o menos importante que otro. A lo largo de la noche se pudo ver en distintos momentos que cada músico se lució a su manera: Vernon Reid en sus tremendos solos de guitarra, Will Calhoun con su solo de batería además de los arreglos en todas las canciones luciendo una remera con la bandera Argentina y una imagen de Maria de lo Remedios del Valle, una procer nacional luchó junto Manuel Belgrano en el Ejército Norte y que él mismo hizo en su casa, Doug Wimbish en las líneas de bajo que complementan excelentemente la guitarra, y el tremendo Corey Glover con la voz intacta como en sus inicios. El improvisado cover de “Hallelujah” de Glover junto a Reid a la mitad del set fue un claro ejemplo.
Durante la noche pasaron una cantidad de clásicos de la banda en las que la gente bailó, pogueo y mucho más en un Art Media a su máxima capacidad. “Ignorance Is Bliss” , “This Is The Life” y “Pride”, entre otros. En cuanto a la puesta de escena respecta, fue simple. Lo importante era la música. El sonido, salvo por unas imperfecciones, fue perfecto. Para el final, llegaron los infaltables “Love Rears It’s Ugly Head” donde el dúo Reid/Glover brillaron una vez más de manera inexplicable, “Glamour Boys» para poner en climax el instinto bailable entre tanto agite. Pero el tema que se esperó toda la noche fue aquel que los hizo famosos a nivel mundial, ese que tiene un mensaje que a día de hoy sigue vigente. “Cult Of Personality” hizo explotar gargantas con cantos fuertes, saltos y gritos. Ya como parte final, Glover se sentó unos minutos, mientras sus compañeros zapaban para terminar en los acordes de “Solace Of You” y dar el cierre definitivo con la versión de “Should I Stay Or Should I Go” de The Clash en un show que duró un poco más de 2 horas que se sintieron cómo dos minutos.
Living Colour paso por nuestro país con motivo de sus 40 años de historia. Pero sea cual sea, las ganas de escuchar su música van a ser siempre las mismas, no hay que olvidar que esta banda hizo lo que pocas: unir a la gente de distintos géneros en un solo lenguaje musical. Este show fue comprobación que a través del culto de la personalidad, la música de Living Colour además de rebeldía es una fiesta.
Por Fernando Gonzalez
PH: Alejandro Kaminetzky (Gentileza Producción)
No todas las noches se puede ver en un mismo escenario a 2 piezas claves del hardcore y post hardcore. Simplemente esa era razón fue más que suficiente para hacerse presente en Uniclub. Pero, lejos de escudarse en las glorias de su pasado, Rival schools y Fiddlehead brindaron dow recitales cargados de energía y emoción, dejando en claro que – más allá del currículum – tienen las canciones necesarias para brillar con luz propia.
Vení. Formemos parte de la historia.
Formada por integrantes de Gorilla Biscuits y Youth of today, Rival schools se mueve entre melodías pegadizas y guitarras abrasivas. Canciones en las que la melodía se choca de frente con la distorsión. «High acetate» suena como si hubiera salido en 1991 con su intro explosiva que desemboca en un estribillo ganchero, mientras que «A parts for B actors» muestra una faceta más cancionera en la que dejan de lado el ruido. Esa es la fórmula maestra de los oriundos de Nueva York. Equilibrar tensión y calma.
Las dos canciones que usaron para cerrar su set merecen su párrafo individual. «Undercovers on» es una clase magistral de como subir cada vez más la intensidad para que los últimos acordes lleguen al público hasta lo más profundo de su ser. Y «Hooligans for life» es una canción instrumental que pasa de un punteo de guitarra triunfal al caos total del noise rock. Gran manera de culminar su presentación.
Algo para destacar es la presencia escénica de Walter Schreifels. Sin grandes ademanes ni discursos grandilocuentes, se metió en el bolsillo a cada persona que estaba en el recinto solamente con sus expresiones faciales. Sonriente todo el show. La mirada maravillada por lo que estaba generaba por hacer música con sus compañeros. Cada tanto se acercaba al público mientras tocaba alguna parte coreable. La potencia en la sutileza.
Más allá de que Schreifels y Sammy Siegler – guitarra/voz y batería, respectivamente – son los más conocidos, todos merecen reconocimiento. Ian Love es el complemento perfecto para que «Wring it out» tenga su armonía de guitarras tan característica. Y «Everything has it’s point» tendría un hueco gigante sin la firmeza que le dá el bajo de Cache Tolman. Cada miembro hace su aporte fundamental para darle vida a cada tema.
En tan solo 50 minutos, este cuarteto se ganó nuestro corazón. Esperemos que la segunda cita sea pronto.
La banda anterior del cantante Pat Flynn y el baterista Shawn Costa se llama Have Heart. Y es precisamente lo que transmite Fiddlehead en vivo. Corazón. Pasión. Amor por su arte.
En poco menos de una hora, el quinteto bostoniano ofrendó una colección de canciones llenas de catarsis. Post hardcore en su máxima expresión.
Para quien no lo sepa, su discografía tiene un hilo conductor. Su primer trabajo relata como la madre de Flynn vive el duelo tras la muerte de su pareja, el segundo cuenta la dicotomía que siente el vocalista entre casarse y ser padre primerizo al momento de cumplirse una década del fallecimiento de su padre. Y el tercero habla de como el duelo afecta a la persona por el resto de su vida.
Teniendo todo esto en cuenta, escuchar en vivo «Spousal loss», «Get my mind right» y «The deathlife» es muy impactante. La intensidad de las interpretaciones es la necesaria para que las letras lleguen de manera certera a la gente. Los músicos dejaron cada gramo de su energía en todos los temas.
Un pequeño rayo de sol entre tanta tormenta fue «Eternal you». Hermosa canción de amor a ritmo de Post Hardcore que Patrick le dedicó al amor de su vida, diciendo que lo que más esperaba al término de la gira es reunirse volver a su casa para reunirse con ella.
Otros puntos altos de la noche fueron «Million times», «Fifteen to infinity» y el cierre con «Lay low» que hizo estallar a la audiencia. Final digno de una noche para recordar.
Gracias Rival Schools. Gracias Fiddlehead. Hasta la próxima.
No quiero concluir la nota sin mencionar a Distante, banda encargada de abrir la velada. Hacen Hardcore Straight Edge. Tienen cinco EPs y un disco en vivo. Canciones rápidas y cortas, llenas de contenido que te dejan pensando. Sus presentaciones son un torbellino que llega, te deja patas para arriba y se va. Lo bueno si breve…
Si te gusta lo que escuchas, invito a que te acerques el próximo 28/2 a Acuña de Figueroa 1030 (El emergente) porque van a estar tocando junto a Dedicación, Cadenas y Columnas, que se va a reunir solamente esa noche. Otra fecha imperdible.
Por Ale Williams
Finalmente, luego de la cancelación, reprogramación y cambio de venue, Obituary volvió a pisar suelo nacional. Lo que iba a tener lugar en El Teatrito, tuvo que relocalizarse al Teatro Flores por entradas agotadas. La expectativa estaba por las nubes y no era para menos, la banda celebraba el 35° de Cause Of Death, un clásico del género en si.
Sorteando el tráfico de Buenos Aires, nos acercamos temprano al clásico de Flores para presenciar el acto apertura a cargo de Morferus. Con su death metal vieja escuela, sin concesiones, tuvieron la difícil tarea de ser el único soporte de la noche y calentar el ambiente ante un numeroso público. El sonido no acompañó, pero los muchachos se ganaron los aplausos con un set sólido, con canciones de Argentina Psicópata, su único disco a la fecha; un trabajo conceptual que recorre la historia y los hechos de varios asesinos seriales del país. Saludos finales y el plato principal de la noche estaba listo para ser servido.
Pocos días separaban al anuncio del cambio de venue al día del show, y la diferencia del Teatrito al Teatro es de 1000 personas aproximadamente. Por lo cual, se presentaba el interrogante «¿Llegarán a vender las suficientes entrada para que no queden huecos?». La respuesta fue un si contundente. A minutos del show el Teatro casi que colmaba su capacidad. Poca juventud y muchos que ya peinamos canas.
«Snorting’ Whiskey» de Pat Travers ofició de cortina para que una veze el escenario al descubierto veamos expuesta a la leyenda. El riff «Redneck Stomp» dio la bienvenida y el clamor popular no se hizo esperar. Pegada llegó «Sentence Day» y ya en dos canciones se pudo advertir que Obituary es una banda que resiste el paso del tiempo. Ajustadísima, con un John Tardy vocal y capilarmente intacto, no negocia un ápice de brutalidad. Sólo dos canciones para demostrar una vigencia que no cualquier banda puede ostentar.
«A Lesson in Vengeance» y su riff boludón no hizo más que sumar a la fiesta, mientras que «The Wrong Time» le dió un paso al comienzo de los festejos. La pantalla, que hasta el momento solo mostraba el logo de la banda, cambió y expuso la mítica tapa de Cause of Death y a partir de ese momento fuimos observados por aquel ojo.
«Infected» seteó el tono desde el arranque, el ambiente se volvió mas denso y el tiempo un ritmo cansino. «Body Bag» fue festejada y headbangeada por todos. «Dying» llegó de manera temprana y expuso que la banda no iba a seguir el orden del disco (más tarde nos damos cuenta que el disco tampoco iba a sonar en su totalidad). «Cause of Death» dijo presente y abrió paso a uno de los momentos clave de la noche. «Vamos a tocar una vieja canción de Celtic Frost», anunció Tardy previo a «Circle of Tyrants», de lo mas celebrado y pogueado de la noche. «Chopped in Half» tocada a una marcha menos habilitó «Turned Inside Out», que pusó fin a la celebración, que como se dijo antes, tuvo faltantes a «Memories Remains» y «Chopped In Half».
Luego de semejante paliza, la banda fue a boxes, tomó un respiro, y al cabo de unos minutos retomó el escenario para finalizar su tarea. «I’m in Pain», del gran The End Complete, fue la primera elegida, pero el momento más candente llegó de la mano de «Slowly We Rot»; éxtasis total y cierre perfecto para un show que fue breve, pero contudente.
Obituary regresó al país y celebró su pasado con el oficio que tienen unos pocos. Lejos de entregarse a la comodidad de una nostalgia casi tanguera, demostró una vigencia que explica porque ocupa el lugar que ocupa en la historia del metal extremo.
Por Martin Tula
PH: Cuervo Deth
Cuando un músico como David Ellefson, asociado a la etapa fundacional de uno de los cuatro grandes del thrash, decide salir a tocar repertorio histórico por su cuenta, lo que se activa no es simplemente una serie de canciones reconocibles. Se pone en primer plano una pregunta más interesante, tal como en qué lugar reside el legado de una banda y cómo sigue circulando cuando cambia su forma original.
La curaduría de las bandas soporte dejó algunas dudas. Mellowdeth fue la primera en abrir con una propuesta vinculada al universo de Megadeth, una relación lógica en términos conceptuales, pero quizás innecesaria en este contexto, considerando que el set principal ya revistaba ampliamente ese repertorio. Más que sumar una nueva capa, funcionó como anticipo redundante. Siguió la banda Ocio, desde zona oeste, que optó por un enfoque más cercano al hard rock con matices modernos y versiones de alto perfil como “Killing in the Name Of” y “Aerials”, decisiones ambiciosas que implican expectativas difíciles de satisfacer; hubo entrega y buena actitud, aunque la interpretación no logró capturar la intensidad original de esos clásicos. Viejo Blanco, por último, mostró una base instrumental firme con una batería muy destacada y energía sostenida, pero el conjunto se apoyó en un sonido menos pesado, con una voz que ocupó cada sección y terminó diluyendo la fuerza que aparecía cuando lo instrumental tomaba protagonismo. En conjunto, las tres propuestas evidenciaron compromiso y oficio, aunque quedaron algo desalineadas con el clima.
Ex miembro fundador de Megadeth, parte esencial del sonido que definió discos clave del género, el nombre David Ellefson quedó ligado a una etapa formativa que ayudó a consolidar una identidad propia. Su carrera atraviesa más de cuatro décadas y, en ese recorrido, su peso nunca dependió de la exhibición técnica sino del lugar que ocupó en la construcción de una historia específica.
A Argentina llegó con Basstory, show que presentó ya en Mendoza, ahora en Uniclub y seguirá viaje hacia Córdoba. Un formato que combina repertorio, recuerdos y relato, y que funciona como un laboratorio donde la tensión entre pasado y actualidad se explora sin luchas por las regalías. Entre tema y tema, Ellefson introduce contexto, comparte anécdotas y enmarca cada canción dentro de una cronología personal que también es colectiva. La propuesta no intenta congelar una época ni reapropiarse de ella, al contrario, la revisita desde otro ángulo.
“Dawn Patrol”, “Hangar 18”, “Tornado of Souls”, “Symphony of Destruction” y “Peace Sells” formaron parte del setlist y tuvieron un reconocimiento inmediato. Más que simples clásicos, son parte de la memoria de varias generaciones. En esa dinámica se produjo una validación mutua, hubo un contrato implícito en lo compartido. Argentina siempre tuvo una relación intensa con el thrash, y Ellefson volvió a mencionar esa conexión sostenida desde los años noventa, celebrando con risas cada coro.
La banda que lo acompañó se conformó por Andrew Freeman en voz, Andy Martongelli en guitarra, Adrián Espósito en batería y Emanuel López en segunda guitarra. La elección de músicos locales sumó una capa más a esa idea de circulación y comunidad; y en ningún momento pareció darse un intento por copiar modismos ni se cayó en fórmulas gastadas de covers intentando ser realistas.
El set también incluyó versiones que hablan de formación e influencias: “Neon Knights”, “The Mob Rules” y “Paranoid” de Black Sabbath, “Over the Mountain” de Ozzy Osbourne, “Electric Eye” de Judas Priest e incluso “Nailed to the Gun” de Fight. Recordar esas referencias es reconocer la cadena que el propio Ellefson utiliza como anclaje conceptual para esta gira. Si bien es inevitable no mencionar cierta previsibilidad en la elección de temas, todo parecería indicar que tanto en el escenario como en la sala se encontró aquello que se venía a buscar.
Mientras la etapa más reciente de Megadeth puede parecer encaminarse hacia un cierre progresivo, uno de sus miembros fundacionales continúa poniendo en juego ese repertorio desde otro encuadre. Lo llamativo de este show es cómo la experiencia trashera desplaza el foco de lo individual hacia la pertenencia histórica de su producción.
En definitiva, el legado no permanece fijo en una estructura única, sino que encuentra nuevas formas de mantenerse vivo. Tal vez ahí radique el verdadero atractivo de la propuesta: observar cómo una parte constitutiva de un fenómeno musical se desplaza, se reinterpreta y se perpetúa frente a una audiencia que ya conoce cada riff, pero que todavía quiere volver a escucharlo.
Por Sofia Alvarez
PH: fedeeche.fotos.de.rock (Gentileza)
Jezabel convirtió la noche del sábado en una celebración metalera al homenajear los 25 años del disco debut que marcó el inicio de su camino. Además, sumó temas pedidos por el público.
Pasadas las nueve y media, las luces se apagaron y un video proyectado en pantalla repasó distintas etapas del grupo, noches compartidas con su gente y escenarios que construyeron su historia. Fue la antesala de un show cargado de memoria y pertenencia que repasó A todo o nada (2001).
El clima en la sala de Palermo era de reunión entre afectos: hijos, hermanos, amigos, colegas de otras bandas y seguidores de siempre se mezclaban en un mismo ritual. No fue solo un recital, sino un reencuentro con 33 años de trayectoria.
Formada en Buenos Aires en 1993, Jezabel construyó su identidad a partir del heavy y el hard rock con impronta power. Sus letras, atravesadas por la superación y la esperanza, encontraron eco en un público que creció junto a la banda. En el escenario, la formación estuvo integrada por Leandro Coronel en voz, Diego Del Río y Néstor Rodríguez en guitarras, Juan Domínguez en bajo y Guillermo Saccomanno en batería.
Uno de los puntos destacados fue la participación de Mai Vera Kranevitter en teclados. Con apenas dos semanas para aprender el setlist, aportó una nueva dimensión sonora que enriqueció el repertorio y reafirmó la intención del grupo de expandir su propuesta.
Las influencias de Jezabel se hicieron sentir a lo largo del show: el power metal europeo de Helloween, Stratovarius y Gamma Ray convivió con la herencia clásica de Deep Purple, Rainbow, Iron Maiden y Judas Priest. Todo filtrado por una impronta propia, ya marca registrada.
“Séptimo Siglo” desató uno de los pasajes más intensos de la noche y Coronel se retiró del escenario para dar paso a un segmento instrumental que permitió a Domínguez ganar protagonismo. El clima cambió por completo: menos euforia, más introspección. La sala se dejó llevar. “Venimos a una fiesta y hay que actuar como tal”, lanzó entre risas el cantante con una remera estampada en su totalidad con la tapa del disco.
El espíritu del álbum también se filtró en su letra. “A todo o nada hay que apostar”, canta Coronel en el verso que le da nombre al disco, una frase que condensa la tensión entre el paso del tiempo y la decisión de seguir.
A mitad del recorrido del álbum se sumó al escenario Gustavo “El Rengo” Despalanque, aportando un plus de energía y complicidad. La noche cerró con sensación de misión cumplida: un festejo que reafirmó la vigencia de una banda que no se cansa de apostar.
Astral y Blacktorch fueron las encargadas de abrir la jornada, completando una grilla que celebró al metal local en uno de sus templos porteños.
Por Micaela Perez Carrizo
PH: Paula Andersen (Gentileza)
A pesar de una inflación montada, dolar de dudosa medición y salarios bajos, no paran anunciarse shows en Argentina. En lo que respecta al metal puntualmente, ya han pasado una decena de visitas de todas partes del mundo. Tribulation es la banda protagonista de esta nota dado que regreso al país el 13 de febrero para presentar Sub Rosa In Æternum (2024) y repasar temas de antaño como «Suspiria de Profundis» y «Melancholia» en Uniclub.
Adam Zaars contó a este medio que guarda un buen recuerdo de la primera visita a Buenos Aires. En ese entonces, Tribulation llegaba con Down Below (2018). Ocho largos años después, el grupo volvió al escenario del Uniclub con algunos cambios. El primero fue el motivo del show, la presentación de Sub Rosa In Æternum (2024). El segundo es que esta vez no sería un festival, sino un show propio que contó a Rhaug como banda nacional invitada. Una decisión acertada de la proeducción local: grupo oscuro, rapido y de pocas pulgas. Guitarras furiosas y con tremolos llenos de adrenalina y growsl visceral. El tercero es que el baterista Jakob Ljungberg no fue parte de esta gira y en su lugar Luana Dametto, baterista de Crypta, aprendió los temas increíblemente rápido. Para ella, esto ha sido una sorpresa. En sus redes sociales comentó que es «fan de la banda desde su primer» y que haber tenido «el placer de tocar estas increíbles canciones como «Nightbound», «Melancholia» y «The Lament» ha sido increíble. El labor de joven italiana fue superlativo. La gira latinoamericana contó con ochos shows con sets de 12 canciones, preferentemente del último album.
Así como había adelantado Zaars, la lista se baso en canciones de Sub Rosa por una cuestión obvía de coyuntura artistica, pero también por la suplencia de Dametto. Dicho esto, en clave gotica «The Unrelenting Choir» fue la encargada de abrir. El puñado de fanaticos que estuvo desde temprano en las inmediaciones del Abasto mantuvo la frente en alto. Por momentos, gritos y aplausos y por otros, canticos y coros de solos de guitarra. El público argentina tiene la facilidad de encender cualquier fiesta, sin importale cuantos sean los invitados. Esto fue clave para la interaccción de Johannes Andersson y Joseph Tholl. Tholl fue entusiaste por excelencia; acerco su guitarra a quiene estaban más cercano al escenrio y también se tiró y dió vueltas sobre el escenario. Sacando fuerzas de hasta donde no hay, pero no para impresionar sino más bien para contagiar y potenciar la reducida, pero intensa energia presente.
Algunos de las más festejas fueron «Suspiria de profundis», de The Formulas of Death (2013), «Nightbound» y «The Lament» – en donde Tholl arrojó su guitarra al piso lo que en consecuencia le valió algunos segundos de desperfectos tecnicos – de Down Below (2018) y «Saturn Coming Down», Sub Rosa. Pero ninguna fue tan festejado como el bis con «Melancholia», coro mediante y pogo in crecendo a medida que la canción avanzaba a su final. Finalmente, uan ligera intepretación de «Strange Gateways Beckon» dio por finalizado un show de casi una hora y media.
Por Jonatan Dalinger
PH: Cuervo Deth


















